La primera revista para escritores

Las mujeres del 98

Carmen de Burgos
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Las mujeres del 98

 

Los planteamientos regeneracionistas y la búsqueda de nuevos valores que definieran al país son la base de muchas de las obras de los autores que, tradicionalmente, se estudian como miembros de esta generación. @isionperez Clic para tuitear

 

En 1913, en una serie de artículos publicados en ABC, aparece por primera vez el término de «Generación del 98». Quienes acuñaron el término tenían la intención de aglutinar a una serie de autores a propósito del desastre que supuso para España la guerra de 1898. Los planteamientos regeneracionistas y la búsqueda de nuevos valores que definieran al país son la base de muchas de las obras de los autores que, tradicionalmente, se estudian como miembros de esta generación y entre los que destacan Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado o Ramón María del Valle Inclán.

Entre los diferentes escritos de los componentes masculinos de esta “Generación del 98” no se incluyen mujeres, pero sí hubo autoras que podrían considerarse miembros de este grupo, como Consuelo Álvarez Pool (1867-1959), Sofía Casanova (1861-1958), Carmen de Burgos (1867-1932), Regina de Lamo Giménez (1870-1947), María de la O Lejárraga (1874-1974), Blanca de los Ríos (1862-1956), Belén de Sárraga (1874-1951), Concha Espina (1869-1955), María Goyri (1873-1954) y Carmen Karr (1865-1943). Algunos estudios incluyen en esta nómina a Dolores Monserdá (1845-1919), Matilde Ras (1881-1969), María de Maeztu (1881-1948) y Carmen Baroja (1883-1950), pues se encuentran en la franja de fechas de nacimiento de los miembros del grupo (1861-1883) y las características generales de sus obras coincidieron.

 

Carmen de Burgos es considerada como la primera corresponsal de guerra, ya que cubrió la de Melilla hacia 1909.

 

Consuelo Álvarez Pool se inició como periodista en Oviedo, pero ya en Madrid se convirtió en colaboradora fija del diario progresista El País. Allí debía escribir sobre «cosas de mujeres» referentes a la cocina o el hogar, pero firmó con el seudónimo de Violeta diversos artículos sobre divorcio, educación, reformas de las cárceles o violencia machista. Escribía en general sobre la miseria que observaba; y pensaba que el periodista debía, no solo informar sobre lo que sucedía, sino también instruir y moralizar. Está reconocida como pionera en el periodismo y, como escritora, aparece en el volumen II de La nueva literatura de Rafael Cansinos Assens. Entre sus obras hay cuentos, poemas, crónicas de viajes e incluso una novela autobiográfica, La casona del Pinar, que no se publicó.

En 1907, Violeta había sido admitida en la Asociación de la Prensa de Madrid junto a Carmen de Burgos, conocida como Colombine. Esta es considerada además como la primera corresponsal de guerra, ya que cubrió la de Melilla hacia 1909. Autora de varios ensayos, escribió además novelas y novelas cortas. Entre ellas, una de las más populares fue Puñal de claveles, publicada en 1931. Pura está a punto de casarse con Antonio cuando descubre que en realidad está enamorada de José. La pasión que sienten será más fuerte que las convenciones. La autora ya había escrito años antes sobre este suceso conocido como «crimen de Níjar», en el que murió el amante. Pero Carmen de Burgos deja en su obra un final abierto, manteniéndose fiel a su sueño de un futuro mejor.

 

Regina de Lamo Giménez trataba apasionadamente temas como el control de natalidad, la eutanasia o el amor libre.

 

Blanca de los Ríos fue escritora y pintora. Como autora, produjo obras en todos los géneros: narrativa (su primera novela fue Margarita, que se publicó en 1878, cuando tenía solo dieciséis años), narrativa corta (como Villavetusta y Villamoderna, de 1899), poesía (como el Romancero de don Jaime I el Conquistador, de 1891) y teatro, aunque en este terreno destacó principalmente por sus ediciones críticas de obras del Siglo de Oro y, en especial, de Tirso de Molina.

Regina de Lamo Giménez fue sobre todo poeta y periodista. Escribió también teatro y ensayo. En sus escritos trataba apasionadamente temas como el control de natalidad, la eutanasia o el amor libre.

Entre sus obras podemos destacar que en la colección La Novela Roja (en la que se publicaron entre 1922 y 1931 tres colecciones de novelas breves), en el número 4 de mayo de 1926, se anunciaba La colegiata de Regina de Lamo. Y entre la producción de la autora destaca también la novela biográfica El Vals eterno de Juan Strauss: estampas románticas, firmado como «Nora Avante».

