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«La rebelión de las masas», de Ortega y Gasset

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La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset 

 

Está considerado como uno de los padres ideológicos de la Unión Europea, pues en sus escritos ya aducía que la única vía posible de sostenimiento de las relaciones en el viejo continente era la de remar juntos. @copymelo Clic para tuitear

 

¿Alguna vez te has planteado cuál sería el modo de pensar de una persona que disfrutó de su tiempo un siglo atrás? Tendemos a pensar que la brecha del tiempo rompe los hilos que nos unen a las generaciones pasadas —sobre todo cuando no hemos tenido la oportunidad de convivir con ellos—, pero la realidad es que las preocupaciones que han sobrevolado sobre todos nosotros son más parecidas de lo que puedes imaginar.  

La filosofía te muestra esta verdad. Aunque estés leyendo estas líneas, no sé si eres consciente del impacto que Ortega y Gasset tuvo para el mundo que ahora conocemos. Está considerado como uno de los padres ideológicos de la Unión Europea, pues en sus escritos ya aducía que la única vía posible de sostenimiento de las relaciones en el viejo continente era la de remar juntos, en lugar de mantener la terrible costumbre de continuar matándonos cada vez que tuviéramos la oportunidad. 

Esta es una de las ideas principales que se sostienen en La rebelión de las masas y una de las razones por la que su lectura debiera ser interesante para todos los que gusten de descubrir cómo se ha construido la realidad que hoy nos da cobijo. Lo que, por cierto, no deja de ser un juego de ironías y burlas marcadas con el humor negro, pues este texto fue planteado en el punto en el que se unieron el epílogo y el prólogo de las dos etapas de mayor violencia que ha conocido Europa: el fin de la Gran Guerra, el prólogo de la Guerra Civil Española y las respiraciones agitadas por las ansias de poder que aguardaban a una ya esperada Segunda Guerra Mundial. 

 

No escribo estas líneas para explicarte toda la corriente filosófica que Ortega y Gasset plasma en La rebelión de las masas y mucho menos para ofrecerte una visión global de la Filosofía histórica, sino para animarte a que en tu mesilla de noche también tengan hueco este tipo de obras.

 

Por suerte o por desgracia —aunque creo que en este punto el optimismo decanta la balanza—, no soy un gran experto en Ortega y Gasset, y mucho menos en el tema de la filosofía. Soy un aficionado, un amante de las reflexiones que aquellos que dedicaron su vida a plantearse el mundo y a superar la barrera de las «Tres N» con la que se justifica toda violencia sistematizada —normal, natural y necesario— nos dejaron sobre el papel como muestra de la sabiduría que reinaba tiempo atrás y que no debiéramos olvidar nunca. 

Como consecuencia de todo ello, no escribo estas líneas para explicarte toda la corriente filosófica que Ortega y Gasset plasma en La rebelión de las masas y mucho menos para ofrecerte una visión global de la filosofía histórica, sino para animarte a que en tu mesilla de noche también tengan hueco este tipo de obras, que seas capaz de acallar esa voz que la sociedad ha colocado en tu cabeza y que te dice que es aburrida, pues ese es el único adjetivo con el que nunca la describiría. 

A pesar de que por estas líneas pueda parecer que he sido un asiduo a la filosofía desde que tengo memoria, la realidad es bastante ajena a esta impresión. Yo descubrí este mundo hace, relativamente, poco tiempo. Surgió ante mis ojos como un salvavidas cuando las olas de un mar de realidad en la que no me sentía cómodo precisaban de una interpretación —aunque no fuera precisa— para mantener la calma y el sosiego en mi propio mundo. 

 

La única manera de volar es ser capaz de plantearte hasta la última idea que das por segura.

 

Más allá de todo ello, fue también la piedra angular de una realidad como lector que no se consumió por la rutina y el paso del tiempo. Toda una vida leyendo es lo que tiene, que llega un momento donde necesitas nuevos acicates o cambiar de hobby para poder experimentar una vez más la sensación de conocer un nuevo mundo. No obstante, en lugar de alejarme de las páginas de papel, abogué por cambiar el punto de las estanterías a las que miraba y fijé la vista en esta tipología de obras. Ellas me redescubrieron el placer de continuar leyendo. 

Aquí me despido. No lo quiero hacer sin antes disculparme por esta publicación tan extravagante. Te lo comentaba antes, pero la vida son etapas de transformación y la manera en la que enfoco un texto vira de la misma forma en la que mi visión del mundo se transforma. 

Quiero volver a incidir en que si no lo has hecho nunca, le des una oportunidad a la filosofía. A mí me convierte en una persona más libre y es que la única manera de volar es ser capaz de plantearte hasta la última idea que das por segura. 

 

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