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La novela del dictador

Miguel Ángel Asturias. Foto de Dominique Roger (CC BY-SA 3.0)
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La novela del dictador

Se conoce con este nombre un género narrativo de la literatura hispanoamericana que aborda el tema de las dictaduras militares y del caudillismo en América. Se ha considerado Amalia (1851) de José Mármol como la novela fundadora de esta corriente. Era el primero de los títulos de una trilogía que escribió este autor contra el régimen de Juan Manuel de Rosas en Argentina.

Las novelas de dictador tratan temas políticos en un contexto histórico determinado para criticar el poder de una figura autoritaria.

Las novelas de dictador tratan temas políticos en un contexto histórico determinado para criticar el poder de una figura autoritaria. Algunas se centran en una figura histórica, otras ofrecen un personaje ficticio. Quizá destaque en este sentido el dictador de El recurso del método, de Alejo Carpentier, que es un personaje compuesto por diferentes dictadores históricos.

Siempre que se habla de este género se menciona una obra que, aunque fue escrita por un autor español, se ha considerado como la que ha ejercido mayor influencia en El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias. Se trata de Tirano Banderas, de Valle-Inclán. Esta novela se engloba en la teoría del esperpento, con su visión deformada de la realidad.

Se dice que en los años 60 varios miembros de la generación del boom concibieron la audaz idea de escribir, a muchas manos, la gran novela del dictador. Resultaría una idea seductora, pero también impracticable. Sin embargo, es cierto que varios novelistas del boom escribieron por separado novelas de este género. La obra primera y más importante en este sentido sería la publicada por Miguel Ángel Asturias en 1946 (El señor presidente). Al parecer, el personaje protagonista estaba inspirado en Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala a principios del siglo XX. La novela sirve para denunciar las dictaduras de América Latina y protestar por las injusticias sociales mostrando la barbarie y las intrigas de la tiranía.

La novela del dictador se convertiría en el género hispanoamericano por excelencia. Fue así como aparecieron Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos (1973), El recurso del método, de Alejo Carpentier (1974), Oficio de difuntos, de Arturo Uslar Pietri (1974) y El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez. La última de esta prole, la que más tardó en gestarse (desde 1975) fue La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, que apareció en 2000.

Tanto la obra de Roa Bastos como la de García Márquez ofrecieron una visión más íntima del dictador, que se vuelve así protagonista.

«Se considera que 'Yo, el supremo' destaca en este género por ofrecer una visión más realista de lo habitual (casi todas las anécdotas, discursos y documentos que recoge el libro son auténticos)». @isionperez Clic para tuitear

Se considera que Yo, el supremo destaca en este género por ofrecer una visión más realista de lo habitual (casi todas las anécdotas, discursos y documentos que recoge el libro son auténticos). Tiene como protagonista a José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador perpetuo de Paraguay en el siglo XIX. En esta novela se recogen los aspectos más negativos de su mandato, a través de materiales que se suceden desordenadamente, sustituyendo al narrador tradicional.

Alejo Carpentier fue encerrado en prisión durante la dictadura de Gerardo Machado en Cuba. En 1974 publicó un ataque amargo y satírico contra las dictaduras, El recurso del método. En esta novela, el personaje fluctúa entre dos mundos representados por Europa y Latinoamérica. El autor utiliza el humor y la ironía para realizar su crítica.

Arturo Uslar Pietri reconstruye la vida de un dictador venezolano (Juan Vicente Gómez) en Oficio de difuntos. Mediante el análisis psicológico del protagonista, el autor reconstruye su ambición y sus deseos de hacerse con el poder. Se trata de una sátira en la que los nombres son ficticios, pero fácilmente identificables.

En El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez recrea la figura de un dictador sin nombre y sin rostro que se encuentra en plena decadencia (al morir, se le describe con un uniforme sin insignias, viejo, tirado en el suelo, en la postura en la que había dormido «todas las noches de su larguísima vida de déspota solitario»). El dictador de esta obra es la suma de varios tiranos reales. La novela, por otra parte, se compone a partir de varias voces narrativas.

Vargas Llosa ya se había introducido en este género con Conversación en La Catedral (1969), aunque en esta novela el dictador era una presencia invisible que presidía como un dios siniestro los destinos de los protagonistas.

Vargas Llosa ya se había introducido en este género con Conversación en La Catedral (1969), aunque en esta novela el dictador era una presencia invisible que presidía como un dios siniestro los destinos de los protagonistas. El título se refiere al bar donde se produce una entrevista entre un periodista y el guardaespaldas de un dictador.

En La Fiesta del Chivo, Vargas Llosa revive al dictador de la República Dominicana, Leónidas Trujillo. Se trata de un personaje de carne y hueso, que se muestra al mismo tiempo siniestro y ridículo, cruel y patético, teatral y mezquino, envilecido por el poder supremo y afligido por los estragos de la incontinencia («Ansioso, observó las sábanas: la informe manchita grisácea envilecía la blancura del lino. Se le había salido otra vez… ¡Coño! ¡Coño! Éste no era un enemigo que pudiera derrotar como a estos cientos, miles que había enfrentado y vencido a lo largo de los años, comprándolos, intimidándolos o matándolos. Vivía dentro de él, carne de su carne, sangre de su sangre. Lo estaba destruyendo precisamente cuando necesitaba más fuerza y salud que nunca»).

La Fiesta del Chivo presenta la descripción del último día de Trujillo, visto a través de sus propios ojos. Este hilo narrativo, que nos permite conocer la forma de actuar del dictador y su relación con sus allegados y subalternos, alterna con la descripción de los preparativos para su asesinato y con las historias individuales de los conspiradores. Además, se cuenta la historia de Urania, hija de Agustín Cabral, uno de los hombres de Trujillo. Ella regresa a Santo Domingo cuarenta años después del magnicidio para enfrentarse a su padre por haberla entregado al dictador, como si fuera un trofeo de caza, cuando aún era una niña. Urania sería la representación alegórica del país traumatizado por el sufrimiento durante la dictadura. Incluso los conspiradores resultan ser víctimas póstumas del dictador.

 

Imagen: Miguel Ángel Asturias. Foto de Dominique Roger. Licencia (CC BY-SA 3.0)
Este artículo fue publicado en el n.º 3 de Capítulo 1.

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