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El talón de Aquiles de la Liga

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El talón de Aquiles de la Liga

  

La temporada balompédica empezó caliente, que es como debe empezar un espectáculo tan dado a la hipérbole y el sensacionalismo. Traigo aquí el tema porque el origen remoto de la polémica es mitológico. 

Dos jugadores fueron expulsados en la primera jornada liguera por seguir los pasos de Paris; no por secuestrar a la WAG de Menelao, sino por buscar el talón del adversario. Y es que ahora se castiga con roja directa a todo jugador que le arree un plantillazo en el tendón de Aquiles a un rival. 

Talón de Aquiles

Dicha ligazón entre la pantorrilla y el calcáneo fue el punto flaco del héroe narcisista que tanto me recuerda a Cristiano Ronaldo. La Ilíada comienza con el monumental enfado de Aquiles y su deserción del campo aqueo; el crac portugués lloriqueaba y amenazaba con irse del Real Madrid cada vez que Florentino Pérez dejaba de hacerle cucamonas. Hasta que, de una buena vez, se largó a un equipo itálico, es decir, de la estirpe de Eneas, el troyano que, según Virgilio, fue el padre de Roma y vengó a Ilión. 

Me da que uno de mis talones literarios es la prolijidad, así que voy al grano. Con motivo del debate mediático alrededor de la nueva norma, algunos han recordado al héroe. Y hay quien se ha dado pisto, en tan inculto campo, al recordar que el talón del bebé Aquiles no tocó el agua milagrosa que le dio la invulnerabilidad. 

 

Quién sabe si, con el tiempo, veremos a diez delanteros por equipo con la prohibición expresa de dar balonazos al portero.

 

Esa es la versión más extendida y famosa de la leyenda. Su madre, la nereida Tetis, lo sumergió en las aguas negras del Éstige, el río infernal por el que los Olímpicos pronunciaban sus más terribles juramentos. Como lo tuvo que coger por el tobillo, esa parte de su pellejo no se convirtió en armadura. Así lo estableció Publio Papinio Estacio, poeta célebre bajo el emperador Domiciano y autor de la Aquileida, un poema inconcluso sobre el caudillo de los mirmidones. Hablamos de un romano que murió en el año 96 d. C. Su interpretación del mito no solo es única, sino también tardía. De hecho, Homero no menciona la tara heroica en la Ilíada, que termina con la muerte y funeral de Héctor. 

Hay aficionados que entienden que esa norma flamante que protege el tendón de Aquiles de los futbolistas es el germen de la mutación de los estadios en algo parecido a las universidades anglosajonasEs decir, una especie de kindergartens repletos de «espacios seguros», burbujas para adultos infantilizados con déficit de inmunidad a las opiniones ajenas, siempre al borde de una reacción anafiláctica ante una idea que no encaje en su rompecabezas mental de dos piezasQuién sabe si, con el tiempo, veremos a diez delanteros por equipo con la prohibición expresa de dar balonazos al portero. 

Pues la versión de Estacio se parece a un «espacio seguro» mitológico frente a la crudelísima versión primigenia. Los mitos, por lo general, retratan con viveza lo peor del ser humano y la tragedia de la existencia. Y la leyenda de la invulnerabilidad de Aquiles no iba a ser menos. Hablo del cuento original sobre los manejos de mamá para que no le hicieran pupa a su niño, un semidiós consentido y con muy poquita correa. 

Escultura de Aquiles moribundo en el Aquileón de Corfú

El rey rescató a su séptimo hijo del fuego; muy a tiempo, pues la única parte carbonizada fue el talón.

 

Tetis, en cambio, sí que era una diosa de pura cepa. Zeus y Poseidón bebían los vientos por ella, pero una profecía los avisó de que, si la seducían, el hijo resultante sería más poderoso que su padre. En consecuencia, Zeus se prohibió y le prohibió a su hermano tener algo con la nereida. ¡No iba a conocer él los riesgos!, que llegó al trono olímpico por un golpe de Estado contra su padre. Así que, ncorto ni perezoso, el Tonante le buscó un marido mortal a la diosa marina: Peleo, rey de los mirmidonesTetis se puso echa unas Furias, pero no le quedó otra que aceptar el matrimonio de conveniencia. 

El caso es que, antes de Aquiles, ella parió seis hijos, y a los seis mató. Involuntariamente, claro, pues buscaba lo contrario: hacerlos inmunes a la vejez y a la muerte, es decir, dioses. ¿Y cómo ocurrieron tan griegos, por fatales, acontecimientos? Pues con nocturnidad y a espaldas de Peleo; cada noche, la diosa acostaba a sus criaturas en un lecho de brasas para matar su mortalidad; por la mañana, los embadurnaba con ambrosía, el alimento de los dioses. 

Escamado, Peleo la espió cuando dio a luz a Aquiles. Al ver lo que pretendía su mujer, se abalanzó sobre ella, pero Tetis huyó al mar y nunca más volvió. El rey rescató a su séptimo hijo del fuego; muy a tiempo, pues la única parte carbonizada fue el talón. Peleo se fue de urgencias al sanatorio bucólico del doctor cuadrúpedo Quirón y este le implantó el calcáneo de un gigante, Demeso, un magnífico esprínter; de ahí, un epíteto del héroe: «el de los pies ligeros». 

 

Si aún no se han prohibido los mitos en la docencia, por crueles y no sé por cuántos cargos más, es porque las disciplinas clásicas apenas se promocionan. @JjPicos Clic para tuitear

 

Hay un relato similar protagonizado por Deméter. Cuando erraba por el mundo en busca de su hija Perséfone, raptada por Hades, quiso hacer inmortal a otro niño, Demofonte. Pero su madre la descubrió, dio un grito de horror y el niño cayó a las llamas. 

Si aún no se han prohibido los mitos en la docencia, por crueles y no sé por cuántos cargos más, es porque las disciplinas clásicas apenas se promocionan, salvo para darse aires en tal o cual sarao o tertulia. Muy paradójicamente, es decir, muy a la griega, el arrinconamiento contemporáneo de la Antigüedad quizá haya salvado a dioses y héroes de arder como los seis hijos de Peleo. Que se cubran de telarañas hemos de tomarlo como un ardid, pues las frágiles redes son obra de Aracne, una criatura de Atenea, la diosa de la civilización y la inteligencia. Son inmortales, así que pueden esperar a que amainen los temporales de necedad. 

 

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