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«Falcó» de Arturo Pérez-Reverte

Falcó
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Falcó de Arturo Pérez-Reverte

Parece que el tiempo no pasa por nosotros, pero cuando echamos la mirada atrás y unimos los puntos de nuestro pasado, descubrimos que esa salida que parecía tan cercana, hoy pertenece al mundo de lo onírico y solo sobrevive en forma de un recuerdo que no sabemos si es real o que hemos configurado en nuestra mente a nuestra medida. Fuera como fuere, el Carmelo Beltrán adolescente que leyó por primera vez una novela de Arturo Pérez-Reverte ya no existe. Ha mutado en otro. Mejor o peor, no lo sé, pero sí que distinto. De veinticuatro años —casi ya una cifra más—, que mantiene las ganas de seguir paseando por la obra de un escritor que le regaló unas aventuras en el siglo XVII que, en parte, desembocaron en ese amor que hoy en día siente por la literatura. De esta manera, es el día de agradecérselo con una reseña sobre el comienzo de la última trilogía en la que se ha aventurado: bienvenido a la historia de Falcó.

La historia que se esconde en Falcó de Arturo Pérez Reverte

Falcó no es una novela que contenga una trama terriblemente compleja. Creo que justo ahí, en desmadejar un hilo que surge a partir de pequeños detalles de grandes personajes se encuentra el encanto que encierra. Es una historia que se concibió como autoconclusiva, pero que ahora sabemos que continúa en el tiempo. Desde luego, la realidad es que invita a ello, por sí misma y por las terribles ganas con las que el lector llega hasta el punto y final. No voy a poder tardar demasiado en adquirir Eva, que es la siguiente en la lista.

Tratando de que la ejecución de este artículo sobre Falcó no se vaya demasiado lejos —como sí que le ocurrió a la guerra civil española—, toca volver a centrarse en sus páginas. Arturo Pérez-Reverte nos plantea una historia que, a primera vista, parece lineal, con personajes que no encierran demasiados secretos y con pocas velas iluminando un territorio que es, a todas luces, oscuro. Te estremece conocer cada fragmento de su narrativa. Al fin y al cabo, es nuestro pasado. Nuestras raíces. Lo que hoy somos deriva directamente de este punto de la historia.

El protagonista de la historia es el propio Falcó. Un hombre sin bandera. Un guerrero que no entiende el sabor de la patria. Bandido que se vende al mejor postor y sin valores morales. @carbel1994 Clic para tuitear

El protagonista de la historia es el propio Falcó. Un hombre sin bandera. Un guerrero que no entiende el sabor de la patria. Bandido que se vende al mejor postor y sin valores morales que le impidan trabajar para cualquiera en una España cuya brecha ha sido tan grande que en pleno 2018 sigue existiendo su fractura. La acción comenzará cuando su actual jefe —que, en este momento, se encuentra en el bando nacionalista—, le ordene infiltrarse como agente secreto en el bando republicano, para así tener información fidedigna imprescindible ante la difícil misión que están a punto de comenzar: la liberación de José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante.

El contexto de la guerra civil española

La trama de Falcó se desarrolla bajo la atenta mirada de una España que llora por la división de sus retoños. Republicanos y nacionalistas se enfrentan por sus ideales, por el mundo que conciben a corto plazo, aunque Arturo Pérez-Reverte tiene claro un mensaje. Una idea que fuera de su ficción también ha dejado patente en las más diversas entrevistas que ha concedido a los medios de comunicación.

Arturo Pérez-Reverte, periodista de guerra durante mucho tiempo, ha sentido en su propia piel las calamidades de los conflictos bélicos.

Arturo Pérez-Reverte, periodista de guerra durante mucho tiempo, ha sentido en su propia piel las calamidades de los conflictos bélicos. El aroma de su muerte fue su fragancia corporal durante más de dos décadas, pero, ante toda la desazón que rodeó su rutina, también fue capaz de atisbar la belleza que se escondía en ese lugar, en el instante en el que la verdadera naturaleza humana salía a colación.

Él siempre ha tenido clara su visión del mundo. En guerras como la que hoy nos ocupa se enfrentan familias. Hermanos, vecinos, amigos y compañeros —familias, todos ellos— que un día comparten una cerveza en cualquier tugurio nocturno y al día siguiente, las lindeces de la vida acaban por colocarlos en extremos contrarios que les llevará a enfrentarse hasta la muerte. Arturo Pérez-Reverte sostiene que entre quienes ostentan el poder las ideologías tienen sentido, pero que por dentro, los idealistas que quieren cambiar el mundo son semejantes, independientemente del bando que escojan. Me encanta la humanización e igualación de ambas partes en el conflicto. Es parte de la magia de esta novela.

