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El hombre lobo en la literatura (II)

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El hombre lobo en la literatura (II)

El hombre lobo ha sido uno de los personajes del género de terror, aunque de todo han hecho con él (pobre hombre lobo, si levantara la cabeza), que más juego ha dado a nivel literario. Las mezclas, en ocasiones desvirtuadas y algo estrambóticas, han conseguido sacar a la luz infinidad de leyendas relacionadas con el monstruito en cuestión.

«El hombre lobo ha sido uno de los personajes del género de terror, aunque de todo han hecho con él (pobre hombre lobo, si levantara la cabeza), que más juego ha dado a nivel literario». @Merche_Gotica Clic para tuitear

A través de los siglos lo han fusionado, han utilizado el modo psíquico, lo han convertido en asmático o lo han hecho aparecer de las profundidades. También lo han sacado del infierno, ha alcanzado el futuro a través de la ciencia ficción, lo han relacionado con las brujas y, afortunadamente, lo han llevado hasta la literatura infantil y juvenil.

Siglo XIX

El siglo XIX, que aún contenía rasgos de la época antigua, sobre todo en sus primeros relatos, comenzó con una venganza a la que le siguieron maquinaciones, un hombre lobo inglés, zapateros resentidos, maldiciones, alguna que otra mujer lobo, persecuciones, pactos con las fuerzas del mal y tratos con el diablo.

El espectáculo se abre con Richard Thomson (1794 – 1865), que publicó de forma anónima The Wehr-Wolf: A Legend of the Limousin (en la antología The Best Werewolf [inglés]), en 1828. El autor nos sitúa en 1520, en Francia, y nos cuenta la historia de la venganza de un hombre lobo, que es ayudado por su hija, consciente de que sufrirá el mismo destino de su padre.

The Man-Wolf (se puede encontrar en la misma antología que el anterior), de Leitch Ritchie (Escocia, 1800 – 1865), apareció en 1831. El relato se desarrolla en el siglo XI. Intervienen un monje, un caballero y su esposa. La esposa y el monje planean deshacerse del caballero sin saber que este vaga por las noches convertido en hombre lobo.

La revista Lady’s Magazine and Museum se atrevió, en 1838, con Hughes, el hombre lobo, de James Sutherland Menzies (seudónimo de Elizabeth Stone [1806 – 1883]). Este relato es una adaptación de una leyenda medieval relacionada con un hombre lobo inglés.

El lobo blanco de las montañas Hartz, escrito por el capitán Frederick Marryat (Reino Unido, 1792 – 1848), son dos capítulos independientes (36 y 37) que forman parte del libro El buque fantasma, publicado en 1939.

Krantz, compañero inseparable del capitán Vanderdecken, cuenta cómo una maldición relacionada con su familia, lanzada por el padre de una mujer lobo con la que su progenitor contrajo matrimonio, le perseguirá hasta el fin de sus días.

Lady’s Magazine apostó por Wagner, The Wehr-Wolf (1846), de G. W. Reynolds. El autor nos mostró a un campesino alemán haciendo un pacto con el diablo para conseguir la vida eterna. A cambio debía convertirse en hombre lobo cada siete años.

Alejandro Dumas

Capitán de lobos, de Alejandro Dumas (1857), es una novela inquietante y moralista en la que, internándose en las profundidades del alma, se muestra toda la maldad que puede llegar a contener el ser humano.

La envidia y el odio de un zapatero consiguen atraer a las fuerzas del mal, bajo la forma de un gran lobo negro con el que consigue pactar. Por las noches, a las órdenes del lobo negro, el zapatero vaga por los bosques convertido en capitán de una manada, que le obedece y le sigue allá a donde va.

La pareja Erckmann-Chatrian (…) nos ofreció, en 1859, Hugo, el lobo, y una interesante novedad en los relatos del género: la Peste Negra, en forma de mujer, como personaje.

La pareja Erckmann-Chatrian (Emile Erckmann [1822-1899] y Alexandre Chatrian [1826-1890]), escritores franceses que trabajarían juntos durante toda su carrera literaria, nos ofreció, en 1859, Hugo, el lobo, y una interesante novedad en los relatos del género: la Peste Negra, en forma de mujer, como personaje.

