La primera revista para escritores

Cándido

0 369

Cándido

 

François Marie Arouet nació en París el 21 de noviembre de 1694 y adoptó el seudónimo de Voltaire en 1719. Fue una de las principales figuras de la IlustraciónRecibió honores, pero también tuvo que exiliarse dos veces. Por medio de sus escritos defendió que la razón y el progreso científico y artístico son los pilares para conseguir la felicidad del hombre. Y aunque estudió con los jesuitas, en sus obras los criticaba, al igual que luchaba contra cualquier fanatismoCon respecto a esto, se reconocen sus intervenciones en los casos Calas y Barre.  

Jean Calas era un comerciante hugonote de Toulouse condenado a muerte por el asesinato de su hijo (supuestamente para evitar que se convirtiera al catolicismo). Su tortura y ejecución fueron brutales y Voltaire reivindicó su inocencia durante años, con libros como Tratado sobre la Tolerancia (1763) y Aviso al Público. Calas fue rehabilitado póstumamente en marzo de 1765. 

El Caballero de la Barre murió a los 19 años por no haberse quitado el sombrero ante una procesión. Todo empezó al aparecer en la ciudad de Abbeville el crucifijo de madera de un puente con algunos destrozos. El obispo de Amiens quería encontrar a los culpables y tres jóvenes fueron acusados de librepensadores, de cantar canciones obscenas y la Barre, además de no quitarse el sombrero ante una procesión. En el registro de su habitación encontraron el Diccionario filosófico de Voltaire y libros eróticos. Pese a las súplicas al Rey por parte de Voltaire y otros, fue condenado a muerte y sufrió torturas. Gracias a la intercesión de Voltaire sí fue perdonado otro de los chicos. Hoy sabemos que los daños fueron causados por un carro demasiado cargado. 

 

La obra es breve y muestra el viaje del protagonista satirizando el optimismo metafísico de Leibnitz a través de los desastres que suceden en ese viaje. @isionperez Clic para tuitear

 

La figura de Voltaire como dramaturgo fue comparada con las de Corneille y Racine y sabemos que su última obra de teatro (Irene, de 1778) recibió un gran reconocimiento. Pero sus principales escritos son sus relatos, especialmente los que él llamó «cuentos filosóficos», entre los que destaca Cándido o el optimismo. 

En 1756, Voltaire publicó Historia de los viajes de Escarmentado y el Poema del desastre de Lisboa, en el que se refiere al terremoto ocurrido en la ciudad en noviembre de 1755El número de víctimas provocó controversias teológicas y Voltaire se preguntaba por la justificación de la Providencia. En 1759, publicaba el Cándido, que comenzaba así: «Vivía en Westfalia, en el castillo del señor barón de Thunder-ten-tronkh, un joven a quien la naturaleza había dotado del más amable de los temperamentos. Era de conciencia muy exigente, y de ingenio muy simple; y creo que por esta razón se le llamaba Cándido». La obra es breve y muestra el viaje del protagonista satirizando el optimismo metafísico de Leibnitz (todo sucede para bien) a través de los desastres que suceden en ese viaje. Además de Cándido, en el castillo vivían el barón, su esposa, su hija Cunegunda, el hijo, la doncella Paquette y el preceptor Pangloss (que podría traducirse como «Comentatodo»). Un día el barón encuentra a Cándido y Cunegunda besándose tras un biombo y Cándido es echado a patadas en el trasero del castillo. 

 

Su historia provocará el abandono del optimismo en Cándido, porque es “la manía de sostener que todo va bien cuando todo va mal.” 

 

El protagonista inicia entonces sus aventuras. En Holanda encuentra a un hombre desfigurado por la sífilis. Se trata de Pangloss, que le cuenta que los búlgaros han violado y matado a Cunegundahan asesinado a todos los moradores del castillo. Se embarcan juntos y llegan a Lisboa, donde sufren un terremoto que casi destruye la ciudad. Como desagravio había que ofrecer un auto de fe, puesto que «el espectáculo de varias personas quemadas a fuego lento y con gran ceremonia era un sistema infalible para impedir que la tierra temblase». Se había elegido para ello a un vizcaíno, a dos portugueses que arrancaban la grasa del pollo antes de comerlo, a Pangloss y a su discípulo Cándido (uno por hablar y otro por escuchar con aire de aprobación). Revestidos con un sambenito y con mitras de papel, Cándido fue azotado rítmicamente mientras se cantaba; el vizcaíno y los dos hombres que no habían querido comer grasa fueron quemados, y Pangloss fue ahorcadoY cuenta Voltaire que «aquel mismo día la tierra tembló de nuevo con un estruendo horrísono». 

