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El efecto dominó en un guion

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El efecto dominó en un guion

Muchas películas suelen tener un planteamiento fascinante, un desarrollo interesante, pero la resolución no está a la altura de las expectativas ¿Qué podemos hacer para evitar este fallo estructural?

Por norma general los fallos del tercer acto (desenlace) vienen dados por la falta de un buen planteamiento en el primer acto (introducción). No hay que olvidar que cada escena debe aportar información nueva y relevante, ya sea construyendo personajes o la línea argumental.

Además es importante que lo que acontece en una historia venga dado por la relación de causa y consecuencia. Si las acciones no están relacionadas entre sí, no hay una historia sólida. Por eso hay que trabajar con ahínco el inicio de la película. ¿Qué personajes hay? ¿Por qué son importantes? ¿Cómo son sus vidas? ¿Por qué ocurre lo que les hace cambiar de destino?

El inicio de una película es donde se presentan las condiciones por las que se rige el universo por el que se van a mover los personajes. Son como las reglas de un juego de mesa…

De hecho el guionista tiene el «salto de fe» del espectador al principio de la película, pero no en el desarrollo y en el final. El inicio de una película es donde se presentan las condiciones por las que se rige el universo por el que se van a mover los personajes. Son como las reglas de un juego de mesa, si de pronto las reglas cambian porque le favorece a un jugador en concreto, el resto de participantes se enfadará. Al cambiar las condiciones en mitad de partida hace que se  perjudique la estrategia que han seguido los demás.

En el caso de un guion se pierde la confianza y por tanto el interés del espectador al no mantener una coherencia. Si puede pasar cualquier cosa en cualquier momento ¿por qué invierto tiempo en una historia que no va a contar nada sólido?

No hay que tener miedo a la hora de establecer reglas al inicio de una película. Ser atrevidos puede ser un acierto. Nadie pone el grito en el cielo cuando Phil Connors en «Atrapado en el tiempo» se ve obligado a vivir el mismo día hasta que se convierte en una buena persona. Tampoco nos escandalizamos en «Mentiroso Compulsivo», cuando Fletcher adquiere el poder de decir la verdad, quiera o no. Lo mismo ocurre con «La Máscara» en el que Stanley Ipkiss es un ejecutivo bancario soso, torpón e impopular, pero cuando se pone la máscara mágica es capaz de transformarse en todo lo contrario. Todo esto se cimienta en el primer acto y puede funcionar.

Resulta imprescindible conocer el final de nuestros personajes. De lo contrario, el resto de elementos no irán en consonancia.

Uno de los grandes errores que se comenten a la hora de diseñar una historia es no planificar el final. Resulta imprescindible conocer el final de nuestros personajes. De lo contrario, el resto de elementos no irán en consonancia. Un guion es como un engranaje. No sirve de nada tener 15 primeras páginas a prueba de bombas cuando el resto está descompensado y se llega a inconsistencias.

Además hay que tener en cuenta que el público valora el final por encima de todo. Si nuestra película empieza de forma brillante, pero se deshincha en su desenlace, dejará una sensación de decepción. De hecho hay películas que generan poco interés en su arranque, pero que logran volar alto en su conclusión. A pesar de ser imperfectas dejan un buen sabor de boca en la mayoría de espectadores.

También es de especial importancia mantener a una serie de personajes, es decir, si las reglas del guion son mágicas tiene que haber al menos dos personajes. Uno de ellos experimenta la magia de dichas reglas y este se lo tiene que contar a otro. Este segundo personaje realiza el contraste con la realidad, una especie de confidente que desconfía del protagonista. Se crea una situación especial y se muestra a un personaje en conflicto con el entorno que lo rodea.

«... una vez se han establecido las reglas, el guionista debe seguirlas religiosamente o dará lugar a un guion tramposo y aburrido». @DavidTorresOrtn Clic para tuitear

Normalmente las primeras 30 páginas son el contacto con la realidad del relato. Si se respetan las normas, el espectador disfrutará buscando respuestas en las preguntas que plantee la obra. Sin embargo, si se violan las normas, la atención del espectador se disipará. Por ello, una vez se han establecido las reglas, el guionista debe seguirlas religiosamente o dará lugar a un guion tramposo y aburrido.

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