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En la mente de los personajes (II): el soliloquio y el diálogo interno

«El caminante sobre el mar de nubes». Obra de Caspar David Friedrich 1818. Título original: Der Wanderer über dem Nebelmeer. Imagen obtenida de Wikipedia.
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En la mente de los personajes (II): el soliloquio y el diálogo interno

En la entrada anterior empezamos a hablar de las técnicas que permiten a un escritor manifestar los pensamientos de sus personajes. Empezamos con la más moderna de todas ellas, el flujo de conciencia o monólogo interior. Esta es, hasta el momento, la técnica que intenta representar mejor lo que sucede en la mente de los personajes, rompiendo muchas normas gramaticales para poder reflejar el caos de la mente, cuando los pensamientos y sentimiento afloran sin más, antes de que la conciencia los ordene y genere con ellos un discurso. Hoy, precisamente, comentaremos esa segunda etapa: la del discurso mental.

Es lo que se conoce como soliloquio, palabra que viene del latín soliloquiu(m), formada a partir de hablar (loqui) y solo (solus). Así pues, el soliloquio se define como «hablar en solitario», podría considerarse como un diálogo que mantiene el personaje consigo mismo. María Moliner, en su Diccionario de uso del español (2000), lo define como la «Acción de hablar una persona sin dirigirse a otra». La Real Academia Española incluye unas definiciones parecidas: «Reflexión interior o en voz alta y a solas. En una obra dramática u otra semejante, parlamento que hace un personaje aislado de los demás fingiendo que habla para sí mismo».

«Mientras que el monólogo interior pretende poner palabras a la ebullición descontrolada de pensamientos, el soliloquio es la expresión de los mismos una vez que la conciencia los ha filtrado». @Aka_RichterBoix Clic para tuitear

A diferencia del monólogo interior, el soliloquio es ordenado, al menos mínimamente ordenado. Mientras que el monólogo interior pretende poner palabras a la ebullición descontrolada de pensamientos, el soliloquio es la expresión de los mismos una vez que la conciencia los ha filtrado y mira de crear un discurso con ellos. Aunque sea un discurso interno, para uno mismo, como recogen todas sus definiciones. Técnicamente podría decirse que el soliloquio es un relato de un narrador en primera persona. El narrador supuestamente se explica la historia, la suya, o hechos que él conoce, a él mismo, pero para el lector que lo percibe es una historia relatada en primera persona, aunque con una visión mucho más íntima, pues se supone al narrador hablando consigo mismo y no pensando en el público.

Como ves, la diferencia entre soliloquio y monólogo interior, en sus intenciones, son pocas, y sus diferencias en forma se deban seguramente a sus orígenes. A diferencia del monólogo interior que se desarrolló a principios del siglo XX como técnica puramente literaria, y ser por tanto leída, el soliloquio se remonta mucho más atrás en el tiempo, apareciendo primero como estilo teatral que posteriormente fue incorporado en las novelas. El soliloquio fue la técnica que encontraron los autores dramaturgos de que sus personajes mostrasen sus pensamientos o sentimientos al público. Un soliloquio famoso en la literatura española es el de Segismundo en La vida es sueño de Calderón de la Barca. ¿Quién no conoce sus versos?

Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Obviamente los actores no podían recitar una serie de frases inconclusas, como las que caracterizan al monólogo interior, sino que debían elaborar un discurso con mayor coherencia que les permitiese comunicar sus emociones internas. El soliloquio suele estar relacionado con un argumento o acción de la historia, mientras que el monólogo interior, más allá del argumento, lo que quiere es manifestar una identidad psíquica.

Obviamente, las fronteras entre soliloquio y monólogo interior muchas veces son difíciles de perfilar, y es posible encontrar una fusión de ambas técnicas en un mismo texto, en las que el narrador empiece explicando su situación con cierta coherencia, pero poco a poco su discurso se vaya descomponiendo en un flujo de conciencia.

Como autores podemos emplear la técnica del diálogo clásico. Después de todo, ¿quién no se ha hecho preguntas a si mismo nunca? ¿Quién no se ha respondido?

Otra manera de representar la conciencia de un personaje es recurrir al diálogo. En el monólogo interior y el soliloquio, es una voz en primera persona la que se expresa todo el rato, una voz hablando consigo misma, o una voz desbocada. Pero más allá de eso, como autores podemos emplear la técnica del diálogo clásico. Después de todo, ¿quién no se ha hecho preguntas a si mismo nunca? ¿Quién no se ha respondido? Muchas veces cuando pensamos, lo hacemos como si estuviésemos hablando con otra persona, simulamos tener una conversación que nos permite ordenar nuestros pensamientos. Pues esas mismas conversaciones mentales pueden trasladarse al papel. Como escritores podemos dar vida a las diferentes voces internas de un personaje y hacerlas dialogar entre ellas. Su estructura es la de un diálogo normal, pero el lector es consciente de que está escuchando a un mismo personaje hablando consigo mismo; cuestionándose. Esta técnica es muy común en los textos de la escritora francesa Nathalie Sarraute, que durante el siglo XX contribuyó a renovar la literatura contemporánea dentro de la corriente literaria conocida como nouveau roman (nueva novela). En sus obras, los personajes sostienen numeroso soliloquios y permanentes diálogos consigo mismos, todos ellos reflejando sus temores y sentimientos no confesados. Ese era su principal objetivo, desvelar a través de estas técnicas lo que los personajes no se atreven a decirse entre ellos. Lo que no aparecía en los diálogos entre dos personajes, aparece en otro momento en los diálogos de cada uno consigo mismo.

Al tratarse de una conversación interna, las voces se interpelan continuamente la una a la otra

En los diálogos internos, las voces suelen emplear la segunda persona. Son voces que se dirigen, en apariencia, directamente al lector. Al tratarse de una conversación interna, las voces se interpelan continuamente la una a la otra, el narrador en lugar de dirigirse a sí mismo en primera persona lo hace mediante el . Una voz literaria que suele enmascarar el discurso del escritor hablando consigo mismo. Su uso es una modificación del soliloquio, que, a diferencia de ser en primera persona, hace uso de la segunda persona. Puedes averiguar más sobre el uso de la segunda persona narrativa en esta magnífica entrada.

Link: https://capitulo1.escueladeformaciondeescritores.es/la-segunda-persona-narrativa

 

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