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Ciudades literarias

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Ciudades literarias

 

Todos los nombres de ciudades que se incluyen a continuación corresponden a lugares de ficción creados por diversos autores. Todos ellos se localizan en algún punto existente en la frontera que separa la realidad de la fantasía. Sus habitantes son tan diferentes entre sí como puedan serlo los moradores de distintos continentes. Cada autor ha creado un mundo distinto, coherente y reconocible por sus rasgos peculiares.

La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, se publicó en dos tomos en diciembre de 1884 y junio de 1885 en Barcelona. En ella aparece la ciudad de Vetusta, trasunto de Oviedo, donde la obra fue recibida con duras críticas.

Vetusta es una sociedad en transición entre el antiguo régimen y la nueva sociedad burguesa, por lo que en ella se viven contradicciones y varias luchas internas. Esta sociedad se presenta a través de cuatro mundos: la Iglesia, la aristocracia, las clases medias y el proletariado. Los dos primeros grupos desean mantener el poder y son aliados, las clases medias aparecen divididas en grupos burgueses y la clase más baja se mantiene al margen de los problemas de los de arriba. Esta separación está marcada incluso geográficamente, ya que se sitúan en distintas zonas de la ciudad.

En Vetusta, la vida está falseada por los convencionalismos, de manera que, cuando algún personaje, como Ana Ozores, pretende salir de esas normas, la ciudad no para hasta hundirlos. @isionperez Clic para tuitear

En Vetusta, la vida está falseada por los convencionalismos, de manera que cuando algún personaje, como Ana Ozores, pretende salir de esas normas, la ciudad no para hasta hundirlos. La sociedad disimula bajo una apariencia moderna los modos de vivir tradicionales.

El ambiente de Vetusta contrasta con el paisaje de los alrededores y contribuye a la sensación de soledad de los personajes.

Benito Pérez Galdós creó diversas ciudades provincianas imaginarias para ambientar sus historias, como la Socartes de Marianela (1878), la Orbajosa de Doña Perfecta (1876) y la Ficóbriga de Gloria (1876-1877). La segunda es una ciudad mesetaria y Ficóbriga es una villa marinera de Cantabria. Probablemente esta villa sea el pueblo pesquero de Castro Urdiales, llamada Flaviobriga por los romanos.

Galdós dio a sus ciudades carácter de personaje, lugares pequeños, sin vida intelectual ni económica, anclados en la tradición, donde rara vez sucedía algo.

Galdós dio a sus ciudades carácter de personaje, lugares pequeños, sin vida intelectual ni económica, anclados en la tradición, donde rara vez sucedía algo. En una carta al pintor Beruete, el autor define Orbajosa: «Veinte años ha que fue sacado este castizo y turbulante poblachón y muy lejos de extinguirse su fama y de oscurecerse su historia, han crecido una y otra, a tal punto que ya no hay en España provincia ni capital que no sea más o menos ‘Orbajosoido’. Orbajosa encontrará usted en las aldeas, Orbajosa en las ciudades ricas y populosas. Orbajosa revive en las cabañas y en los dorados palacios. Todo es y todo será mañana Orbajosa, si Dios no se apiada de nosotros, que no se apiadará… Madrijosa… marzo de 1896».

Las novelas Nuestro padre San Daniel (1921) y El obispo leproso (1926) forman una unidad. Ambas, de Gabriel Miró, se desarrollan en la ciudad levantina de Oleza, trasunto de Orihuela, a finales del siglo XIX. La ciudad se presenta sumida en el letargo, llena de misticismo y sensualidad. En ella, los personajes se encuentran entre sus inclinaciones naturales y la represión, la intolerancia y el oscurantismo religioso que los somete.

Partiendo de una versión apócrifa de la Enciclopedia Británica, Borges presenta la existencia de Tlön, un planeta desconocido.

El cuento de Borges Tlön, Uqbar, Orbis Tertius se publicó por primera vez en 1940. Más tarde, quedaría incluido en Ficciones (1944). Partiendo de una versión apócrifa de la Enciclopedia Británica, Borges presenta la existencia de Tlön, un planeta desconocido. Para los habitantes de ese mundo imaginario, cada uno de los seres del universo es parte de una divinidad indivisible. No existen en ese lugar los sustantivos, ya que estos se usan para seres individuales. Para nombrar, en Tlön se utilizan verbos acompañados de prefijos y adjetivos. Es un mundo sin razonamientos ni materialismo.