Emile Erckmann y Alexandre Chatrian

La novela se desarrolla en la Selva Negra (Alemania). Una maldición hereditaria, confundida con una grave enfermedad, transforma en licántropos a determinados miembros de una familia. En la escena aparecerá un joven médico, que vuelve al lugar tras años de ausencia, y que está decidido a desentrañar el misterio.

En El lobo gris (1871), de George MacDonald (Escocia, 1824 – Inglaterra, 1905), una joven, que vive con su madre en una cabaña, se transforma en un gran lobo gris dispuesto a despedazar y a devorar a quien encuentre en el camino.

Rudyard Kipling escribió La marca de la bestia en 1890. Un hombre comete el sacrilegio de apagar su cigarrillo en la frente de una imagen sagrada. Los fieles, que reclaman venganza por la ofensa, se la cobran a través de un leproso al que llaman el Hombre de Plata, que acaba maldiciendo al sacrílego con la marca de la bestia.

La loba, de Clemence Housman (1896), mete en escena a dos hermanos a los que se les cruza en el camino una extraña mujer de pelo blanco, que se hace llamar White Fell, y que consigue abrir una brecha entre ambos y separar lo que hasta entonces nadie había logrado.

Siglo XX

El siglo XX se inició con la brujería, para pasar al hombre lobo psíquico, a los jóvenes conscientes de lo que son, llegando hasta la venganza, el horror y la aceptación. Después vendrían el desconocimiento y la plena conciencia, la ciencia ficción y los cultos secretos, los depredadores y los protectores de la humanidad, y por fin, hacia 1997, la literatura infantil y juvenil.

Empezamos con La loba, de Francisco Gavidia (1864 – 1965). Se publicó por primera vez en el repertorio del Diario del Salvador en 1905. Se puede encontrar en Cuentos modernistas hispanoamericanos.

Una mujer desea casar a su hija con un cacique. Para lograrlo invoca a los espíritus y pacta con ellos consiguiendo transformarse en loba. Una vez transformada se dedica a robar para poder ofrecer al cacique la dote suficiente para el casamiento.

 

En El campamento del perro (1908), de Algernon Blacwood, el autor introduce el estado de conciencia ampliada y proyectada, que puede hacerse visible ante los demás, para convertir a su hombre lobo a través de la transformación psíquica, involuntaria e inconsciente.

En El campamento del perro (1908), de Algernon Blacwood, el autor introduce el estado de conciencia ampliada y proyectada, que puede hacerse visible ante los demás, para convertir a su hombre lobo a través de la transformación psíquica, involuntaria e inconsciente.

Gabriel-Ernest es un cuento publicado por el escritor británico H. H. Munro (1870 – 1916), más conocido como Saki, incluido en La gaceta de Westminster en 1909. Un muchacho que vive en los bosques, y que se transforma en lobo a voluntad, se dedica, consciente de sus acciones, a matar y a devorar a todos los niños que encuentra.

La puerta de lo irreal (1919), del escritor inglés Gerald Bliss (1876 – 1922), nos lleva hasta una carretera de Londres y hasta una zona agreste, en la que se producen una serie de desapariciones que conducen hasta un hombre lobo que está acechando la región.

La novia del Lobo, de Aino Kallas (Finlandia, 1878 – 1956), cuenta las aventuras de Aalo, esposa del guardabosques Priidik, transformada en lobo por Satán, que huyó internándose en el bosque y convivió con las bestias salvajes y con el Diabolus sylvarum. El libro se publicó en 1928. Se puede encontrar en Nórdica.

Robert Peter Fleming (Londres, 1907 – Escocia, 1971) y The Kill (1931), un relato largo que gira en torno a una maldición que caerá sobre quien se atreva a despojar de su herencia al hijo bastardo de lord Fleer.

Guy Endore escribió The Werewolf of Paris (El hombre lobo de París), en 1933. Bertrand, que desde niño muestra un comportamiento extraño por las noches, descubre que sus sueños, en los que se convierte en hombre lobo, forman parte de la realidad.

