La primera revista para escritores

«El Aleph», de Borges (1949)

El hilo invisible que hace avanzar una historia

Jorge Luis Borges 1951, by Grete Stern
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El Aleph, de Borges (1949): el hilo invisible que hace avanzar una historia

 

Empecé a disfrutar de Borges cuando dejé de intentar desentrañar los misterios escondidos en sus cuentos y comencé a dejarme llevar por sus historias. Beatriz Cortel Clic para tuitear

Empecé a disfrutar de Borges cuando dejé de intentar desentrañar los misterios escondidos en sus cuentos y comencé a dejarme llevar por sus historias. Sin embargo, el cuento de El Aleph nunca ha dejado de sorprenderme; así que os invito a fijaros en algunos de los puntos que más me han llamado la atención. Pero cuidado: si todavía no lo habéis leído, mi reseña contiene spoilers. 

Una de lacuestiones que más me han intrigado es la historia de amor imposible del protagonista con la fallecida Beatriz. Primero, porque Borges no se prodiga precisamente en romanticismos, sus historias apelan más al intelecto del lector que a sus sentimientos (como todo gran tímido, Borges se escondía tras sus erudiciones). Y segundo, porque la aproximación al tema principal (el Aleph, por supuesto: su título no permite la mínima duda) resulta algo sinuosa para tratarse de un cuento, que por naturaleza siempre es más conciso y directo que una novela. Si Borges se decidió a hacer una excepción en sus tramas fue porque, entre todas las opciones que barajó para contar esta historia, esta fue la que más le convenció. ¿Por qué? 

¿Cómo hacer verosímil el encuentro con el Alephsu impacto en el protagonista, o incluso su mera existencia?

Porque, aunque la idea del Aleph sea potente y original (es el lugar donde están contenidos todos los lugares del mundo, aunque su diámetro apenas mida dos o tres centímetros), plasmarla en un cuento no resultaba sencillo. ¿Cómo hacer verosímil el encuentro con el Alephsu impacto en el protagonista, o incluso su mera existencia? Nada mejor que con una aproximación indirecta y gradualcon un hilo conductor que, sin distraer al lector del punto principal, mitigara su impacto al estar su atención pendiente también del pobre enamorado. Y, por otra parte, facilita el acceso al lector a un tema complejo como el Aleph con una subtrama sencilla. 

Será precisamente esta historia de amor frustrado la que hará avanzar la historia del Aleph, le añadirá puntos de giro e incluso servirá como detonante para que la trama llegue a un desenlace. El protagonista descubrirá el Aleph al ser incapaz de alejarse de la casa donde vivió su amada, o de tratar a su primo, por muy insoportable que le resulte. Cuando Borges describa lo indescriptible, el Aleph, con un virtuosismo solo accesible a los grandes maestros, mostrará también al protagonista de forma explícita la relación que su amada mantenía con su primo y que tanto dolor le producirá: despechado, no ayudará a evitar que la casa que contiene el Aleph sea demolida. 

Nos ha dejado uno de los mejores inicios de la historia de la literatura.

Por supuesto, hay mil detalles adicionales que podrían analizarse en el cuento (Borges es un autor que necesita varias lecturas). Pero no me gustaría desviar vuestra atención de este amor desventurado que, siendo secundario en la trama, nos ha dejado uno de los mejores inicios de la historia de la literatura: La candente mañana de febrero que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía (…) noté que las carteleras (…) de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que (…) el universo ya se apartaba de ella (…)

Imagen: Wikipedia

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