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El fauno

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El fauno

 

En la mitología romana, los faunos eran dioses menores que vivían en los bosques y protegían a los rebaños. Se suponía que eran benévolos, pero el hecho de verlos provocaba la muerte.

Según la tradición, son la reproducción de un dios más antiguo llamado Fauno, que tiene su origen en el dios Pan de los arcadios, también protector de rebaños y pastores.

Los faunos estaban también relacionados con los sátiros griegos, criaturas del bosque que tenían cuernos y pezuñas de cabra.

 

La figura del fauno está presente en numerosos textos literarios, muestras de arte y obras musicales.

 

Por otra parte, se produjo una «historización» de esta figura, ya que se le consideró el introductor de emigrantes arcadios en el Lacio, con lo que el carácter de divinidad del personaje se fue difuminando hasta ser tenido como el primer rey de la región.

La figura del fauno está presente en numerosos textos literarios, muestras de arte y obras musicales.

El poeta épico griego Nono de Panópolis incluyó a Fauno en las Dionisíacas, un poema dedicado al dios Dioniso. El tema principal es la expedición de este a la India, en la cual es acompañado por Fauno.

En las Vidas paralelas, de Plutarco se menciona la obra del historiador Cayo Acilio, que narra cómo antes de la fundación de Roma, Rómulo y Remo perdieron sus ganados y, para recuperarlos, rezaron a Fauno y corrieron desnudos a buscarlos.

Ovidio, en el Libro primero de sus Metamorfosis, recoge la fábula del dios Pan y la náyade Siringa, la más hermosa de su tiempo. El dios la vio un día en el monte Liceo, se enamoró de ella y empezó a perseguirla hasta que la ninfa se lanzó al río Ladón. Allí, al verse acorralada, suplicó ayuda a las otras ninfas que la convirtieron en un cañaveral. Cuando Pan llegó, solo pudo abrazar las cañas que eran mecidas por el viento. Desolado, el dios cortó unos tallos desiguales, los unió y fabricó una flauta con la que compuso varias melodías que acompañaba con su voz.

La figura del fauno aparece también en el Libro XIII de la obra de Ovidio, al hablar de la historia de Polifemo, Galatea y Acis. De este dice que «había sido de Fauno y de la ninfa Simétide creado».

 

Nathaniel Hawthorne utilizó en El fauno de mármol, de 1860, la figura de un fauno para realizar una reflexión sobre los aspectos más oscuros del alma humana.

 

Ovidio incluyó al Fauno también en los Fastos, en el Libro II. En un contexto jocoso, y ambientado en las fiestas en honor de la divinidad, Fauno intenta acostarse con la reina Ónfala. Pero ella y Hércules han intercambiado sus vestimentas. Cuando el Fauno toca al héroe, Ovidio describe que «tembló y retiró su mano y, espantado por el miedo, retrocedió, como a menudo el caminante da un paso atrás asustado al ver una serpiente».

Fauno fue adorado como dios de campos y pastores, como ya hemos visto, pero también como una divinidad profética. En el Libro VII de la Eneida de Virgilio el dios vaticina que Lavinia debe casarse con un príncipe extranjero. El rey Latino ofrece su mano a Eneas.

Nathaniel Hawthorne utilizó en El fauno de mármol, de 1860, la figura de un fauno para realizar una reflexión sobre los aspectos más oscuros del alma humana, a través de personajes que se ven arrastrados por las pasiones y, de ese modo, pierden su inocencia y descubren el mal. La novela avanza con lentitud, con continuas digresiones. El protagonista es Donatello, conocido como «fauno de mármol» por su parecido con la estatua de Praxíteles. Es un joven e ingenuo noble italiano, que aparece acompañado por los personajes de unos artistas norteamericanos: Hilda, Kenyon y Miriam. Esta última es adorada por Donatello, aunque ella le corresponde con un cariño fraternal. Miriam arrastra un pasado oscuro y es perseguida por el «espectro de la catacumba», un personaje estrafalario que la tiraniza. Una noche, el acosador se acerca a ella y Donatello lo lanza por un precipicio. Hilda es testigo del incidente y esto corrompe su alma.

Vladimir Nobokov publicó Lolita en 1959. El protagonista, Humbert-Humbert, se compara a sí mismo con un fauno que persigue a una pequeña ninfa, esa Lolita que es una mezcla de inocencia y malicia. @isionperez Clic para tuitear

 

En 1876, Mallarmé escribió La siesta de un fauno, obra en la que se evoca la ensoñación erótica de un fauno acostado bajo un olivo. Se trata de una égloga («Estas ninfas quisiera perpetuarlas») y de un poema hecho versión para la escena. Comienza este con un fauno sentado de cuyos brazos se escapan dos ninfas («¡Tenía dos ninfas!»). Tras reflexionar el fauno sobre la presencia o ausencia de las dos mujeres, se queda durmiendo y entran en la escena Iane y Ianthé, las ninfas.

Sobre los temas de los poemas de Mallarmé, Claude Debussy compuso en 1894 el Preludio a la siesta de un fauno, que se sitúa en la corriente de la música impresionista. Se trata de un poema sinfónico de unos diez minutos de duración. Se estrenó en París bajo la dirección de Gustave Doret.

Sobre la pieza de Debussy, Vaslav Nijinsky creó La siesta de un fauno, un ballet en un acto que se estrenó en París en 1912. Para este ballet, Nijinsky creó un Fauno rodeado de siete ninfas. Y en él destaca también el solo de flauta de la obertura, cuando el dios sestea mientras toca.

El tema inspiró también a William Faulkner, quien, en su juventud, escribió los versos de El fauno de mármol (1924), su primer libro de poemas. Los principales temas del volumen son el hombre y la naturaleza, así como la relación entre ambos.

Vladimir Nobokov publicó Lolita en 1959. El protagonista, Humbert-Humbert, se compara a sí mismo con un fauno que persigue a una pequeña ninfa, esa Lolita que es una mezcla de inocencia y malicia.

 

En 2006 se estrenó la película de Guillermo del Toro El laberinto del fauno.

 

Relacionada con la anterior encontramos la novela póstuma de Guillermo Cabrera Infante, La ninfa inconstante, publicada en 2008. Estela Morris es una adolescente cubana, una falsa ninfa que vive junto a un falso fauno un romance fallido.

En 2006 se estrenó la película de Guillermo del Toro El laberinto del fauno. La película se sitúa en 1944, en un campamento en España, y la protagonista es una niña de once años a la que le gustan los cuentos. Se llama Ofelia. Descubre las ruinas de un extraño laberinto y allí se encuentra con un fauno. Este le revela que en realidad es una princesa y que su padre la está buscando. Además, le entrega un libro y le explica que debe pasar una serie de pruebas.

La escritora alemana de literatura juvenil Cornelia Funke escribió posteriormente una novela basada en la película de Guillermo del Toro y que complementa la historia mágica de Ofelia con otras diez tramas. Para separar los nuevos relatos de la historia original, el libro los presenta en páginas grises.

 

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