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«A sangre fría», de Truman Capote (1966): la mejor manera de contar una historia

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A sangre fría, de Truman Capote (1966): la mejor manera de contar una historia

Una historia contiene muchas historias en su interior, para sacarlas solo debemos cambiar la forma de contarla. Es muy común que el autor novel redacte su novela tal y como la concibió en un principio, pero si quiere que trascienda de la mera anécdota, le convendría plantearse varias cuestiones antes de comenzar a escribir. ¿Desde qué punto de vista conviene enfocarla?, ¿qué ocurriría si se cambia al protagonista?, ¿cuál sería el mejor orden para presentarla?, ¿este es el tono más conveniente para el tema elegido?…

El lector no sabe qué le resulta más frío, si el asesinato de toda una familia sin ningún sentido o la forma descarnada de narrarlo. Beatriz Cortel Clic para tuitear

La novela que os presento es un buen ejemplo de que una buena historia no es suficiente para crear una gran novela. De hecho, la historia es tan impactante que podría haber engullido a la novela de haber caído en manos menos expertas que las de Capote. A sangre fría narra la historia del brutal asesinato de una familia, sin razón aparente, en la zona rural de Estados Unidos. Se podría haber abordado desde muchos ángulos considerados clásicos hasta la fecha: lacrimógeno, sangriento, detectivesco… Sin embargo, el autor se decidió por el tono distante (en tercera persona omnisciente), realista y exhaustivo que hasta entonces se circunscribía al campo periodístico. Con ello provocó (y aún provoca) un desconcierto doble: el lector no sabe qué le resulta más frío, si el asesinato de toda una familia sin ningún sentido o la forma descarnada de narrarlo.

¿No os parece que, con los tiempos que corren, ser escritor resulta de una ingenuidad encantadora?

Esta incursión de los métodos periodísticos en el ámbito de la literatura fue tan innovadora que creó un nuevo género literario bautizado como Nuevo periodismo por el autor (o un mero movimiento, según algunos, ya que esta clasificación aún resulta un tema controvertido). En cualquier caso, no debemos confundir la mirada fría de este tipo de autor/investigador con objetividad. Capote se posiciona ante los hechos a favor de los asesinos y, sin justificar sus crímenes, critica duramente el sistema judicial norteamericano. En su momento recibió muchas críticas por haber falseado ciertos hechos para reforzar su punto de vista. Sea cierto o no, como autor literario podía modificar cuanto quisiera la realidad: una novela es una ficción, el lector de literatura solo exige que sea verosímil. Como periodista, la cuestión cambiaría por completo. En este contexto, no puedo dejar de pensar que la literatura, aún basándose en una gran mentira, es una de las actividades más honestas que conozco: el lector sabe y acepta que le van a contar una historia basada en hechos imaginarios. ¿No os parece que, con los tiempos que corren, ser escritor resulta de una ingenuidad encantadora?

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Foto: Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

 

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