La primera revista para escritores

Carniceros de libros

¿Qué precio debes pagar por ver publicado tu primer libro?

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Carniceros de libros. ¿Qué precio debes pagar por ver publicado tu primer libro?

No, no voy a hacerte esperar hasta el final para darte la respuesta o ni siquiera darte ninguna, descuida… no se trata, en este caso, ni de un titular sensacionalista tipo ciberanzuelo ni de una llamada retargeting a la última oportunidad de acción de compra de tu vida.

Bien, entonces, ¿qué precio debes pagar por ver publicado tu primer libro? OK, ahí va mi respuesta, ninguno.

Ninguno que no ayude a propulsar tu libro hacia el lugar que tú sientes que merece; ninguno que no se arriesgue a bucear en él y lo acicale y lo mime, como mínimo, con el esmero y dedicación que tú le has procurado; ninguno, al fin y al cabo, que no quiera ni sepa vestirlo de esmoquin para la ocasión ni lo haga lucir hasta el infinito y más allá. Simple, ¿verdad? Pues eso, blanco y en botella: ninguno, no te sometas; no esperes a ser un escritor reconocido para valorarte.

No te sometas; no esperes a ser un escritor reconocido para valorarte. Clic para tuitear

Desengáñate, no han leído tu libro, ni lo han revisado, ni lo van a mimar, aunque lo publiquen. Y lo van a publicar, eso sí, aunque tu apellido no esté bien escrito en la cubierta —basado en una historia real—, aunque tu portada se haya descargado de un banco de fotos inmenso e impersonal de entre todo el océano idéntico que puebla la red, —igual que esas cuñas sonoras, cansinas y repetitivas que ahora todos escogen en sus anuncios de «logros, hazañas y esfuerzos», y que tan hartos estamos de escuchar—, aunque la maquetación sea un corta y pega con espacios dobles, hasta triples… y trackings desproporcionados, y aunque las aberraciones gráficas que sangran las páginas de tu libro se excusen en ser «marca personal de la línea editorial». ¡Entra tú que a mí me da la risa!

Desengáñate. Valórate ahora porque cuando no puedas reconocerte en ese libro tuyo del escaparate, nadie de los citados va a arreglar el desaguisado ni va a estar a tu lado consolándote.

—Pero, vamos a ver ¿ustedes han revisado el libro? Veo faltas de ortografía, algunas ya estaban, otras incluso las han creado ustedes. Intento ser escritor, no corrector.

—Cálmese, cálmese, díganos cuáles son y las corregiremos.

—Ya, ya… pero bueno, llevamos meses con esto; me obliga a hacer su trabajo. Debo revisar mi libro de cabo a rabo, una y otra vez, atento a los estropicios que ustedes puedan o no ir dejando por el camino. ¿Me entienden?, ¿me explico?

—Cálmese por favor, tenga paciencia, publicar un libro es cuestión de tiempo y de paciencia…

—Que sí, que sí… pero entiéndanme, que no es que sea ya una cuestión de tiempo o no; quiero decir, ¡Qué les he pagado para que esto lo resuelvan ustedes, no yo!

—No se preocupe entonces, si tiene prisa lo publicamos ya, no hay problema. Denos su OK y le enviamos unos ejemplares a casa esta misma semana.

¿Qué precio debes pagar por ver publicado tu primer libro? Si vas a dar con carniceros de libros, ninguno. Clic para tuitear

—Pero ¡cómo vamos a publicar el libro si tiene faltas ortográficas! ¡Cómo vamos a publicarlo si la maquetación es inexistente y la portada es una foto que sale entre los diez primeros resultados de Google!

—Cálmese entonces, por el amor de Dios, cálmese, publicar requiere paciencia, no se hace de un día para otro…

—Que sí que sí, pero que si ahora les doy el OK ustedes publican el libro, así, sin más…

—¿Nos da el OK entonces?

—¿Cómo?

—Hecho; pues… esta semana le llegan los ejemplares.

—¡No, hombre, no!

carniceros de librosDesengáñate, va a ser muy difícil que no estropeen tu libro. Bastará con que te hagas el sueco para que estos carniceros de libros, usureros y usurpadores vayan depositando por sí solos todas sus vergüenzas al aire. ¡Uy!, lo sé lo sé, me pasé de irónico, presuponer algo de vergüenza a estos desaprensivos… en fin, pido disculpas.

—¿Ha cogido usted número?

—¿Cómo dice?, creía que íbamos a hablar de mi libro, aceptaron mi manuscrito…

—El siguiente, por favor; sí, usted, ¿ha firmado ya la sog… el acuerdo, quiero decir?

—Sí, sí, tal cual lo piden.

—Perfecto. ¡Ahí va uno ya listo para la trituradora!

Desengáñate. Valórate ahora porque cuando no puedas reconocerte en ese libro tuyo del escaparate, nadie de los citados va a arreglar el desaguisado ni va a estar a tu lado consolándote. No te sometas, aunque te cueste dinero —que te va a costar dinero, seguro, y rescisiones de contrato también—, abogados y sudor.

Tienes delante de ti la gran oportunidad, la oportunidad real de crecer y de aprender a reconocerte, primero como persona y después como autor. Hazlo ahora, porque después, cuando el viento sople a favor, ya será tarde

Y si es tu primer libro…, ¡ay, si es tu primer libro! De ningún modo dejes escapar una ocasión así ¡Solo ocurre una vez! Tienes delante de tus ojos una oportunidad brutal de ir conociéndote. Valórate, no impongas, escucha también, pero valórate… más que nada ni nadie. Porque es ahora, justo ahora, cuando aún no eres nadie, un intruso si acaso, ¿verdad?, en este enrarecido y opaco mundo editorial, es ahora y no después, ahora que te sientes débil, pequeño y ninguneado por doquier, cuando tienes delante de ti la gran oportunidad, la oportunidad real de crecer y de aprender a reconocerte, primero como persona y después como autor. Hazlo ahora, porque después, cuando el viento sople a favor, ya será tarde.


 

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