Es importante señalar un dato que se indica al principio de la novela por el propio escritor. Pese a ser ficción histórica, hay ciertos detalles que han sido modificados a placer con objetivos novelescos y literarios.

La Guerra tenía un ganador desde el principio

Se puede observar en toda obra relacionada con este conflicto bélico, pero la verdad es que nunca me he cansado de apreciarlo. Comprenderlo, entenderlo, situarlo en su contexto, es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestras expectativas y sensaciones respecto del mismo.

No es difícil saber quién se coronaría en esta batalla. Tras el levantamiento militar, la República puso toda la carne en el asador por mantenerse fuerte, aguantar sus filas y resistir la contienda, pero desde la perspectiva que da el tiempo, nos damos cuenta de que no tenían nada que hacer.

Existía un elemento que marcaba la diferencia entre ambos bandos y que distaba en demasía de ser únicamente el apoyo de una Alemania e Italia fascistas que necesitaban rodearse de cuantos más apoyos europeos, mejor, en pos de una Segunda Guerra Mundial que toda persona inteligente vislumbraba en el horizonte cercano.

El bando nacional estaba compuesto por un ejército profesional.  La disciplina, el trabajo y la preparación era su seña de bandera. Al fin y al cabo, un pasado y presente de preparación les dejaba en la mejor posición posible para esta tarea que enfrentaban. Estaban acostumbrados. Por su parte, los republicanos luchaban con el corazón, se defendían por los valores que enarbolaban. En una guerra eso no te asegura ninguna victoria.

La polémica alrededor de su protagonista

Arturo Pérez-Reverte nunca descansa lejos de la polémica. Cada vez que aparece por Twitter sube el pan y ya son muchos los que argumentan que es mucho mejor su faceta de redes sociales que la escritora. Yo, por mi parte, pienso que lo que predomina en todo momento es la visión de su pasado periodista, los valores que aprendió en la guerra y una capacidad para observar el mundo, analizarlo y encontrar los puntos débiles y fuertes, que no está al alcance de todos. Todo ello se mezcla en el baile de sus letras y dota a sus novelas de un aroma y sello personal inconfundible.

Dejando a un lado su faceta más personal, hay que recordar la polémica que llenó las redes sociales cuando Falcó fue publicada. Aunque bueno, tampoco es nada del otro mundo si recordamos que, novela tras novela, son muchos los que tratan de encontrarle las cosquillas a los esquemas narrativos de Arturo Pérez-Reverte. Desde un primer momento se tachó a la figura del escritor de machista y misógino, a la par que se empleaban estas características para tildar a su autor con los mismos factores, algo que, a todas luces, siempre me ha parecido peligroso. Tú no eres el personaje que construyes. Solo es alguien que surge de ti, de tu mente e imaginación, que no tiene por qué compartir ningún valor personal. Y, pese a que es algo que todos tenemos claro, la jauría de personas sedientas de minutos de fama se empeñaba en decir que un escritor machista, construía historias machistas.

Falcó es un personaje machista. Un profesional que hará lo posible para sobrevivir. Es prepotente y mira a todo el mundo por encima del hombro.

Sí, es cierto. Falcó es un personaje machista. Un profesional que hará lo posible para sobrevivir. Es prepotente y mira a todo el mundo por encima del hombro. Es más, cada vez que se encuentre a una mujer que le atraiga utilizará todas las armas que tenga a su alcance para llevársela a la cama. Creo que nadie que haya leído la novela puede dudar acerca de esto. Pero, claro, contemplar este panorama desde la visión moral del siglo XX es tremendamente peligroso si nos encontrábamos ante una novela que quiere representar la realidad española durante la década de los treinta. En aquel entonces el mundo era —y lo sigue siendo— tremendamente machista y Arturo Pérez Reverte ha comentado en incontables ocasiones que quería reflejar esta realidad a través de un personaje acorde al contexto.

Más allá de todo ello, han pasado pocos días desde que tuve la oportunidad de disfrutar de una entrevista que ofreció a un medio argentino en el que trataba de explicar el reto que le había supuesto una novela como Falcó y su personaje protagonista. Él quería construir un personaje que pudiera ser odiado por todos los lectores del siglo XXI, pero, a la par, quería conseguir que, de alguna manera, el lector también pudiera sentirse identificado con ciertos valores de la persona. Por ello se esforzó en la composición de un escenario de colores grises donde nadie fuera tan malo y las pesquisas de nuestra mente pudieran derivar en otras conclusiones.

