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Dificultades para aprender a puntuar

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Dificultades para aprender a puntuar

Algunos de los fallos más importantes en nuestros textos tienen que ver con el uso que hacemos de los signos de puntuación. La puntuación es uno de nuestros recursos fundamentales como escritores y escritoras; sin embargo, es el más difícil de enseñar y uno de los más complejos de dominar. Estas son algunas razones.

a) Los signos de puntuación admiten un grado de subjetividad 

A diferencia de las normas ortográficas, las relativas a la puntuación son, en cierta medida, menos objetivas y dependen más del estilo personal del autor.

Los signos de puntuación admiten un cierto grado de subjetividad, en algunos casos. Un mismo texto puede admitir puntuaciones diferentes y correctas, dependiendo del estilo de quien escribe. A diferencia de las normas ortográficas, las relativas a la puntuación son, en cierta medida, menos objetivas y dependen más del estilo personal del autor. Por ejemplo, mientras que es obligatorio escribir siempre «avión» sin hache, con v y tilde en la o, resulta perfectamente admisible puntuar de distintas formas esta frase):

-Tiene ganas de venir y de visitar el museo.
-¿Tiene ganas de venir y de visitar el museo?
-Tiene ganas de venir. Y de visitar el museo.

Todo lo apuntado hasta ahora es aún más cierto en el terreno literario, donde el estilo del autor o autora y el género condicionan también, como no puede ser de otra forma, la puntuación.

b) Las diferencias entre lengua escrita y lengua oral

El segundo problema para aprender a puntuar correctamente pasa por hacer caso de nuestro oído-entonación para puntuar. Puesto que los códigos son distintos, las pausas son distintas en uno y otro contexto.

Sin embargo, a todos nos han enseñado que los signos marcan los lugares en los que el lector puede respirar o también que cada signo refleja el «tamaño» de esa pausa (la coma es una pausa más pequeña que el punto, por ejemplo). No es cierto.

Esta manera de comprender los signos de puntuación provoca multitud de problemas a la hora de puntuar. Por un lado, hay muchas pausas en la lectura que si se marcan con un signo de puntuación suponen un error:

*«El hecho de que la inmigración haya aumentado en España, ha dado lugar a que buena parte de la misma sea clandestina» (error en la coma, que separa sujeto y verbo y no es correcto).

Por otro lado, muchos signos de puntuación en el texto escrito no responden necesariamente a una pausa en la lectura:

«Compró patatas, cebollas, tomates, y un bloc de notas» (la última coma indica que el elemento de la enumeración es de naturaleza distinta al resto).

Hasta cierto punto, explicar los signos de puntuación como pausas tiene su explicación lógica histórica: durante siglos, la escritura fue un conocimiento reservado a unos pocos y era frecuente que los libros se leyesen en voz alta. Con la imprenta cambia la cosa, y la lectura pasa de ser un acto social a ser un acto privado, íntimo.

c) Los signos distribuyen la información en un texto

La puntuación nos ayuda a definir la estructura textual y a la distribución del contenido (por ejemplo, a través de los párrafos).

Puntuar bien tiene mucho que ver con la capacidad para distribuir de modo relevante la información en el texto. La puntuación nos ayuda a definir la estructura textual y a la distribución del contenido (por ejemplo, a través de los párrafos).

El ejemplo siguiente demuestra cómo no definir correctamente las distintas unidades (bloques de información) del texto produce errores de construcción y, por tanto, de comprensión. Está extraído del libro Pragmática de la puntuación, de Carolina Figueras.

«La historia nos demuestra lo crueles que son las guerras, la mejor solución es la paz, no hay que llegar si es posible al extremo de una guerra, y creo que siempre es posible mediante otros medios no llegar a la guerra, con palabras siempre se puede solucionar los conflictos que se puedan crear».

d) No basta con enseñar las normas

La experiencia docente parece demostrar que no basta con enseñar las normas de cada signo de puntuación. Transmitir los usos normativos es condición necesaria pero no suficiente, puesto que una queja repetida entre los y las docentes de la universidad es que sus estudiantes no dominan satisfactoriamente la puntuación, a pesar de que han estudiado las normas en el colegio. El dominio del código de la puntuación comporta (así lo explica Figueras en Pragmática de la puntuación) la capacidad de prever con acierto cómo será interpretado el texto: el emisor debe calcular cuáles son los intereses del lector y cuál es el mejor modo de expresar lo que tiene intención de comunicarle.

Si tenemos esto claro, entenderemos que es necesario observar los signos con un enfoque distinto, que supere la intuición o el «oído» a la hora de puntuar.

«... si conocemos la justificación de los signos de puntuación, podremos empezar a entender su uso». Juan F. Plaza (@woodyplace) Clic para tuitear

Este planteamiento alternativo consiste en no limitarse a explicar sin más las reglas de cada signo, sino que supone hacer entender a quien aprende qué es la puntuación y qué función tiene: si conocemos la justificación de los signos de puntuación, podremos empezar a entender su uso.

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