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¿Más literario cuanto más poético?

Hablemos de estilo literario

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Lenguaje literario: ¿más literario cuanto más poético?

En ritmo, música o figuras literarias no es donde aventaja el verso a la prosa. Ni siquiera en que el poema se escriba línea a línea sin llegar a completarla y que la prosa no acuse presión por encabalgarse o subordinarse.

Hay quien sostiene que la diferencia estriba en que la prosa sabe a dónde va, mientras que el poema no. El poema toma por sorpresa al poeta, lo posee y lo fuerza a decir a base de retorcer significados, verso a verso, renglón a renglón; el poseído no sabe más que aquello que le ocupa.

Marian Ruiz (@marianRGK) se hace esta interesante pregunta: 'Lenguaje literario: ¿más literario cuanto más poético?' Clic para tuitear

La prosa conoce, tiene un destino, camina a sabiendas de a dónde va.

Es curioso: mientras que el verso impone métrica aun marchando a ciegas, conducido apenas por la rima y la prosodia, la prosa se dirige a un destino predeterminado, pertrechada de brújula y mapa, liberada de consonar o de asonar.

El prosista sabe de qué escribe

Sin embargo, la prosa también es exigente y se viste para la ocasión. Da forma a lo que el autor tiene en la cabeza y no de cualquier manera, sino tratando de cautivar sin que se le vea el plumero. El propio autor tiene su magnetismo, su manera de ser frente a otro, como tiene una manera de andar, de vestirse o de hacerse eco de unas cosas frente a otras.

Indica algo obvio: una persona que escribe antes ve el mundo y lo ve como es ella. Y habla de lo que ve —real o imaginado— y de cómo lo ve —siempre interpretado—. De hecho, no puede hacer otra cosa. E igual que tiene un modo de hablar que le caracteriza, tiene un modo de escribir. No puede escribir como no es ni decir de algo sobre lo que nunca reparó.

¿O sí?

La construcción literaria es un arte. Quien imagina cielos, bosques y mundos en los que nunca estuvo construye arquitecturas adecuadas a ese medio.

La construcción literaria es un arte. Quien imagina cielos, bosques y mundos en los que nunca estuvo construye arquitecturas adecuadas a ese medio. Hoy Internet le salva de no haber ido.

De manera que arte y realidad se encuentran enfrentados, autorreflejados, y a la vez, distorsionados. Se imitan recíprocamente.

Quien escribe, pues, tiene una ventaja frente al poeta: sabe de lo que escribe —real o imaginado— al contrario que aquel, que es asaltado por cada verso y cada término.

Lo que no es literatura

No todo lo escrito es literatura, luego no podemos atribuir el término literario de forma indiscriminada.

Para definir si un material o una obra —una lectura o una interpretación incluso— es o no literario, hay que definir de forma rigurosa, conceptual y científica, qué es literatura.

Jesús G. Maestro, en el tomo I, capítulo II, de su Crítica de la razón literaria dice:

La literatura es una construcción humana que se abre camino hacia la libertad a través de la lucha y del enfrentamiento dialéctico; que lo hace mediante el uso —naturalmente— de la inteligencia; que utiliza signos lingüísticos a los que inviste de un valor estético o poético y de un estatuto ficcional; que —naturalmente— se inscribe en un proyecto comunicativo de dimensiones pragmáticas y sociales; que lo es, además, de dimensiones históricas, políticas y geográficas, y que se objetiva en realidades tan inextinguibles como son el autor, la obra, el lector y el transductor o intérprete.

Se aleja de este espacio abundar en los postulados de Maestro, pero rescatamos la idea de que literatura es algo que el humano construye y que se abre camino hacia la libertad, puesto que, como dice el profesor, no nace chasqueando los dedos. Sirva recordar que ni siquiera le fue bien siempre con el poder. Tampoco le va bien hoy con determinadas ideologías.

Sin literatura no hay estilo literario

Por el mero hecho de que alguien escriba un verso heptasílabo no lo llamamos poeta; ni dicho verso tiene por qué ser parte de una seguidilla.

Utilizando el mismo símil: ni toda persona que escribe hace literatura ni todo lo que se escribe soporta una interpretación literaria. Cada persona que junta palabras no necesariamente las inviste de un valor estético ni de un estatuto ficcional. Y hay quien escribe sus memorias, su autobiografía —inventada o no— y guarda sus escritos en un cajón. Maestro dice que la literatura exige un enfrentamiento con el público.

No se trata, por tanto, de un ente encapsulado al vacío. La literatura se desarrolla, se amplía, se transforma, es superior al individuo y al colectivo. Y hay obras que tienen componentes propios de las obras literarias en determinado porcentaje, sin ser por completo literarias. Un ensayo no es literatura —continúo parafraseando a Maestro— porque carece de uno de los ingredientes necesarios: la ficción; por más que su autor emplee metáforas u otras figuras retóricas. El ensayo parte de la realidad y vuelve a ella de forma inequívoca.

Hablaremos, en tal caso, de estilo narrativo, pero no de estilo literario.

Sería el caso de un humanoide: tronco, extremidades, cabello, revestido incluso de piel humana, que seguiría sin ser humano.

¿Más literario cuanto más poético?

«Tanto en poesía como en prosa hay un predominio de recursos que aportan belleza y de términos con valor connotativo: los tropos, los despertadores de emociones y sentimientos». @marianRGK Clic para tuitear

Si nos guiamos por la definición académica de Maestro, el texto literario debe contener figuras estilísticas; de otro modo, los signos lingüísticos no quedan investidos de valor estético o poético cuya presencia en literatura es fundamental.

Tanto en poesía como en prosa hay un predominio de recursos que aportan belleza y de términos con valor connotativo: los tropos, los despertadores de emociones y sentimientos. A veces se asocian al sonido; otras, a la sintaxis; otras, a la semántica.

Esto y la utilización de signos lingüísticos es lo que emparenta de forma definitiva poesía con literatura. Establecer si algo es más o menos literario exigiría cuantificar los ingredientes que lo hacen acreedor del estatuto de literario.

Investir un fragmento de valor estético o poético involucra no solo el tropo, sino la armonía, el equilibrio; en definitiva, la belleza.

 

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