La primera revista para escritores

Esos romanos no estaban locos

0 1.156

El casco en las legiones romanas

Hay que tener valor para llevarle la contraria a Obélix: «¡Estos romanos están locos!»… Pues se la voy a llevar, así, a pecho descubierto, sin poción de Panoramix ni nada, ¿quién dijo miedo? Porque los romanos, en todo caso, eran como el del chiste: «Locos, sí, pero tontos, no».

Si algo caracteriza a las legiones de Roma, es la inteligente adaptación de la panoplia de sus enemigos. Esta vez nos fijaremos en el arma defensiva que protegía la cabeza de los legionarios: el casco. @JjPicos Clic para tuitear

Porque si algo caracteriza a las legiones de Roma, es la inteligente adaptación de la panoplia ―o a la panoplia― de sus enemigos. Y, como hablábamos de salud mental, esta vez nos fijaremos en el arma defensiva que protegía la cabeza de los legionarios: el casco. Para ello, nos serviremos de las portadas de una revista de historia militar que consulto a menudo, Desperta ferro. Con este repaso, que nos llevará desde la República hasta el desastre de Adrianópolis (III a. C.- IV d. C.), insistiré en que los legionarios de Uderzo y Goscinny son una caricatura y que tantos siglos de historia dan para mucha variedad.

El mundo helénico, a través de la Magna Grecia, fue una primera influencia en el arsenal romano, pero también la cultura céltica, presente en el norte de la Península Itálica desde tiempos remotos. Así, en la primera ilustración, vemos a un legionario de principios del siglo III enfrentándose a un elefante del ejército invasor del rey Pirro, el de las victorias «pírricas». Su casco es del tipo Montefortino, inspirado en ejemplares celtas, aunque dotado de unos cuernos que podrían indicar que se trata de un oficial.

Legionario republicano con casco Montefortino

El influjo griego se aprecia en la segunda imagen, una representación de Quinto Sertorio, militar romano que, en el siglo I a. C., se rebeló en Hispania contra la dictadura de Sila. Su casco es del tipo ápulo-corintio, derivado del modelo corintio que ocultaba por completo la cara de los hoplitas.

Sertorio con casco ápulo-corintio

El Montefortino dio paso a otros cascos que ofrecían más protección, como el coolus. Tenía visera, guardanucas volado, carrilleras más anchas y un botón en lo alto del capacete.

El Montefortino dio paso a otros cascos que ofrecían más protección, como el coolus. Tenía visera, guardanucas volado, carrilleras más anchas y un botón en lo alto del capacete. Lo lleva el legionario cubierto de sangre que aferra su águila durante la emboscada germana en el bosque de Teutoburgo.

Masacre de Teutoburgo, septiembre del año 9

Este legionario lleva una lorica hamata, es decir, cota de malla. Lo menciono porque, sea cual sea la época, siempre identificamos a un legionario con la lorica segmentata, las de los tebeos de Asterix. Pero esta no tuvo, ni de lejos, una vida tan larga como la anterior, pues era más cara y no aseguraba más protección. Es la que llevan los legionarios de Trajano (siglo II) que se enfrentan a una horda dacia.

Sus cascos son gálico-imperiales, con carrilleras y guardanucas más amplios y una cruceta sobre la calota para amortiguar los golpes de las guadañas enemigas; también por eso, refuerzan el brazo derecho con la manica de los gladiadores.

Cubrir la cabeza de los legionarios llegó a convertirse en una obsesión. Por influencia bárbara, ya fuese germana o levantina, la caballería tenía más protagonismo y las espadas eran más largas, lo que significaba más golpes de arriba abajo. Así llegamos al hipertrofiado modelo Niederbieber, de la familia itálico-imperial. Este es de la época del emperador Septimio Severo, en el cambio del siglo II al III.

El siglo III fue el de la anarquía militar: entre Septimio Severo y Diocleciano, hubo treinta emperadores: veintitrés murieron asesinados, en batalla o se suicidaron.

El siglo III fue el de la anarquía militar: entre Septimio Severo y Diocleciano, hubo treinta emperadores: veintitrés murieron asesinados, en batalla o se suicidaron. La caballería adquirió un protagonismo inédito que iría en aumento hasta la caída del Imperio de Occidente y que continuaría en Bizancio. Por eso, la penúltima imagen que presentamos es la de dos «caballeros» enfrentados. Aunque parezcan fantasías asiáticas o renacentistas, ambos cascos son romanos, uno de inspiración frigia y, el otro, un desarrollo del casco Niederbieber, tan cerrado que parece avanzar los yelmos medievales.

Jinetes romanos del siglo III

Y ya que mencionamos la Edad Media, ¿no parecen nuestros últimos legionarios auténticos peones de mesnadas medievales? Los cascos que llevan se conocen como «de cresta», en referencia a la faja metálica que une sus dos mitades; eran muy baratos de producir, aunque no hay acuerdo en si eso mermó su calidad. Muchos de aquellos legionarios del siglo IV ni siquiera eran romanos, sino visigodos, vándalos o alanos; y eso es lo que parecen, guerreros bárbaros. Legionarios, por cierto, que ya no creían en Marte o en Mitra, sino en un dios de paz y redención y en su hijo, un hebreo crucificado.

Desastre de Adrianópolis, 9/08/378

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, clique el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies