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Jack London (1876-1916): la obra de un espléndido meteorito

Published by L C Page and Company Boston 1903 [Public domain], via Wikimedia Commons
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Jack London (1876-1916): la obra de un espléndido meteorito

En algunos autores es imposible separar la vida de la obra. En sus escritos se muestran desnudos, sin pudor, orgullosos de compartir con sus lectores cuanto han aprendido de la vida. Incluso su estilo literario es un reflejo de su personalidad. Este es el caso de Jack London.

En sus cuentos dominan la acción y la tensión. Utiliza un vocabulario preciso y adjetivos potentes. No se detiene en las divagaciones psicológicas de sus personajes, en su mayoría rudos y salvajes. Conduce a sus cazadores y buscadores de oro del Klondike y del Yukón (ríos próximos a Alaska) a situaciones límite donde la naturaleza se impone con toda su crudeza. En sus relatos, London no imagina, reproduce sus experiencias extremas. Los suyos son los cuentos de un aventurero. De un superviviente que creció en los muelles de San Francisco repartiendo periódicos y robando ostras. De un buscador de oro que regresó de Alaska debilitado por el escorbuto. De un marinero, de un vagabundo.

«En sus relatos, London no imagina, reproduce sus experiencias extremas. Los suyos son los cuentos de un aventurero». Beatriz Cortel Clic para tuitear

Se dice que sus cuentos muestran la irremediable sumisión del hombre ante la ley natural («La compasión no existía en la vida primitiva. Matar o morir, comer o ser devorado, esa era la ley»), pero me parece insuficiente. London lo hace con un fin: desconcertar al lector para obligarle a mirar el mundo y a sí mismo desde otra perspectiva menos condescendiente.

Respecto a la forma de mirar el mundo: el autor formula preguntas incómodas al hombre de inicios del siglo XX, que se enorgullecía del progreso de la segunda revolución industrial ignorando las bolsas de desempleo y pobreza que arrastraba en su camino. Para London el hombre moderno (en muchos casos «incapaz de salvaguardar un mísero trozo de pan») vivía más miserablemente que su antepasado salvaje, que al fin y al cabo había conseguido alimentar a los suyos. La sociedad civilizada de su tiempo no le parecía menos implacable que la ley natural.

Encerrado en las grandes urbes, el hombre moderno olvida sus orígenes y se vuelve un esclavo de sus miserias. La naturaleza lo sobrecoge y revuelve, obligándole a pensar.

Pero London también busca cambiar la mirada de sus lectores hacia sí mismos. Encender una hoguera, Amor a la vida, La ley de la vida… son cuentos que impactan porque devuelven al hombre a su verdadera dimensión, lo enfrentan a su fragilidad y a su finitud. Encerrado en las grandes urbes, el hombre moderno olvida sus orígenes y se vuelve un esclavo de sus miserias. La naturaleza lo sobrecoge y revuelve, obligándole a pensar. London afirmaba que en el Klondike se había encontrado a sí mismo. Tal vez fuera allí cuando concibiera el lema que marcaría su vida: «Preferiría ser un espléndido meteorito antes que un planeta dormido y permanente». Sus intensos cuarenta años de vida y sus cuentos feroces lo corroboran.

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