La primera revista para escritores

Cap. VI: Cabaret (parte I)

Memorias de un escritor fantasma

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Cabaret (parte I)

Charles Dickens pasó buena parte de su infancia en prisión. No había cometido delito alguno. La razón se debe a que la justicia inglesa permitía a los reos residir con sus familias en los presidios, y su padre estaba condenado por estafa. Esta circunstancia fue determinante años después, a la hora de describir con especial crudeza los ambientes carcelarios. Nadie como Dickens ha logrado esa atmósfera literaria. Nadie como el niño reo.

Mi particular estancia en prisión llegó con la primavera. Su Majestad iniciaba una gira de conciertos por el territorio nacional, y yo iba a formar parte de su séquito por obra y gracia del editor más endiosado del firmamento literario. Reconozco que ningún momento me hubiese venido bien. Yo no quería estar allí, no era músico, recelaba de aquellas personas y odiaba sinceramente a su líder. Pero es que además mi casero quería subirme el alquiler, estaba con el guion de otra novela —esta vez para publicarla bajo mí nombre—, y mi novia, eterna aspirante a modelo, estaba empeñada en hacerse un Book Boudoir, con mí aquiescencia o sin ella. Con los pequeños dramas de mi vida sin resolver, me subí a un autobús teñido completamente de dorado y con la cara de Su Majestad dibujada aquí y allá en diferentes poses. Además, había dos furgonetas para equipajes, instrumentos musicales y resto de cachivaches, y varios coches. En conjunto, el convoy se asemejaba mucho al circo ambulante que cada año visitaba Macondo con Melquiades al frente.

«En cuanto ocupé uno de los asientos del autobús, supe que era el lugar perfecto para ambientar un drama». «Memorias de un escritor fantasma», cap. VI, por @JBarroso_Autor Clic para tuitear

En cuanto ocupé uno de los asientos del autobús, supe que era el lugar perfecto para ambientar un drama. Reconozco y comparto la importancia de conocer bien el ambiente en el que se desarrollará una novela antes comenzar a escribirla. Se puede escribir sobre Roma sin viajar en el tiempo, o sobre una colonia en Marte sin pasar por la NASA. En ese caso hay que imaginar y atar los cabos muy bien, pero si tienes ocasión de captar el ambiente de aquello sobre lo que vas a escribir, lo ideal es sumergirse en él. Aunque me pese, punto para el editor cuyo certificado de penales me gustaría consultar. Aquel autobús había sido modificado para albergar a toda la banda, se habían eliminado algunas filas de asientos, situado algunas mesas entre ellos —aunque era raro ver a alguien sentado de espaldas al sentido de la marcha—, y se había habilitado una estancia privada al fondo. Por sus dimensiones, perfectamente podría albergar una boda gitana. En definitiva, invitaba al desfase, a viajar bailando y a organizar una fiesta en cualquier momento.

Yo intenté pasar desapercibido, pero Su Majestad reparó en mí al instante y decidió realizar su particular presentación:

—Este es Barry, es mi biógrafo —anunció a todo el bus permitiendo que el decreciente tono de sus palabras dejase entrever la mentira.

«Su biógrafo», estoy escribiéndole una novela sobre un músico asesino en serie y me presenta como su biógrafo…, en fin.

«Su biógrafo», estoy escribiéndole una novela sobre un músico asesino en serie y me presenta como su biógrafo…, en fin. Saludé con media sonrisa y un amplio movimiento de cabeza, y recé para que el asiento me tragase durante el resto del viaje. Pero estaba allí para conocer los entresijos de una gira de una estrella del rock y poder plasmarlos después, no podía comportarme como en el vagón silencioso del AVE. Me levanté y comencé a alternar. Para mí desgracia, las únicas caras conocidas eran Su Majestad y la Schiffer. Estaban sentados juntos leyendo algo en el portátil de ella y no me quedó otra opción que acercarme a su posición. Él suspiró hondo antes de dirigirse a mí.

—Tío, Barry, ¿Sevilla siempre ha estado tan lejos?

Desconozco si la pregunta estaba relacionada con el cansancio o con la tectónica de placas. Yo hubiese jurado que, desde la última glaciación, ambas ciudades no se habían alejado mucho. Me limité a sonreír.

La estrella continuó a lo suyo:

Rock & roll, Barry. En este viaje vas a saber lo que es el rock. ¡Mira a estos tíos! —dijo mirando a algún miembro indeterminado de la banda.

Yo me di la vuelta buscando algo peculiar. Tan solo descubrí a varios tipos leyendo, otros viendo series en distintos dispositivos, a dos intercambiando consejos sobre cómo pintarse los ojos con kohl y media docena de angelitos dormidos. Primera enseñanza desde los entresijos de una banda de rock: una gira es todo aquello que ocurre entre concierto y concierto, nada que ver con mi opinión previa.

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