La primera revista para escritores

¿Cervantes? Sírvase usted mismo

0 464

Cervantes feminista

Que los genios sean patrimonio universal no nos da derecho a hacer con ellos lo que nos dé la gana. Pero lo hacemos. Con arreglo a la moda ideológica más en boga, los descuartizamos y evisceramos para, bien envasaditos, servirlos en el pasillo de los productos culturales libres de alérgenos.

Esta reflexión —si llega a eso— viene a cuento porque andaba yo repasando y corrigiendo una vieja novelita mía y me reencontré con una entrevista a Eslava Galán. Era por la publicación de su Misterioso asesinato en casa de Cervantes, Premio Primavera en 2015. Tiene como protagonista a una dama del Siglo de Oro que se disfraza de hombre para investigar el crimen que da título a la obra. La leí: de lo más artificiosa.

El titular de la entrevista era una frase del autor: «Cervantes fue un feminista antes de que la palabra existiera». Ahí lo tienes: «¿Qué le pongo, estimada lectora, cuarto y mitad de Cervantes feminista? ¡Cómo no!, y bien fresquito que lo tengo y deshuesado, más que nada porque no sabemos dónde demonios estará su pobre esqueleto».

«¿Qué le pongo, estimada lectora, cuarto y mitad de Cervantes feminista? ¡Cómo no!, y bien fresquito que lo tengo y deshuesado, más que nada porque no sabemos dónde demonios estará su pobre esqueleto».

Como estos artículos que firmo van sobre documentación, hagamos trabajo documental al hilo de esa sentencia del prolífico autor. Para empezar, el «feminista» don Miguel sedujo y abandonó a dos mujeres. La primera fue una dama de la virreinal ciudad de Nápoles, varadero y vertedero de las galeras españolas del Mediterráneo y de sus Tercios de Mar. Parece que ella tuvo un hijo de Cervantes en 1575, al que este ni conoció ni reconoció. No quita para que, en sus últimos años, presa quizá de la nostalgia y el remordimiento, el genio lo invocara, con el nombre de Promontorio, en el capítulo VIII de Viaje del Parnaso: «Mi amigo tiernamente me abrazaba, y, con tenerme entre sus brazos, dijo que del estar yo allí mucho dudaba; llamóme padre, y yo llaméle hijo». A su madre la llama, poéticamente, Silena. De ser cierto este episodio, fue poco antes de su esclavitud en Argel.

Tras su liberación en 1580, Miguel se enreda con una mesonera madrileña, Ana de Villafranca, casada con Alonso Rodríguez. De aquel adulterio nació, en 1584, una niña, Isabel. Cervantes abandonó a su amante en cuanto supo que estaba embarazada.

Después se casó con una campesina acomodada de Esquivias, Catalina de Salazar. Era casi veinte años mayor que ella y tiene pinta de boda conveniente, pues la moza poseía más hacienda que su marido, un autor al que se lo llevaban los demonios por no alcanzar el éxito de Lope de Vega. Con los dineros de Catalina pasaba temporadas en Madrid, pretendiendo convertirse en el autor de moda de los corralones de comedias. Tras muchos años de irregular convivencia sin hijos, el matrimonio terminó por separarse.

A Isabel, su hija bastarda, no la reconoció hasta que cumplió catorce años. (…) Miguel no le dio el apellido Cervantes, sino el de Saavedra, un mote que adoptó al volver de Argel, pues el apellido de su madre, Leonor, era Cortinas.

A Isabel, su hija bastarda, no la reconoció hasta que cumplió catorce años. Y, aun así, lo hizo a través de su hermana Magdalena, quizá por miedo a la reacción de Catalina. El apaño incluía que Magdalena tomara a su sobrina como criada. Padre muy a regañadientes, Miguel no le dio el apellido Cervantes, sino el de Saavedra, un mote que adoptó al volver de Argel, pues el apellido de su madre, Leonor, era Cortinas.

Buena parte de las rentas que entraron en las casas del escritor, ya fuese en Madrid o en Valladolid, eran de sus hermanas Andrea y Magdalena, conocidas como «las Cervantas». Ese dinero provenía de la costura y de sus amancebamientos con hombres de posibles; algunos acabaron en litigio bajo el cargo de «incumplimiento de promesa». Isabel siguió la línea de sus tías: viuda de su primer marido, volvió a casarse con un hombre que consintió en que ella se amancebara.

Nadie se atreve a afirmar que las hermanas de Cervantes vivieran de la mancebía, pero esa sombra sobrevuela a un genio que, en este caso, podría hacerse sospechoso de proxenetismo, pues no hay duda de que pasó temporadas a la sopa boba de ellas y de que estaba al tanto de sus idas y venidas.

A Magdalena y Andrea se las quiere tomar hoy como estandarte del feminismo a ultranza, igual que a su hermano: a ellas por vivir sin hombres, aunque vivieran de ellos, y a él por liberal. Es lo que se llama arrimar el ascua a la sardina de cada cual, pues al Príncipe de los Ingenios también se le han puesto altares como hebreo perseguido, homosexual entre líneas —¿Qué pasó en Argel?— o culmen de las letras catalanas independentistas bajo el nombre de Joan Miquel Servent.

«... si quieres escribir novela histórica, cálzate las botas recias de tus personajes, aunque te hagan callos, y no quieras encajarles tus zapatillas de runner». @JjPicos Clic para tuitear

En fin, que si quieres escribir novela histórica, cálzate las botas recias de tus personajes, aunque te hagan callos, y no quieras encajarles tus zapatillas de runner. Ya, ¿pero Cervantes era feminista o no lo era? Tú verás, yo aún no había nacido. ¿Y por qué Eslava Galán lo afirma? Te respondo no con una pregunta, sino con tres: ¿Sabías que las mujeres son el público lector mayoritario en este país?, ¿sabes que las editoriales se pirran por las novelas con protagonistas femeninas?, ¿te he respondido?

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, clique el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies