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Italo Calvino: más allá del lenguaje

Hablemos de estilo literario

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Italo Calvino: más allá del lenguaje

 

«En el amor, como en la gula, el placer es una cuestión de máxima precisión».

Italo Calvino.

 

Italo Calvino se interesó vivamente en el lenguaje y la creación literaria. Más allá de perseguir un estructuralismo objetivado en sí mismo —y carente de sentido, todo hay que decirlo—, escudriñó la influencia que ejercía en el ser humano. Saltó de la dimensión del lenguaje cuyos signos se encuentran encapsulados en dos categorías —ancho y alto—, a la dimensión en la que el hablante le proporciona sentido y lo hace volar. El mero acto de expresarse era para él un acto moral.

Saltó de la dimensión del lenguaje cuyos signos se encuentran encapsulados en dos categorías —ancho y alto—, a la dimensión en la que el hablante le proporciona sentido y lo hace volar. @marianRGK Clic para tuitear

Una peculiar manera de decir

Durante cuarenta años escribió ficción; solo después se interesó en buscar una definición para su trabajo. «He tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades; he tratado, sobre todo, de quitar peso a la estructura del relato y al lenguaje».

Italo Calvino se inició en la exigencia de representar su tiempo, «imperativo categórico de todo joven escritor». Hizo de la realidad histórica, densa y convulsa, un lugar propio desde el que narrar vicisitudes, tanto colectivas como individuales.

Todo esto sucedía en el escenario arrojado tras la Segunda Guerra Mundial.

 

El artificio narrativo

En esos inicios, el autor de la trilogía Nuestros antepasados  —El vizconde demediado,  El barón rampante y El caballero inexistente queda atrapado entre los hechos pesados y opacos de la vida y la necesidad de dotar a sus escritos de agilidad y nervio; entre el mundo, cuya velocidad se asemeja a la de la piedra, y el rechazo de esa visión directa que evita ser dañado por ella. Él, como su varón rampante, se sube a las alturas para desentrañar mejor los avatares mundanos.

Su sencillez narrativa pone de manifiesto las contradicciones en las que incurre el propio lector. Le asiste una pretensión: buscar su complicidad, lograr que la locura y la excentricidad de sus personajes parezcan lógicas.

Asume con el tiempo un modo de hacer literatura que entronca ya con el artificio, con la transparencia de la estructura narrativa; con esa forma que hace visible el fondo, lo fantástico que aborda problemas y dificultades del presente. Su sencillez narrativa pone de manifiesto las contradicciones en las que incurre el propio lector. Le asiste una pretensión: buscar su complicidad, lograr que la locura y la excentricidad de sus personajes parezcan lógicas.

«El cuento fantástico es uno de los productos más característicos de la narrativa del siglo XIX y, para nosotros, uno de los más significativos, pues es el que más nos dice sobre la interioridad del individuo y la simbología colectiva. […] El verdadero tema del cuento fantástico del siglo XIX es el de la realidad de lo que se ve».

 

Mesura en su concepción de la literatura

¿Quién está en posesión de la verdad? Para responderse, Calvino no se detiene en lo fantástico, sino que ahonda en ello hasta llegar a la fabulación; a lo alegórico y simbólico, como un modo de captar el núcleo de lo histórico y lo político, lo público y lo privado de la psicología humana.

Tampoco se detiene en la levedad cuando pretende zafarse de la pesadez; al contrario, permanece en esa oscilación, llenando y vaciando una y otra vez el mismo cubo —en alusión al cuento de Kafka, El jinete del cubo— porque mantenerlo lleno le impediría volar.

Es la privación en la que vive el héroe del cuento popular la que le permite acceder a la levedad, «al reino en que toda carencia será mágicamente satisfecha».

Calvino es quien observa los campos de fuerzas que actúan cuando un anillo hace moverse a los personajes; las razones que el fondo de la fábula evidencia para que cada actor se comporte, no solo conforme a su naturaleza, sino también a su propósito. Sabe que solo en esa contraposición se logra una suerte de equilibrio.

 

La semiología…

Eliminar lo no esencial para acceder a la transparencia se convirtió en su leitmotiv. Alcanzar una visión de la totalidad: lo visible y lo invisible. Ubicar la vida en su complejidad y volver accesible dicha complejidad.

Empieza a interesarse por el signo tras su etapa fantástica. La economía, el ritmo y la lógica se convierten en la diana con la que transcribe cuentos populares italianos. «Experimentaba un placer particular cuando el texto original era muy lacónico y debía intentar contarlo respetando su concisión y tratando de extraerle el máximo de eficacia narrativa y de sugestión poética».

Calvino abraza un período de experimentación al contactar con Raymond Queneau e ingresar en el grupo OuLiPo. El juego se le vuelve interesante. Escribe El castillo de los destinos cruzadosLas ciudades invisibles y Si una noche de invierno un viajero.

 

… y la búsqueda del conocimiento

En este último, un lector que comparte ideas y descubrimientos con una lectora trata de leer un libro sin lograrlo debido a sucesivos inconvenientes. La obra culmina con una conclusión: todo relato tiene dos posibles y únicos finales; uno, el casamiento de los protagonistas tras superar infinidad de vicisitudes; y dos, su muerte.

Extrapolándolo a la vida literaria: ese lector que compartía avatares con la lectora termina casándose con ella y disfrutando de su relación conyugal, y disfrutando también de un libro de Italo Calvino que lleva por título Si una noche de invierno un viajero.

Es el sentido último de la vida ordinaria en la que solo existen esas dos mismas posibilidades: o la continuidad de la misma o la muerte.

Mientras seguimos vivos, hagámoslo desde el goce de sus vislumbres, sus ciudades irreconocibles o desde el instante crucial en que todo empieza y todo acaba, apéndice con el que culmina la obra Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela, edición de 1998).

Foto: Wikimedia Commons. Fotograf: Johan Brun, Dagbladet [CC BY-SA 4.0]

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