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El estilo íntimo de Alessandro Baricco

Hablemos de estilo literario

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El estilo íntimo de Alessandro Baricco

Entre la prosa y el verso

 

«Mantenía los ojos fijos en los labios de Hervé Joncour como si fueran las últimas líneas de una carta de despedida. En la habitación todo estaba tan silencioso e inmóvil que pareció un hecho desmesurado lo que acaeció inesperadamente, y que sin embargo no fue nada.

             De pronto,

                sin moverse lo más mínimo,

                aquella muchacha

                abrió los ojos».

Un autor que presenta hechos en apariencia nimios y los estructura de manera que al párrafo introductorio le sigue una secuencia versificada. Dicha secuencia incrusta al lector en la escena, como dibujando el acto mismo del acontecer literario.

Es Alessandro Baricco con su estilo personalísimo. El primer párrafo lo he extractado de Seda, pero si repaso Océano mar, Novecento o Sin sangre, descubro más de lo mismo: secuencias en forma de versos o párrafos cuya estructura habitual se trastoca (anástrofe).

«Solo la ciencia puede

ciertas cosas, esa es la verdad. Barrer siglos de asco ‒el terrible mar, regazo de corrupción y de muerte‒ e inventar aquel idilio que poco a poco se iba
difundiendo por todas las playas del

mundo. Curaciones como

amores. Y además

esto: un día en la playa de Depper, las olas trajeron a la orilla una pequeña
barca, un residuo, apenas un pecio. Y allí estaban ellos, los seducidos por la
enfermedad, esparcidos por la kilométrica orilla, consumando cada uno su
cópula marina, bordados elegantes sobre la arena hasta donde alcanza la vista,
cada uno con su burbuja de emoción, lascivia y miedo
».

Por las huellas del texto

Me fijo en los sustantivos y en los adjetivos:

Observo que hay algún verbo lo bastante solemne como para añadir contundencia al texto: (lo) juro, dice. Es como si con «lo juro» pretendiera hacer cómplice al lector asegurándole que aquel hecho ‒nimio por otra parte‒ tendría consecuencias. A quien narra le importa zambullir al lector en ese instante.

El resto son sencillos verbos de apoyo, que obtienen su valor del nombre al que acompañan. Relatan acciones breves, modestas, casi insignificantes.

Están los giros que alertan sobre la inminencia de algo. Un algo intrascendente para quien pretende acción y trascendente para quien husmea en los entresijos del alma humana.

Es el lenguaje de Baricco: sencillo aunque enigmático, de gran densidad léxica y a caballo entre lo onírico y lo real, elementos que hacen de él lo que es:

  • Interrupciones: en la linealidad de la estructura y en el ritmo.
  • Comparacionescomo si fueran las últimas líneas de una carta de despedida.
  • Contraposiciones: entre la amargura crónica de las historias del mar y la idea de idilio, ligera y hasta frívola por efecto de la antítesis.
  • Metáforas: barca como residuo; seducidos por la enfermedad;
  • Personificación: burbuja de emoción, lascivia y miedo (sentimientos de los que solo un humano puede ser acreedor; burbuja que alude a un microuniverso cerrado).

Estilo intimista

Y dan como resultado un estilo lírico, poético, sensible. El autor parece estar susurrándole al oído a quien lo toma entre sus manos. Baricco es admirador de Salinger, y su manera de decir adopta notas de García Márquez y de Italo Calvino. Todos ellos son juglares de la palabra. Lo inverosímil, en García Márquez, no es menos seductor que lo verosímil.

El lenguaje es preciso, evocador, inquietante. Tiene la virtud de hacer cómplice al lector, que asiste embobado y seducido por la idea de que siempre está a punto de pasar algo. @marianRGK Clic para tuitear

Hay algo desolador en los relatos de Baricco. Si busco paralelismos en la pintura, me recuerda a Hopper. Los personajes del italiano son buscadores infatigables, aun estando inmersos en la realidad. El lenguaje es preciso, evocador, inquietante. Tiene la virtud, como digo, de hacer cómplice al lector, que asiste embobado y seducido por la idea de que siempre está a punto de pasar algo. Y pasa. Aunque sea algo intrascendente. Es Baricco quien juega con esa capacidad de tornarlo mágico.

En una entrevista a cargo del periodista Juan Cruz, en abril de 2016, Baricco confesaba que «escribir es un placer físico, es como volar; un juego, como jugar al ajedrez con alguien».  Y decía también que cada vez que se encontraba con algo «verdaderamente bueno», le sobrevenía la tentación de abandonar la escritura. «Son pocos los escritores que me han hecho entrar en crisis, lo he entendido leyéndolos. Unos tocan el pianoforte, yo toco el violín».

Sigue tocándolo, Baricco. Tócalo otra vez.

 

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