Cándido conoce una vieja que le conduce hasta Cunegunda, que no había muerto. El capitán búlgaro la vendió a un judío llamado Don Isacar, pero también el gran Inquisidor la quiso, así que los lunes, miércoles y sábados pertenece al judío y los restantes días al gran Inquisidor. Cándido los mata y los tres personajes huyen hasta Cádiz donde embarcan para combatir a los jesuitas en Paraguay. Llegados a Buenos Aires, Cunegunda es acogida por el gobernador, y Cándido tiene que huir. Llegará al reino de los jesuitas, atravesará la selva hasta Eldorado y volverá a buscar a Cunegunda. En Surinam encuentran a un esclavo negro mutilado por su amo blanco (me dicen todos los domingos que todos somos hijos de Adán, blancos y negros. Yo no soy genealogista, pero si estos predicadores dicen la verdad, todos somos primos hermanos. Ahora bien, debéis de reconocer que no es posible tratar a sus parientes de un modo más horrible). Su historia provocará el abandono del optimismo en Cándido, porque es «la manía de sostener que todo va bien cuando todo va mal». 

 

La obra de Voltaire dio lugar a diferentes versiones, entre las que destaca la opereta cómica Candide, de Leonard Bernstein.

 

En el viaje de regreso a Europa, Cándido conoce a un filósofo pesimista, es desplumado por un cura y es testigo de la ejecución de un almirante por no hacer matar a bastantes personas.  

Los diferentes personajes (incluidos los que creíamos muertos) llegarán a Turquía y se establecerán en una granja, donde discuten de filosofía para vencer el tedio. De esas discusiones destacan las palabras de la vieja: «Me gustaría saber qué es peor: si ser violada cien veces por piratas negros, tener una nalga cortada, pasar por las baquetas en un regimiento búlgaro, ser azotado y ahorcado en un auto de fe, ser disecado, remar en una galera, en una palabra, sufrir todas las desgracias que nosotros hemos conocido, o bien permanecer sin hacer nada». 

La obra de Voltaire dio lugar a diferentes versiones, entre las que destaca la opereta cómica Candide de Leonard Bernstein, con libreto de Lillian HellmanDorothy Parker y otros, en 1956. La primera versión de esta obra fue criticada por ser demasiado seria frente a la ironía de Voltaire. En esta opereta hay un elemento original y es el nombre del hermano de Cunegunda, que será Maximilian, ya que en el Cándido original este personaje no tenía nombre. De este Candide se hicieron diferentes versiones, aunque la más importante fue la del libreto de Hugh Wheeler, más fiel a la novela de Voltaire. 

 

La canción final de este Cándido señalaba la moraleja de «o arriesgamos las costillas o no hay vuelta de tortilla». 

 

En 1976, José Carlos Plaza y Manolo Coronado adaptaron una obra de teatro que fue representada en el Teatro Lara de Madrid por el TEI (Teatro Experimental Independiente) y que dirigió el mismo José Carlos Plaza. La música de este Cándido era de ctor Manuel, que grabó el disco ahora descatalogado. Se trataba de diecisiete composiciones, entre las que destacaba la Canción de la vieja, que recoge las vicisitudes del personaje, o la Canción del jesuita y el gobernador, diálogo que recoge los insultos entre ambos («bribón que eructa», «sospechoso de herejía», «medios frailes» o «prostituyen la fe»). La canción final de este Cándido señalaba la moraleja de «o arriesgamos las costillas o no hay vuelta de tortilla». 

En 1977, la compañía Huil Saveurs de la Universidad de Lyon realizó el montaje de Candide par les villageois de Ferney 1777, basado en el Cándido. En este espectáculo se recoge el texto clásico que es representado y vivido por los habitantes de Ferney ante Voltaire y en el contexto prerrevolucionario de la sociedad del siglo XVIII. 

 

Otros artículos de Encarna Pérez

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, clique el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies