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En veintitrés dosis menudas

Hablemos de estilo literario

Foto: Nathan Dumlao en Unsplash
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En veintitrés dosis menudas

Voy a transgredirme a mí misma para hablar de estilo «a saco Paco» y en un más que dudoso estilo literario. Destronaré mi propio ídolo. De vez en cuando, asumimos riesgos y pagamos el precio. El estilo, aun siendo uno mismo y su manera de ver, es también un combate en contra; de ideas preconcebidas, de prejuicios y de lo que llamamos ‘uno mismo’:

  1. El estilo literario no es algo que te propongas.
  2. No lo encuentras en la Wikipedia. Tampoco en los textos ajenos.
  3. Lo puedes imitar; de hecho, aprendes imitando. Después, a fuerza de leer, gustarte, disgustarte, consentir y disentir, vas descubriendo quién eres.
  4. Tienes que radiografiarte, reconocer tu columna vertebral y tu talón de Aquiles: qué sobra, qué falta, cuál es tu fuerte, dónde o con qué patinas.
  5. Tienes que leer poesía. Volverte poeta. Descubrir el asombro.
  6. No escribes porque sabes. Escribes porque no sabes. Si supieras, no tendrías nada que averiguar y escribir sería prescindible. Nadie se hace maestro para enseñar a otros. Se hace maestro para enseñarse a sí mismo.
  7. Escribir es reescribir: lo has leído cientos de veces. La belleza emerge entre la maleza. No dice «allá voy, ábreme paso, prepárame el jardín». El jardín te lo trabajas. Cada quien se trabaja su propio jardín.
  8. El estilo va aconteciendo desde la libertad, pero nadie nace libre (no hay más que ver un recién nacido). La libertad es una conquista ardua. Igual que no es libre quien hace lo que le viene en gana, sino quien dirige sabiamente su acción, con el estilo, igual.
  9. Virginia Woolf era contundente: «No debemos malgastar nuestras facultades necia e inútilmente mojando media casa para regar un rosal; hemos de disciplinarlas con firmeza y precisión aquí, en el lugar concreto». Justo en este que te ocupa aquí y ahora.
  10. Cuando escribes, la búsqueda de la palabra debería ser como la del objeto perdido: solo ese quieres, solo él te satisface.

Cada vez que des tu texto por finalizado, que sea porque lo encuentras inmejorable, a sabiendas de que si volvieras sobre él en un futuro, te asombraría tu descaro de hoy.

 

  1. Cada vez que des tu texto por finalizado, que sea porque lo encuentras inmejorable, a sabiendas de que si volvieras sobre él en un futuro, te asombraría tu descaro de hoy.
  2. A veces solo es cuestión de una coma; otras, de eliminar un adjetivo; otras, de añadir un matiz. ¿Es imprescindible? ¿Se viene abajo tu texto si lo eliminas?
  3. No cometas el error de preferir la frase corta porque te han dicho que es mejor no contar cosas de más o evitar decirlo todo. Una cosa es permitir que el lector imagine y otra renunciar a la música.
  4. Habrá días en que te apañes con un estribillo o con un mantra, pero otros necesitarás la sinfonía completa, con sus tempos y movimientos. Habrá días en que el bocata de queso será suficiente y otros en que busques mesa y mantel. Unos y otros tendrás que pelear contra el deseo de dejar que las circunstancias decidan por ti.
  5. Busca en lo ordinario significado y belleza. Haz del mundo un lugar personal. El mundo eres tú.
  6. ¿Existe algo llamado norma de calidad? Tú y yo creemos que sí y miramos a diestra y siniestra para evitar tropiezos. ¿Y si no lo hiciéramos? Asumimos que hay un secreto de belleza en eso que perseguimos. Lo hay. El problema es que en lugar de trabajar en nuestro propio secreto nos quedamos mirando desde una esquina sin atrevernos a abandonar la posición de mirones. El temor de violentar la norma nos mantiene presos ahí.
  7. Ansel Adams, fotógrafo estadounidense pionero en desarrollar un particular sistema de fotografiado, decía: «No hay reglas para las buenas fotos; solo hay buenas fotos». Con los textos, igual.

«Si te empeñas en ser tú y en esforzarte (escribir, reescribir, leer, releer), el producto de tu esfuerzo llevará tu firma. Antes o después, habrá brotado tu estilo». @marianRGK Clic para tuitear

  1. Siempre es posible ver más allá de los márgenes que proponen normas y estilos ajenos.
  2. Darás algo por cierto y, en cuanto lo hagas, asaltará tu mente otra certeza, tal vez, contraria.
  3. Estamos rodeados de estándares: la encimera de tu cocina podría ser más alta porque tú lo eres; la estantería, más baja porque no llegas a tus libros habituales; se come entre las 13 h y las 15 h, aunque no haya hambre. Todo se rige por estándares. ¿Por qué deberían encajar contigo?
  4. Seguro que tu texto es mejorable. Dilo de distintas formas. Voy a hacer un ejercicio a partir de una frase de nueve palabras e iré introduciendo una palabra más por vez y haciendo pequeñas variaciones. A ver qué pasa:
  • Estoy solo ante mi postre y es de noche.
  • Mi postre y yo estamos solos y es de noche.
  • Un día más anochece y estamos solos mi postre y yo.
  • Un día más ha empezado a anochecer mientras contemplo mi postre intacto.

Puedes pensar cuál de las frases te parece más literaria y por qué.

  1. La virtud no siempre está en la frase corta. Concisión es otra cosa.
  2. Si te empeñas en ser tú y en esforzarte (escribir, reescribir, leer, releer), el producto de tu esfuerzo llevará tu firma. Antes o después, habrá brotado tu estilo.

No hay leyes; de hecho, no sé qué hago diciéndote esto. Si lo hago, es porque yo misma trato de desentrañar el misterio y me seduzco con la idea de que estarás de acuerdo conmigo. Por eso, esta vez, he probado a violentar mi estilo.

 

 

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