La primera revista para escritores

Daenerys nunca fue madre de dragones (1)

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Daenerys nunca fue madre de dragones (1)

Nunca había visto tan alterado al Dr. Tizón. Él solito parecía una bandada de dragones a punto de escupir fuego. Era la tercera vez que se le quedaba el café a medio camino de los labios, tensos como los invitados al bautizo de un gremlin. Tenía el pulso tan alterado que ya había más café en el platillo y sobre la mesa de mármol que en la propia taza. De haber fumado, habría encendido un cigarrillo sin importarle prohibiciones ni opiniones.

Cualquiera que se hubiera fijado en nosotros, y no era fácil que el airado criptozoólogo pasara desapercibido, se habría apiadado de mí por soportar a semejante orate. O, precisamente, habría sentenciado que el loco era yo por aguantar sus desaforados ademanes y sus desquiciadas voces, en un tris de ser aullidos.

Cada vez que volvía a posar la taza, me pasaba por delante de las narices una carta. Se la había remitido la secretaria de presidencia (ni siquiera el presidente) de la Sociedad Ibérica de Criptozoología, sita en Teruel. Tener la sede de la SIC en la discreta ciudad aragonesa es como esconder un cadáver en la segunda página de Google… Nadie mira.

La SIC guarda muy bien las formas por la cuenta que le trae, dada su bien ganada fama de extravagante club de buhoneros mediáticos y frikis conspiranoicos.

 

La misiva decía: «Tras haber atendido sus cinco cartas anteriores y haber sopesado con todo interés los argumentos expuestos en la que hace la media docena, insistimos: nos damos por enterados. Someteremos sus puntos de vista al criterio de la comisión correspondiente previa a nuestra próxima reunión semestral. Atentamente…». Y tras la fórmula de cortesía bien podría venir un «¡Que eres más pesao que un lamassu en brazos!». Pero no, la SIC guarda muy bien las formas por la cuenta que le trae, dada su bien ganada fama de extravagante club de buhoneros mediáticos y frikis conspiranoicos.

 

madre de dragones
Un lamassu asirio protege la ciudadela de Sargón de una horda de demonios
(Bestiario de la Criptozoological Society of London)

 

¿Y a qué venían las seis cartas, las voces, los manoteos de director de orquesta histérico, el café desparramado por la mesa y, en fin, la furia del doctor Tizón? Pues a que tan ilustre cazador de quimeras, que no tenía televisión en casa, acababa de enterarse, después de ocho años de emisión de una de las series más exitosas de la televisión mundial, de un monumental error documental que nadie se había preocupado de desmentir.

El paracientífico echó fuego por la boca y centellas por los ojos cuando se enteró de que a las monturas aladas de la reina Danaerys Targaryen las habían llamado... ¡¡¡dragones!!! @JjPicos Clic para tuitear

El paracientífico echó fuego por la boca y centellas por los ojos cuando se enteró de que a las monturas aladas de la reina Danaerys Targaryen las habían llamado… ¡¡¡dragones!!! Omito, por mero respeto a nuestros lectores, la ristra de insultos que les dedicó a todos y cada uno de los cómplices de aquella herejía criptozoológica, desde George R. R. Martin a los sufridos dobladores de la serie Juego de tronos.

Y es que Tizón tenía un don de lenguas que ni los Doce Apóstoles. No solo conocía todos los idiomas que salieron de Babel, sino que podía jurar en la jerga de los albañiles de la torre maldita. «¡Esa gentuza tiene cagarrutas de Bigfoot en vez de cerebro! ¡Cualquiera ve que esos pajarracos no son dragones! —aulló. Y, ahí sí, el camarero nos dedicó un severo siseo que a mi interlocutor se le antojó reptilesco y, por tanto, sarcástico.

—¡Vaya usted a sisearle a la madre de Voldemor, mentecato! —bramó, tras lo cual retomó el ardiente hilo— ¡¡¡Y encima tienen los santos cojones de llamarla madre de dragones!!!

Las mascotas de la que no arde son, en realidad, wyverns; o, en castellano, guivernos.

A ver, razón no le faltaba. Con unos conocimientos mínimos, pero rigurosos, de criptozoología, no hay modo de llamar a esos ejemplares «dragones». Porque las mascotas de la que no arde son, en realidad, wyverns; o, en castellano, guivernos. ¿Y cuál es la diferencia?, se preguntarán ustedes.

Llegados a este punto, mejor retomo yo las explicaciones, dado que no soy tan proclive como mi admirado colega a los arranques de furia. El Dr. Tizón es brillante en sus argumentos, y posee un magnífico currículum en trabajo de campo, amén de unas cuantas cicatrices, pero le pierden las formas, tan caras a la directiva de la SIC.

Comencemos por establecer que hablamos de dos órdenes de animales completamente distintos, tanto como lo pueden ser un león y un águila, salvo por su fiereza y porque son los reyes de sus elementos respectivos, al menos desde un punto de vista clásico, seguramente hoy discutido por el primer ígnaro ocurrente con una cuenta de Twitter y un par de millares de acólitos. Para empezar, los dragones pertenecen al género Draco, mientras que los guivernos entran en el de Pseudodracos, como podemos ver con más detalle en la primera de nuestras tablas comparativas:

 

TABLA I

 

 

En contra de lo que se cree, ni el dragón ni el guiverno son animales hermafroditas, sino que el macho y la hembra se aparean en un rito de una rarísima y sobrecogedora violencia. Pero, aunque el período de gestación es idéntico, la nidada de una dragona dobla a la de una guiverna:                                                     

 

TABLA II

 

 

Una vez fecundadas, las hembras de ambos órdenes incuban los huevos sin que los machos tengan la más mínima participación en ese proceso, ni relevando ni alimentando a la hembra. Se ha exagerado, desde determinadas ópticas antropocéntricas, el supuesto «machismo» de unas bestias del todo ajenas al ser humano, excepción hecha de nuestra inclusión en su dieta. Lo cierto es que hablamos de criaturas extremadamente ariscas y solitarias que solo consienten en el contacto para perpetuar la especie.

Y hasta aquí esta primera entrega que demuestra que en absoluto fue la finada Daenerys madre de dragones.

Escama de dragón carbonizada y recogida tras un apareamiento (Cortesía de la International Society of Criptozoology)]

 

Durante el apareamiento (o mejor después) es posible, aunque no probable, que el criptonaturalista avezado pueda cosechar algunas escamas, casi todas lastimosamente dañadas por el ímpetu coital de estos monstruos. Y hasta aquí esta primera entrega que demuestra que en absoluto fue la finada Daenerys madre de dragones. En la próxima conoceremos las obvias y definitivas diferencias entre ambos órdenes de escamosos alados.

 

 

 

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