Clifford. D. Simak sorprendió, en 1967, con El proyecto del hombre lobo. Tejido sujeto a la garganta, envoltura de piel plateada, la noche alumbrada por el brillo de la luna, y un proyecto, el de un hombre creado en un laboratorio y lanzado a los confines del Universo. Olvidado. Pero ese hombre, bestia, o lo que sea que fuera ha regresado.

The Howling (Aullidos [la película no sigue el argumento del libro mas que en algunos detalles]) es la primera novela de la trilogía del mismo nombre, escrita por Gary Brandner y publicada en 1977.

Karyn Beatty y su esposo deciden trasladarse a un pueblo situado en las montañas de California. Tras las amables caras de sus habitantes se esconde un grupo de culto integrado por licántropos, en el que todos sus miembros no están dispuestos a permanecer en el anonimato.

En The Wolfen (1978), de Whitley Strieber, se retrata a los hombres lobo como depredadores de la humanidad. El autor volvió con The Wild, en 1991, presentando a los hombres lobo como medio para devolver a la naturaleza la inteligencia y el espíritu humano.

Rex, el hombre lobo (1984 [Libros de sangre III]), de Clive Barker, cuenta cómo Thomas Garrow, de forma accidental, libera a una criatura condenada siglos atrás. La liberación da lugar a una cadena de asesinatos, en un pueblo de Irlanda, marcados por la sed de venganza y de sangre de la criatura.

George R. R. Martin cambió las tornas ofreciéndonos a un hombre lobo un tanto inverosímil, para imaginar a un licántropo asmático y mujeriego, de nombre Willie Flambeaux, en Cambiando de piel (1989).

Howling Mad (1989), de Peter David, invierte la acción presentándonos a un lobo que ha sido mordido por un hombre lobo. La acción da como resultado la transformación del mencionado lobo en un lobo hombre.

La literatura infantil y juvenil caló muy hondo con El hombre lobo del pantano, de R. L. Stine  (Pesadillas, nº 31, publicado por Ediciones B el 8 de julio de 1997). En 2015 la editorial Hidra preparó una reedición colocándolo en el número 7 de la saga.

Aullidos nocturnos en el pantano, animales despedazados, y el perro de Grady acusado de los desmanes, son la base para el inicio de una aventura, con arenas movedizas, ciénagas y turberas, que llegó a vender más de 30 millones de ejemplares en todo el mundo.

 

Otras aventuras del siglo XX
  • Boris Vian – El lobo-hombre (1947).
  • Manuel Múgica Laínez – El lobizón (1949).
  • Stephen King – El ciclo del hombre lobo (1983).
  • Enrique Anderson Imbert – Licantropía (1990).

Llegando al final: siglo XXI

Tal vez porque el siglo no lleva demasiados años o porque nada dura eternamente o porque la literatura va cambiando, al igual que los gustos y las modas, no hay demasiados hombres lobo literarios, al menos en lo que llevamos de siglo.

Tal vez porque el siglo no lleva demasiados años o porque nada dura eternamente o porque la literatura va cambiando, al igual que los gustos y las modas, no hay demasiados hombres lobo literarios, al menos en lo que llevamos de siglo.

Sí que han aparecido como protagonistas secundarios, por ejemplo, en Memorias de Idhun (Alexander, llamado Alsan hasta que superó la fase de híbrido), de Laura Gallego García, o en la saga Crepúsculo, que tiene como protagonistas a los vampiros.

Sea como sea, queda casi todo el siglo por delante. Quién sabe si alguien decidirá inventar nuevos argumentos, para que el bicho vuelva a resurgir como protagonista indiscutible, de donde sea que lo quieran sacar. El tiempo lo dirá.

Dos apuntes al siglo XXI

Tim Lebbon (Londres, 1969) fusionaría a los guerreros nórdicos con la iconografía tradicional del monstruo, en Berserk, en 2006. Realizó un cruce entre licántropo (como protagonista) y vampiro con poderes telepáticos, furia asesina y reflejos inhumanos.

Con las novelas Temblor, Rastro y Siempre (escritas entre 2009 – 2011), de Maggie Stiefvater, el hombre lobo vuelve a la literatura infantil y juvenil. En la trilogía, los lobos son de mayor tamaño y conservan los ojos de su humanidad. La transformación se produce con el frío, y después de un tiempo adquieren la forma de lobo para siempre.

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