Concha Espina escribió también poemas, artículos, cuentos y novelas. Entre estas destacan La niña de Luzmela (1909), La esfinge maragata (1914) y Altar mayor (1926). La primera de ellas fue llevada al cine en 1949 y está ambientada en el pueblo natal de la autora. La protagonista de la historia, Carmencita, es hija natural de un rico hidalgo que la cuida, pero no la reconoce como hija. Cuando el padre muere, la niña queda al cuidado interesado de una tía suya, que no la quiere.

 

La figura de María de la O Lejárraga está siendo revisada para determinar cuántas obras fueron escritas por ella. Se sospecha que muchas de las que firmó como coautora eran realmente suyas de forma individual.

 

La esfinge maragata se desarrolla en el pueblo de Valdecruces, a donde Mariflor llega con su abuela cuando su padre tiene que emigrar. Durante el viaje se enamora de un poeta (Rogelio), aunque está prometida a su primo Antonio. En la novela, Concha Espina muestra la miseria de la región y describe a las mujeres de la zona como «de tez morena clara, de suavísimo color», con facciones «graciosas» y «párpados grandes y tersos».

Con Altar mayor, la autora recibió el Premio Nacional de Literatura de 1927. La novela muestra el ambiente rural asturiano que rodea la historia amorosa de dos primos, Javier y Teresina, aunque la madre del muchacho desea casarlo con una joven de clase social superior.

La figura de María de la O Lejárraga está siendo revisada para determinar cuántas obras fueron escritas por ella. Se sospecha que muchas de las que firmó como coautora eran realmente suyas de forma individual. Parece que su marido, Gregorio Martínez Sierra, se apropiaba de derechos sobre algunas de estas obras. La autora escribió libretos musicales (colaboró, por ejemplo, con Manuel de Falla), novelas y teatro (con obras en las que se sugiere que el amor romántico es un engaño), además de un libro autobiográfico (Una mujer por caminos de España), donde describe la situación que viven ellas en la España rural.

 

Belén de Sárraga escribía tanto en verso como en prosa en, sobre todo, publicaciones libertarias. En todos sus escritos muestra sus ideas feministas y anticlericales.

 

Además de traducir a autores polacos, Sofía Casanova fue una escritora prolífica de artículos, conferencias, novelas, cuentos, poesía e incluso una obra de teatro, La madeja, que se estrenó en 1913 gracias a Benito Pérez Galdós. La autora reconocía que su obra no tenía tesis ni trascendencia. Se trataba de una obra amable, cuya acción se desarrollaba en un ambiente refinado con personajes de clase alta. Muy importantes en su producción, por otra parte, son los escritos como corresponsal que cubrió las dos guerras mundiales y la revolución bolchevique.

Belén de Sárraga escribía tanto en verso como en prosa en, sobre todo, publicaciones libertarias. Su obra comienza con Minucias (Poesías), de 1902. En todos sus escritos la autora muestra sus ideas feministas y anticlericales, como en el poema dedicado «A una monja» (Sin lucha no hay progreso, tú no luchas/ ¿Y aún te figuras de virtud modelo? / Di, ¿no recuerdas cuando allá en tu aldea/ Tu buena madre te meció en su seno? / (La misma que hoy, anciana y achacosa, / Aún llora tu abandono y tu despego)).

 

María de Maeztu fue, sobre todo, pedagoga y traductora. Se preocupaba de formar intelectualmente a sus alumnas para que pudieran participar de forma igualitaria en la construcción del país.

 

María Goyri fue alumna de Ramón Menéndez Pidal, con quien se casó. Además de escritora y profesora, investigó sobre diversos temas de literatura española, como Lope de Vega o el Romancero. En sus escritos defendía la coeducación y la necesidad de la incorporación de la mujer al trabajo.

María de Maeztu fue, sobre todo, pedagoga y traductora. Se preocupaba de formar intelectualmente a sus alumnas para que pudieran participar de forma igualitaria en la construcción del país.

Finalmente, Carmen Baroja fue escritora y etnóloga. Entre sus escritos destacan sus memorias, Recuerdos de una mujer de la Generación del 98, en cuyas páginas se encuentran las principales figuras de las letras y la política de esa época. En la obra, la autora se reconoce como miembro del grupo del 98, «aunque suene a pedantería: yo pienso que los gustos, las ideas y el carácter todo mío llevan el sello de lo que yo supongo que era esta época».

 

Foto: 1920-12-10, Nuevo Mundo, Carmen de Burgos.jpg. Dominio público.

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