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El espacio

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El espacio

Si en un artículo anterior hablamos de la falacia patética, ese recurso que nos permitía dotar a una escena con la atmósfera adecuada que queremos transmitir al lector, en este abordaremos la importancia del espacio. Es posible que muchas veces un escritor empiece considerando que el lugar físico donde transcurre una escena puede ser un lugar cualquiera. Un lugar anecdótico y meramente decorativo al que se presta poca atención, sin embargo, nada más lejos de la realidad. El espacio es el escenario, el contexto en que transcurre la acción de todo escrito y, por tanto, el que condiciona la experiencia de los personajes. No debe ser nunca un lugar al azar, sino uno meditado y que dote al texto con la verosimilitud deseada.

«El espacio es el escenario, el contexto en que transcurre la acción de todo escrito y, por tanto, el que condiciona la experiencia de los personajes». @BoixRichter Clic para tuitear

Las acciones de los personajes nunca deben tener lugar en espacios indefinidos, sino en lugares bien determinados, pues no todos ellos tienen las mismas propiedades. Así pues, hay lugares específicos que ayudan a resaltar la intimidad de los personajes, otros que favorecen sus interacciones con los otros personajes, al mismo tiempo que actúan como un reflejo de las convenciones sociales que permiten al lector entender la realidad de los protagonistas, ayudando así a empatizar con su visión del mundo. Se convierte así el espacio en el elemento que fija y ancla a los personajes en la historia, dotándolos, de esta manera, de cuerpo y evitando que habiten en un mundo etéreo y enrarecido. Así que, a menos que sea esto último lo que se desea, los escenarios deben pensarse cuidadosamente y presentarse al lector siempre teniendo en cuenta la historia que se quiere contar.

… la principal función del espacio es otorgar a nuestros textos verosimilitud.

Como ya se ha mencionado, la principal función del espacio es otorgar a nuestros textos verosimilitud. Los hace creíbles, entramos a los personajes a través de los lugares que habitan. Para ello hay que proporcionar detalles, describirlos.

En un relato de aire realista se debe aportar la información suficiente de los espacios comunes, buscar que el lector se familiarice con la realidad que se está construyendo, para lo cual hay que darle un tratamiento realista, aunque estemos escribiendo una novela de fantasía o ciencia ficción, prestando atención a los detalles. La información aportada ha de hacer el mundo imaginario creíble. En otros géneros literarios el espacio puede alterarse, introducir elementos ambiguos que reinventen y distorsionen los espacios comunes. Este es, por ejemplo, el caso del realismo mágico o el imaginario de Kafka que era capaz de transformar lugares tan comunes como una oficina o una habitación en laberintos confusos, consiguiendo, sin embargo, que el lector acepte dichas alteraciones como realidades posibles.

Cualquier mundo es creíble si se trata apropiadamente en el texto. Se trata de convencer al lector de que la rareza forma parte de las posibilidades del mundo. El espacio se convierte de este modo en un protagonista más de la historia.

Lo mismo sucede en otros géneros como las novelas góticas o históricas, donde edificios y paisajes pueden llevar una gran carga emocional del relato e incluso interaccionar con los protagonistas como si fuesen un personaje activo más de la historia. Como tales, los lugares deben, por tanto, presentarse adecuadamente al lector. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo abordar las descripciones de los lugares?

La descripción de los lugares contribuye también, por tanto, a articular el ritmo del relato. El escritor puede decidir qué tipo de descripción usar en función de lo que la historia requiera, regulando la dinámica del relato.

Las descripciones pueden ser de dos tipos principalmente:

  1. la descripción pura que crea una pausa en la acción del texto para detenerse a describir el lugar; o
  2. la descripción activa en la cual el mundo va visualizándose a través de las acciones del personaje. En este segundo caso, el mundo va dibujándose poco a poco en lugar de presentarse de golpe.

La descripción de los lugares contribuye también, por tanto, a articular el ritmo del relato. El escritor puede decidir qué tipo de descripción usar en función de lo que la historia requiera, regulando la dinámica del relato, bien mantener un ritmo dinámico de acciones o bien creando pausas descriptivas. Hablaremos un poco más del espacio en la próxima entrega cuando empecemos a analizar los elementos que componen una escena: la unidad narrativa que forma el texto.

Imagen: fotograma de la película El proceso (Orson Wells – 1962) basada en la obra de Kafka, donde se distorsionan los espacios en pasillos interminables en los juzgados, estanterías irreales torcidas y techos altísimos que caracterizan a una burocracia absurda y opresora.

 

Este artículo fue publicado en el n.º 9 de Capítulo 1.

 

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