Repaso de algunas ciudades literarias, de la mano de @isionperez Clic para tuitear

Santa Mónica de los Venados es una ciudad creada por Alejo Carpentier en la novela Los pasos perdidos, de 1953. La ciudad, según explica el mismo Carpentier, es la representación de Santa Elena de Uairén en los primeros años de su fundación. Está situada en algún lugar de Brasil a donde es difícil llegar. Habría que atravesar ríos y pasadizos hasta poder contemplar una ciudad antigua, llena de colorido, que ha existido desde tiempos inmemoriales. Se compone de una plaza, la casa de Gobierno y el barrio de los indios.

Santa María es un lugar de ficción obra de Juan Carlos Onetti y ocupa una zona intermedia entre el infierno y el purgatorio. Tres de las obras más importantes del autor transcurren en esta mítica ciudad.

Santa María es un lugar de ficción obra de Juan Carlos Onetti y ocupa una zona intermedia entre el infierno y el purgatorio. Tres de las obras más importantes del autor transcurren en esta mítica ciudad: La vida breve (1950), El astillero (1962), y Juntacadáveres (1964). La ciudad de Santa María es una ciudad portuaria con calles arboladas y que supone un refugio, ya que es un mundo paralelo y alternativo al de una mujer mutilada, al de un astillero en ruinas o a las desdichas sentimentales de los personajes. Fingir e imaginar permiten construir un sentido de la vida y la existencia.

Pedro Páramo (1955) es la obra más importante de Juan Rulfo. En esta novela se narra una búsqueda del paraíso que termina en el infierno de Comala. El narrador, Juan Preciado, vuelve al pueblo natal de su madre, un lugar que ella en su agonía recordaba como un lugar de verdes praderas y de abundancia. Como en la Divina Comedia de Dante, Preciado es guiado por Abundio, un mulero, hasta el ardiente valle de Comala, «sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno». Allí todos los hombres son hijos de Páramo, todos están muertos y la vida es solo un recuerdo. En Comala todos se ven no como son, sino como quisieran ser.

Del recuerdo de Dolores Preciado («un pueblo que huele a miel derramada») sobre ese lugar, nos queda un lugar sin vida. Y ha sido el cacique, Pedro Páramo, el origen de la muerte de Comala.

Macondo es un lugar inventado por Gabriel García Márquez. Al principio es un jardín del Edén, pero se convierte en un árido infierno.

Macondo es un lugar inventado por Gabriel García Márquez. Al principio es un jardín del Edén, pero se convierte en un árido infierno. La primera vez que el autor la utilizó fue en La hojarasca, de 1955. Pero cuando adquirió mayor fama fue a partir de 1967, con la publicación de Cien años de soledad.

La villa de Macondo fue fundada por José Arcadio Buendía y su expedición, formada por amigos, sus esposas e hijos. Tras deambular durante más de dos años para buscar el mar, el personaje sueña en un lugar con una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo cuyo nombre era Macondo, y así se produjo su fundación. Fue construida a orillas de un río con un lecho de piedras pulidas y limita con una sierra casi impenetrable, ciénagas y pantanos.

Además de en las obras citadas, esta ciudad aparece en Los funerales de la mamá Grande (1962), La mala hora (1962) y El coronel no tiene quien le escriba (1961).

Según el autor, esta ciudad se encuentra «entre la existencia y la nada».

De 1972 es la novela de Gonzalo Torrente Ballester La saga/fuga de J.B. En ella aparece Castroforte del Baralla, una ciudad que levita cuando sus habitantes se ven preocupados o emocionados por alguna causa. Según el autor, esta ciudad se encuentra «entre la existencia y la nada».

Con El ataúd de Uso (1982), Rosa María Britton ganó el concurso Ricardo Miró de narrativa, de Panamá. En este libro nos describe a Chumico como un pueblo liberal, costero y muy pequeño del Caribe. En él vive Manuel, un hombre aterrado con la idea de la muerte. La misma ciudad de Chumico es usada por la autora en Laberintos de orgullo (2002), como una empobrecida aldea que resulta un infierno y un revulsivo para el protagonista, Santos. Así, Chumico simboliza en Britton el mundo rural y el espíritu de una época.

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