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Daenerys nunca fue madre de dragones (y 2)

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Daenerys nunca fue madre de dragones (y 2)

 

Los efectos de la primera entrega de este informe han sido tan devastadores como el vuelo inmisericorde de Drogon sobre Desembarco del Rey. La desprevenida, por apoltronada y obsoleta, comunidad criptozoológica internacional los ha calificado ya de «incendiarios» y «adánicos», lo que sitúa a la cautelosa Sociedad Ibérica de Criptozoología ante una avalancha mediática que sus timoratos márgenes serán incapaces de contener. 

La revelación de que Daenerys Targaryen —a la que los Siete concedan eterno descanso— no fue nunca madre de dragones ha provocado un revuelo de tal magnitud que ni Rhaegar, Viserion y Drogon, batiendo sus alas al unísono, soñarían con emular. La valiente, por solitaria, denuncia del profesor Tizón ha tenido la repercusión que su rigor merece y que los estamentos criptozoológicos, aliados con la frivolidad de la industria del entretenimiento, no le habían concedido hasta ahora. Bien es cierto que las redes sociales han reaccionado con una virulencia sin más valor que el eco resonante en las criptas de sus cráneos, jamás holladas por una idea que merezca tal nombre. Pero las palabras del nuevo campeón criptozoólogico han sido como el aleteo de una mariposa, más bien un tábano, que ha provocado una ciclogénesis de dimensiones globales capaz de acallar el zumbido de tanto zángano con cuenta de Twitter. Dicho esto, también es de justicia agradecer el desinteresado altavoz que Capítulo 1 le ha prestado. 

La tesis fundamental del arriscado criptozoológo es que los tres especímenes que HBO ha presentado como dragones durante ocho temporadas son, en realidad, guivernos. No se trata de desmerecer su condición, sino de ceñirse al rigor que estas soberbias criaturas, despreciadas secularmente como quimeras nacidas de la superstición, merecen. 

La revelación de que Daenerys Targaryen —a la que los Siete concedan eterno descanso— no fue nunca madre de dragones ha provocado un revuelo de tal magnitud que ni Rhaegar, Viserion y Drogon, batiendo sus alas al unísono, soñarían con emular.

Y es que nada más ajeno al ánimo del profesor Tizón que restarle valor a unos seres que, sin hipérboles, afirmamos que circulan a sus anchas por su código genético. Natural del municipio valenciano de Adzaneta de Albaida, en plena sierra de Benicadell, el criptozoólogo se precia de que el mismísimo Jaime I lo reconquistó de manos invasoras. ¿Y qué animal figura y figurará como cimera en el reconocible casco del rey aragonés? Sin ningún género de duda, un magnífico ejemplar de guiverno, presente también en la heráldica de la Generalitat de Valencia. 

 

 

Hecha la acotación histórica, ciñámonos ahora a estrictos criterios criptozoológicos. Ya explicamos en la susodicha entrega anterior algunas de las características, detalladas en tablas comparativas, que distinguen a ambos órdenes, sin entrar, eso sí, en las grandes diferencias entre los dragones, cuadrúpedos con alas, y los guivernos, bípedos alados. Porque es ahí, en un aspecto fundamental de la morfología de ambas bestias, donde toda una cadena de profanos, no todos responsables en un mismo grado, han metido la pata. Justamente, y permítasenos la chanza simplona, han metido la pata en el número de ellas. 

Como bien apreciará el neófito en nuestra tercera tabla, ese es, tamaños aparte, el punto en el que el Dr. Tizón insistía con, todo hay que decirlo, justa cólera. Lo que sin apelación posible se colige del mero dato científico, y si uno hace memoria por un instante de alguna de las monturas aladas de La rompedora de cadenas, es que no pueden ser tomadas por dragones se las mire por donde se las mire. 

Son, nos guste o no, guivernos, y no dragones stricto sensu. ¿O alguien llamaría «león» a un lince con una mopa en la cabeza?

Desde ninguna posición ortodoxa es admisible concluir que Drogon, o los infortunados Raeghal, derribado a arponazos, y Viserion, montura del Rey de la Noche, son Dracos, pues, dada su morfología, hablamos de tres ejemplares de Pseudodracos, aunque, eso sí, terribles como ellos solos. Es decir, son, nos guste o no, guivernos, y no dragones stricto sensu. ¿O alguien llamaría «león» a un lince con una mopa en la cabeza? «¡Pues claro que sí!, ¡las hordas de Youtubers ñoñanimalistas!», sentenció el profesor Tizón. En fin, pasemos sin más dilación a la demostración palmaria de que los mal llamados dragones de la tildada, con empecinada e interesada ligereza, como Madre de dragones, no lo son: 

 

TABLA III 

 

¡Eureka! Mientras que los dragones son animales voladores muy adaptados a la ambulación terrestre (con excepción de los ejemplares acuáticos irlandeses y orientales), los guivernos estarían más cerca de los pterodáctilos. Y es que los wyverns solo tienen dos patas y una uña en el centro de las alas que, a modo de garfio, usan como muleta o estoque. 

Cierto que si hablamos de longitudes, algunos guivernos podrían competir con un dragón de porte medio, pero en las dimensiones entre puntas alares no hay color: los dragones disfrutan de una envergadura superior. De ahí se infiere que, lógicamente, disponen de una masa muscular proporcionalmente superior a la de un guiverno, necesaria sobre todo para el despegue. En palabras del Dr. Tizón, Danaerys Targaryen, subida a un verdadero draco, «no sería más distinguible, a simple vista, que una garrapata en un perro de aguas». 

Todos aquellos que, como el apóstol Tomás, necesiten meter el dedo en la llaga para creer, pueden rendirse, y redimirse, al observar las obvias diferencias entre un verdadero dragón, Smaug el Dorado, y el guiverno Drogon, montura de la presunta Madre de Dragones. 

 

madre de dragones

 

En palabras del Dr. Tizón, Danaerys Targaryen, subida a un verdadero draco, «no sería más distinguible, a simple vista, que una garrapata en un perro de aguas». @JjPicos Clic para tuitear

 

Llegados aquí, se preguntarán los más perspicaces en qué paró el berrinche de mi estimado colega, el ahora reivindicado profesor Tizón. Para aliviar la estéril presión epistolar del airado criptozoólogo sobre doña Angustias, la envarada e infranqueable secretaria de presidencia de la SIC, desvié su atención hacia el Departamento de Comunicación de HBO, la productora de la serie. Eso sí, le indiqué (más bien, le sugerí) la ventaja de dirigirse a ellos por medios electrónicos. Pero él, defensor a ultranza del correo postal, me hizo ver que la recepción de una carta en semejante emporio audiovisual sería un acontecimiento largamente comentado. Y le di la razón. ¡Que Hermes, heraldo olímpico, los pille confesados! 

Por otro lado, tuve que cambiar de cafetería. Y más cuando mi digno interlocutor volvió a sus alaridos tras probar, por fin, su café y darse cuenta de que, además de mermado, estaba más frío que las cenizas de Desembarco del Rey tras las primeras nieves del recién llegado, y largamente anunciado, invierno. 

 

Daenerys nunca fue madre de dragones (1)

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