Falcó puede representar muchas realidades, pero hay una verdad clara: nunca deja a nadie detrás.

Arturo Pérez-Reverte logra este resultado a partir de dos factores. El primero es el de la lealtad. Falcó puede representar muchas realidades, pero hay una verdad clara: nunca deja a nadie detrás. Será un profesional del conflicto, un mercenario, pero entiende lo que supone ser fiel a uno mismo y a las personas que le rodean. Es consciente de que en un escenario de guerra es fundamental para no perder el norte. El otro, la admiración. Surge a partir de esta faceta machista comentada, que cae por su propio peso en cuanto aparece una mujer a la que considera digna de idolatrar. Sucederá con Eva. A partir de ese punto nada de lo pensado hasta el momento permanecerá. La convertirá en una guía, en una persona a la que seguir. Ella es, sin lugar a dudas, mi personaje favorito de toda la historia. Guarda muchos más secretos de los que puedas imaginar.

La crítica a la moralidad, el patriotismo y el simbolismo

Falcó, novela y personaje, es en sí mismo una crítica a todo lo que contaba durante la guerra civil española. Los años treinta estaban liderados por idealistas, por quienes creían en causas y estaban dispuestos a morir por ellas. Época en la que había una razón para matar y nadie se preguntaba si era o no la correcta. Simple y llanamente, lo era.

De esta manera, Arturo Pérez-Reverte nos presenta un protagonista que es totalmente contrario a esta idea. Falcó carece de toda ideología y de lealtad a una causa. Solo entiende de personas y no cree en símbolos, ni siquiera hablemos sobre banderas. Su única misión es vivir un día más, obedecer las órdenes que llegan desde arriba y mantenerse útil para quien le paga las facturas en unos tiempos tan oscuros. No se pregunta por bandos, tampoco teme por quién ganará la guerra. Es consciente de que, pase lo que pase, todo irá a peor, que una brecha así no se cura de la noche a la mañana y no seremos nosotros quienes le contradigamos. Después de todo, en pleno 2018 sigue la marca de su peso en la calle.

Hubo un momento en el que ya no se trataba de ganar, sino de no perder.

Su visión aséptica es la que nos va a permitir disfrutar más de la historia. Se trata de una novela que no está manchada de tintes ideológicos porque el propio escritor entiende que no había tantas diferencias entre unos y otros. Que lo importante no era qué bandera se ondeaba, sino tener la capacidad de llegar vivo a la mañana siguiente. Hubo un momento en el que ya no se trataba de ganar, sino de no perder.

Por ello Falcó no cree en ninguna causa, y esto le genera más de una discusión, se mofa del patriotismo porque ha servido a tantos países como han requerido sus servicios y lo único que le importa del simbolismo es mantener en su bolsillo el dinero que opere una vez termine la Guerra.

Aprendiendo mucho sobre historia

Desde hace muchos años soy un apasionado de la literatura histórica. Me enamoré del género en su día con un gran Ildefonso Falcones (viajé a Barcelona solo para hacer el recorrido de La catedral del mar) y continué por una serie de ilustres autores que fueron ganándome poco a poco.

De esta manera, puedo afirmar que una de las cosas que más me gusta de leer literatura histórica es aprender. No sé cuántos conocéis esta faceta personal, pero siempre tengo un hambre feroz de aprender nuevas ideas. Por un lado está mi profesión, marketing digital, donde prácticamente cada día necesito formarme de alguna manera, y, después, todo lo que también me apasiona: literatura, historia, cine, mitología…

Pues la literatura histórica consigue darme ese punto. Cuando la leo siempre acabo consultando en internet las referencias que aportan, los datos que nos regala y cómo la ficción se integra con una realidad, algo que a todas luces parece complicado. Con Falcó también ha pasado, sobre todo a raíz de la advertencia de que ciertos elementos habían sido adaptados a los intereses de la narrativa. Pero, por ejemplo, no tenía ni idea de cuál había sido el destino de José Antonio Primo de Rivera. Ya me acosté sabiendo algo nuevo.

Quiero continuar con la saga de Falcó

Falcó es una trilogía de Arturo Pérez-Reverte y me he quedado con muchas ganas de continuar con la saga. El escritor cartagenero me ha ganado en esta historia y tengo claro que necesito saber de Eva y Sabotaje. Así que me veréis por el canal, si os gusta, contándose también. Algo me dice que van a estar muy lejos de ser una decepción.

¿Vosotros habéis leído Falcó? ¿Habéis disfrutado de la literatura de Arturo Pérez-Reverte? ¿Qué os parece su figura? ¡Tenéis los comentarios a vuestra disposición plena!

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