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Jane Austen: dimensión descriptiva

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Jane Austen: dimensión descriptiva

En multitud de ocasiones, cuando nos encontramos sumergidos en lo más insondable de una novela, tenemos la impresión de que nos trasladamos a una dimensión paralela a la nuestra; algo así como un submundo. Aquí, todo lo que sabemos o recordamos sobre nuestro mundo carece de transcendencia y conocemos un nuevo espacio creado por el escritor, en el cual todo está regido por las normas o leyes del mismo. Pero… ¿es posible crear una dimensión que se prolongue más allá de la realidad teniendo como único utensilio el escribir y como única ciencia la escritura?

El trabajo de Jane Austen en sus novelas nos va a permitir alcanzar una respuesta que dé cabida a un espacio creado únicamente para el lector.

«Austen escribió en busca de una reivindicación que favoreciera la figura femenina en la época, ya que estaba sometida a las normas que los hombres establecían sobre ellas». Pedro Fresno Chamorro Clic para tuitear

Todos sabemos que la mundialmente conocida novelista británica Jane Austen dejó escrita una amplia variedad de novelas realistas (Sentido y Sensibilidad, Orgullo y Prejuicio, Emma, Mansfield Park, etc.) allá en la época en la que la educación de la mujer no era un hecho prioritario. Austen escribió en busca de una reivindicación que favoreciera la figura femenina en la época, ya que estaba sometida a las normas que los hombres establecían sobre ellas. También podemos apreciar en sus novelas ese sentimiento de soledad intelectual que la escritora sufre; sentimiento que podríamos considerar más que lógico, debido a que Austen desprendía genialidad en cada uno de sus movimientos (por no hacer referencia a su escritura).

Podemos considerar una especie de debate creado en los últimos tiempos, entre personas que piensan que la escritora pertenece al Romanticismo y personas que piensan que su forma de expresar los sentimientos es tan intensa que induce a la confusión y puede conducir a los lectores a atribuirle un tono romántico que en realidad no le pertenece.

Podríamos advertir que la característica más importante en las obras de nuestra escritora es el realismo que brota en sus historias, pero para dar una respuesta a esa dimensión paralela que solo el lector conoce debemos centrarnos en la descripción de lugares y personajes que viven en las obras de Austen.

Tomaremos como punto de partida el realismo que impregna cada descripción. Esa genialidad nombrada anteriormente permite a la escritora describir los lugares en los que transcurre la historia de una forma tan suntuosa que es capaz de trasladar al lector e introducirlo de lleno en el núcleo de la historia.

Podríamos llegar a intuir que la escritora británica no se excedía en la propia descripción con el fin de dar cabida a la colaboración por parte del lector en la creación de estos mundos «imaginarios».

Hay algo muy llamativo en la creación de esta dimensión. Sus descripciones no son excesivamente extensas cuando se supone que deberían tener una gran cantidad de contenido para conseguir alcanzar el realismo necesario. Además, Austen no pretende perfilar demasiado los personajes. Estas descripciones están creadas a partir de una extensión y calidad justas para introducirnos en esa supuesta dimensión (ni más, ni menos), aunque podemos observar algo más allá. Podríamos llegar a intuir que la escritora británica no se excedía en la propia descripción con el fin de dar cabida a la colaboración por parte del lector en la creación de estos mundos «imaginarios». Austen pretende que el lector (elemento 1), junto con ella (elemento 2), creen la dimensión al unísono (elemento 1 + elemento 2= dimensión descriptiva), haciendo así al propio lector partícipe y haciendo posible que dentro de la misma dimensión podamos observar características distintas si tratamos con diferentes lectores.

Dimensión descriptiva

Usando Emma y Sentido y Sensibilidad, dos de las obras cumbre de nuestra escritora, como ejemplo del realismo que impregna las historias de Austen y el cual es el principal causante y creador de dicha dimensión paralela, podemos observar que, al adentrarnos en el entorno, también nos adentramos en la sociedad creada por y para ese entorno.

Apreciamos en ambas obras (sin ser las únicas) una sociedad bastante rígida, donde el éxito o el fracaso están ligados al matrimonio. Es posible considerar en ambas obras una especie de mercado matrimonial, un comercio en el que muy extrañamente reina el amor y en el que las familias toman las riendas de sus hijos y buscan para ellos el matrimonio que mejor les convenga. El dinero y la necesidad de vivir cómodamente crean en la mujer una especie de dependencia del hombre, una falta de autonomía, hecho que nos conduce a un análisis desastroso del personaje femenino de la época.

El lector, al percibir esa realidad en la descripción de los personajes y en sus propios actos, se siente identificado con los personajes creados por la escritora, indaga en su mundo e incluso interactúa con ellos por medio del único instrumento del que dispone: la lectura.

La efectividad con la que Austen crea sus personajes y su capacidad de darles voz con un juicio digno de un ser humano hace que en el interior de esta dimensión descriptiva nosotros tengamos un sentimiento de similitud con los personajes. Es decir, podríamos incluso alegar que Austen nos convierte a nosotros mismos en personajes de sus novelas al imprimirles a sus propios personajes ese nivel de realismo. Usando como ejemplo a las dos hermanas protagonistas de Sentido y Sensibilidad podemos observar en ellas características dignas de cualquier persona real de la época. El lector, al percibir esa realidad en la descripción de los personajes y en sus propios actos, se siente identificado con los personajes creados por la escritora, indaga en su mundo e incluso interactúa con ellos por medio del único instrumento del que dispone: la lectura.

No sería una locura afirmar que la literatura tiene como finalidad la creación de mundos o dimensiones para quienes son capaces de habitarlos. Cada cual elige su mundo, teniéndose en cuenta que la creación de estos consiste en un acto genial, únicamente digno de autores llamados a ser genios.

Pedro Fresno Chamorro

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