La primera revista para escritores

Eduardo Chirinos

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Eduardo Chirinos

 

A través de los libros de poesía de Chirinos, el lector puede construir una especie de biografía secreta cuyo argumento se ha extraviado. Así lo expresaba el poeta peruano en el prólogo de Amores y desamores (1999). El lector es conducido por viajes tanto interiores como exteriores, tanto reales como imaginarios.

En la poesía de Chirinos puede observarse una fuerte capacidad de deslumbramiento ante el mundo y la belleza, pero también un desencanto por la vocación poética, que aparece como fatalidad. Esta es una lucha constante que se justifica «por un instante de belleza», como dice el autor en Abecedario del agua (2000).

Chirinos muestra su preocupación por el conocimiento, reflexiona acerca del trabajo poético, se plantea la finalidad del mismo, y lo busca, además de plantearse la esencia de la poesía. Llega a expresar que «todo poema, por el hecho de serlo, es un acto de amor» y define la poesía como «el olvido de los hombres».

En su poesía aparecen, entre otros, dos temas importantes: el de las máscaras literarias (como Orfeo o Segismundo) y homenajes a poetas anteriores como Aleixandre, Rubén Darío, Neruda, Homero («Ayer/ leí algo sobre Homero. <<El encrespado mar/ color de vino>>, solía repetir en sus poemas. / Ese mar anuncia la sangre de nuestros/ antepasados, la trágica destrucción de los trirremes.») o Garcilaso en las playas del sur («¿Y yo qué he de cantar/ El dulce lamentar del s. XVI en un paraje salino/ (rocas peladas y no verduras en las eras) ;/ el triste cantar de dos pastores en las playas del sur/ (murmullo solitario de las aguas y no silencio de la selva umbrosa), / idénticos espacios para ejercer el oficio/ do natura o menester me inclinan»).

 

En la poesía de Chirinos puede observarse una fuerte capacidad de deslumbramiento ante el mundo y la belleza, pero también un desencanto por la vocación poética, que aparece como fatalidad. @isionperez Clic para tuitear

 

Su primer libro de poesía fue Cuadernos de Horacio Morell (1981). En él mezcla poemas, epigramas y microrrelatos, además de datos reales e imaginarios. En el título recoge el nombre de un joven poeta suicida («No sé si estaré precisando del suicidio o de la vida, pero ya no quiero pensarlo»), mientras que el autor se presenta como editor. Lorenzo Helguero señala la influencia de autores clásicos en la creación de un autor ficcional, aunque Chirinos «ordena los poemas como si le fueran propios», en un doble juego.

Chirinos trata el desarraigo familiar, social y amoroso en Crónicas de un ocioso (1983). El poeta como tal se caracteriza por su trabajo solitario.

En 1985, se publica Archivo de huellas digitales, libro en el que vuelve a presentarse el quehacer literario como un trabajo solitario, que supone la actualización de una larga tradición, renovada en la escritura de cada poema. Chirinos entendía el poema como el punto de partida de una tradición («Un poema es siempre el punto de partida de una tradición, nunca su punto de llegada»).

El libro de los encuentros (1988) nos lleva de vuelta a las huellas de la infancia, a los sueños casi olvidados y al recuerdo de los seres queridos. Se trata de un itinerario íntimo.

Sus poemas más extensos se encuentran en Recuerda, cuerpo, de 1991, el poemario del que Eduardo Chirinos decía que era su libro «más doloroso», con versos como «Para llegar a ti he tropezado muchas veces».

 

La obra Amores y desamores. 35 poemas. circuló de forma restringida y recoge sus mejores poemas de amor y desamor publicados hasta 1998, como De la perdición como poesía.

 

En 1998 publica El equilibrista de Bayard Street, que recoge su experiencia norteamericana y cuyos temas principales son el amor, la muerte y la escritura («A nada le teme el equilibrista de Bayard Street,/ pero hace varias noches que no duerme;/ dicen que soñó que sus zapatillas colgaban de la cuerda/ mientras los niños esperaban que se despanzurrara de una / vez el equilibrista de Bayard Street»). Según Luis Arturo Guichard, este título remite al equilibrio entre diferentes territorios y formas de vida, así como «entre el pasado y el presente, el movimiento y la permanencia».

En el Abecedario del agua (2000) hay un retorno a lo lúdico y se presenta la intimidad mediante el poema en prosa. El origen del libro se encuentra, según explica el autor, en un verso de Marechal y una fotografía donde el poeta aparece «muy pequeñito con un abecedario en las manos». Entre los poemas de este Abecedario encontramos el Monólogo del poeta y la musa («Sé que las cosas han cambiado/ no soy el de antes y tú no tienes nada que ofrecerme. / Pero no importa igual ven acuéstate un ratito miénteme como antes»).

En Escrito en Missoula, de 2003, describe la llegada al oeste americano. La muerte del padre y la vida errante configuran la certeza del arraigo en las palabras.

La obra Amores y desamores. 35 poemas. circuló de forma restringida y recoge sus mejores poemas de amor y desamor publicados hasta 1998, como De la perdición como poesía («Ah, si tan solo escuchara tu voz. / Pero nunca me dirigiste la palabra/ y lo que hubiera sido un gran amor/ fue solo un beso furtivo, un abrazo en penumbra, / un silencioso dolor del cual nunca fui culpable. / No te he perdido porque nunca te tuve»).

 

El último libro que el poeta publicó en vida fue Siete días para la eternidad, un homenaje a otro poeta, Odysseas Elytis, como señala el subtítulo de la obra.

 

El poeta publica una antología personal, Catálogo de las naves (1978-2012), en la que recopila sus versos imprescindibles.

Humo de incendios lejanos aparece en 2010. En este poemario se mezclan lo académico y lo popular, y el autor experimenta con la puntuación. Aparecen signos de interrogación, pero no otros recursos como las mayúsculas o los puntos suspensivos. El poema queda abierto al lector.

En 2013, Chirinos escribe Treinta y cinco lecciones de biología (y tres crónicas didácticas), en el que cada poema es el monólogo de un animal, de forma que el poeta los hace reales y les da voz.

El último libro que el poeta publicó en vida fue Siete días para la eternidad, un homenaje a otro poeta, Odysseas Elytis, como señala el subtítulo de la obra.

Además, podríamos destacar en la obra de Chirinos una Breve historia de la música (2001), que es un homenaje a la música y un recorrido por la historia de la literatura, y en cuyo prólogo reconocía que pocas cosas producen más placer que «cerrar los ojos para ver las evanescentes y seductoras imágenes que brotan de cada pieza». Los poemas surgieron primero como un homenaje, «luego como un reclamo y, finalmente, como una necesidad»

 

Fotografía: Laura Chouette en Unsplash
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