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«La biblioteca de Babel»: infinitud y finitud en el universo borgiano

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La biblioteca de Babel: infinitud y finitud en el universo borgiano

 

Un periodista de la revista Gente (sede central en Buenos Aires) no tuvo más remedio que rendirse a los pies del modesto pero más que influyente Jorge Luis Borges en una entrevista realizada en 1972. «Borges, usted es un genio», afirmaba el interlocutor. «No crea, son calumnias», fue la breve y concisa respuesta del escritor argentino ante tal acusación de grandeza. Esa frase que denuncia a Borges y expone su genialidad se repite en mi cabeza una y otra vez, de forma paulatina, mientras leo y releo La biblioteca de Babel.

 

Una de las posibles conclusiones que se pueden obtener de este cuento es la contraposición entre una búsqueda de conocimiento infinito y una existencia finita.

 

Son dos los términos que, además de ser conceptos transcendentales en la historia de la historia (valga aquí la redundancia), llaman mi atención: las ideas de infinitud y finitud. El ya mencionado genio, Jorge Luis Borges, dedicó gran parte de su existencia a intentar descifrar en qué consiste esa infinitud que tanto anhela el hombre, y si, de algún modo, los libros y la literatura tenían algo que ver con esa aspiración. En la obra del autor argentino, el concepto de infinitud podría presentarse de dos formas distintas. Primero, una infinitud ligada al conocimiento; lo cual desembocaría en el concepto (opuesto) de finitud debido a la durabilidad del ciclo vital humano. Y, en segundo lugar, el concepto de infinitud podría hacer referencia a una existencia eterna. En este caso, la tarea adquisitiva de conocimiento del ser humano se convertiría en un proceso cíclico, ya que una vez que se conozca la inmensidad del infinito, la rueda volvería a girar desde el inicio tal como ocurre en La biblioteca de Babel: «Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden». De esta forma, una de las posibles conclusiones (dado el grado de complejidad a la hora de formar una opinión propia dentro del universo borgiano) que se pueden obtener de este cuento es la contraposición entre una búsqueda de conocimiento infinito y una existencia finita.

 

 

¿Qué relación tienen los libros con el concepto de infinitud? ¿Acaso perduran los libros de una forma infinita en el tiempo? ¿Está un lector más o menos cerca de alcanzar un conocimiento total en función de cuántos libros consume?

 

Pero ¿era Borges partidario de un conocimiento infinito? La posibilidad de alcanzar un conocimiento total del universo provocaría una consecuente sensación intolerable para el ser humano. Sería totalmente desgarrador tener al alcance de la mano una sabiduría infinita, pero a la vez inalcanzable. «Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza». Claramente, Borges nos dibuja la esperanza humana ante la presencia del saber infinito. Sin embargo, es una esperanza que se debilita con lo finito del tiempo: «A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable».

 

«Es posible expandir los límites (finitos) de cada ser humano a través de libros que perduren en el tiempo y funcionen como pilares de un universo infinito dentro de nuestra intrínseca finitud». @pedrofresno68 Clic para tuitear

 

La literatura, y como consecuencia los libros, es la otra cuestión relativa a la infinitud y a la finitud en el universo borgiano que llamó especialmente mi atención como lector. ¿Qué relación tienen los libros con el concepto de infinitud? ¿Acaso perduran los libros de una forma infinita en el tiempo? ¿Está un lector más o menos cerca de alcanzar un conocimiento total en función de cuántos libros consume? Jorge Luis Borges no responde a estas cuestiones de una forma directa en su obra. Es más, puede que incluso ni él mismo se las planteara en el momento de escribirla. Sin embargo, ese amor por la lectura y las bibliotecas, que persigue al autor desde bien temprana edad, queda latente en su obra. Los libros difícilmente perduran en el tiempo si no hay un lector que se entregue a ellos. El conocimiento total, así como el concepto de infinitud, no existe más allá de la propia ficción del libro. Sin embargo, sí es posible expandir los límites (finitos) de cada ser humano a través de libros que perduren en el tiempo y funcionen como pilares de un universo infinito dentro de nuestra intrínseca finitud.

 


Foto por Luis Tosta en Unsplash
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