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La falacia patética como recurso literario

El funeral de la poetisa Shelley, de Louis Édouard Fournier (1889). Fuente: Wikimedia Commons Dominio Público
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La falacia patética como recurso literario

 

«A pesar de encontrarnos así protegidos, podíamos escuchar el viento que se levantaba, pues gemía y silbaba a través de las rocas (…). El aguzado viento todavía llevaba los aullidos de los perros. Me sentí terriblemente angustiado, y los caballos compartieron mis miedos».

Si usted ha descrito o usado referencias similares en sus textos, sin duda alguna ha incurrido en un caso de «falacia patética». Con este nombre se conoce al recurso literario que concede atributos humanos a objetos inanimados como el clima, la vegetación e incluso objetos, como muebles y edificios, donde el viento gime y silba. Pero no se asuste, no es tan horrible como uno pueda pensar al escuchar el término. De hecho, el vocablo «patético» de raíz griega (pazetikós), hace referencia a algo que produce emociones, que conmueve, que de alguna manera genera empatía. Sin embargo, por influencia del uso inglés del mismo término (pathetic), mucha gente hoy al escuchar la palabra «patético» piensa en algo lamentable, pésimo o ridículo. Así pues, la falacia patética es el recurso literario que concede atributos humanos a objetos inanimados mediante el uso de un lenguaje figurado. Obviamente, la dotación de estos atributos es meramente figurativa y nunca literal y, aunque a John Ruskin le pareciese un error hacer uso del mismo (de ahí que lo denominase «falacia» en su ensayo de 1856) dada su ferviente defensa del realismo en el arte, tiene muchos usos en la práctica literaria. Veamos cuales pueden ser sus principales funciones.

Para empezar, nos puede ayudar a simplificar una descripción. Si leemos «de las ventanas colgaban unas tristes cortinas», probablemente nos venga a la mente unas cortinas viejas, pocos lustrosas. El atributo «triste» enseguida crea en nosotros una imagen familiar del objeto sin necesidad de tener que describirlo con mayor detalle.

Sin embargo, su uso principal es el de dotar a una escena con la atmósfera adecuada a lo que queremos transmitir al lector. Es muy útil para crear un ambiente en sintonía con lo que experimentan los personajes y, así, causar un mayor impacto emotivo en el lector. El fragmento con el que se inicia el artículo pertenece al primer capítulo de Drácula de Bram Stoker, cuando el protagonista describe sus impresiones al acercarse a las propiedades del conde. El viento que gime y silba entre los árboles aumenta la sensación de miedo del protagonista. Incluso aunque no hubiese mencionado que sentía angustia, la propia ambientación ya transmite esa emoción.

La falacia patética es el recurso literario que concede atributos humanos a objetos inanimados mediante el uso de un lenguaje figurado. El mayor riesgo de usarlo es... Clic para tuitear

El recurso se usa mucho en aquellos géneros literarios en los que el escenario juega un papel importante (ej. novelas góticas y de terror) pero está presente en casi cualquier género en mayor o menor medida. Incluso en novelas realistas es posible encontrar momentos en los que el autor establece una estrecha relación entre el paisaje de fuera y el estado anímico del personaje, hablando así de una «ciudad triste» o unos «campos alegres».

El mayor riesgo del recurso es caer en los tópicos por demasiado usados que entonces sí pueden llevar a lo ridículo, como una escena romántica en un campo florido o un funeral con lluvia y paraguas negros, escenas excesivamente recreadas en la literatura y en el cine, y que todo autor debe reconsiderar a la hora de usar en sus relatos, buscando una manera más personal de generar un ambiente en sintonía con las emociones que quiere transmitir.

Los códigos culturales cambian y nuestras emociones con ellos, lo que hace un siglo o menos transmitía una sensación de miedo ahora puede resultarnos irrisorio, la angustia ahora puede emplazarse más en un espacio pulcro, lleno de luz y vacío de una multinacional que en un castillo gótico. Esta es la belleza de la literatura, su carácter cambiante dentro de lo universal, donde el autor debe buscar continuamente su manera personal para hacer llegar las sensaciones comunes a sus lectores.

 

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