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Lo espontáneo en lo literario

Hablemos de estilo literario

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Lo espontáneo en lo literario

Ya lo dijo Julio Cortázar en agosto de 1973, en la publicación Amigos: «Mi obra es espontánea, escribo según me van saliendo las ideas. Yo no pienso casi nunca, creo que lo básico para hacer literatura es la imaginación. La imaginación para ver realidad y transformarla de mil maneras».

Aunque a continuación explica que no solo bastan imaginación y espontaneidad. Que es a través de la práctica como se va aprendiendo a escribir bien, al indagar en las leyes que hacen de lo escrito algo que vale la pena.

Lo sensible

Hay una conditio sine qua non para escribir: sensibilidad de alto nivel para ver lo de bajo nivel, lo del nivel menudo, lo que casi no existe.

Hay una conditio sine qua non para escribir: sensibilidad de alto nivel para ver lo de bajo nivel, lo del nivel menudo, lo que casi no existe.

La realidad obliga. Es como una camisa de fuerza que ciñe con desesperación a sus rehenes. Conviene engañarla para hacer literatura: tomar lo pequeño y hacerlo grande, aunque tomarlo va a implicar hacer de lo complejo algo sencillo. No basta con la mera sensibilidad.

Uno se horroriza cuando lee escritos de juventud, como si desconfiara de que fueran propios. Faltaba intensidad y sobraban extensión y palabrería (siempre vacua): no había aprendido a escudriñar la vida aún. A psicoanalizarla; menos, a hacerlo sin que se notara.

Lo evidente

La realidad se manifiesta en líneas paralelas que se van intersectando de vez en cuando. Aparece así, lineal: las personas se dirigen de un punto a otro punto y, en ese devenir, simplemente padecen asaltos que pueden consignarse como se hace en un formulario de denuncia ante la policía. La realidad no documenta más que lo que se ve.

Al escritor le corresponde entrar en esos momentos privados que ella no documenta.

Lo dudoso

La literatura indaga en esa linealidad a la que me refiero. Y se pasma. Comprueba que tal secuencia obedece a una multiplicidad de causas que asoman con una fantasmal cara poliédrica.

Las opciones son múltiples:

Habrías pateado a tu asaltante y, al ver que no quedaba ni un euro de tu dinero, lo habrías molido hasta sentir una culpable satisfacción.

O habrías hecho alianzas con él para orquestar juntos nuevos robos que te resarcieran de tu pérdida.

Tal vez, tras esas alianzas y la recuperación de tu dinero, habrías decidido cargártelo, emergiendo como una condena la sombra de tu padre llamándote inútil, mierda, gordo.

Lo cinematográfico

Jean Paul Carrière, al hablar de la escritura de un guion, decía: «El guionista tiene el derecho y probablemente el deber de ser un repugnante criminal en potencia. Varias veces al día debe matar a su padre, violar a su madre, vender a su hermana y a su patria. Debe, con todas sus fuerzas, buscar al criminal que hay en sí mismo. Y puede estar seguro de que allí lo encontrará».

Toda una invitación a relacionarse con lo más oscuro y laberíntico de uno mismo.

Lo literario

A ese encuentro con las profundidades subterráneas se añaden la selección de palabras, el ritmo, la longitud de las frases y su ordenación.

Elementos tales como figuras, rima, prosodia y métrica hacen de un poema una suerte de melodía. Lo literario requiere, de manera similar, una elaboración creativa donde la realidad renazca en adjetivos, metáforas sorprendentes y notable carga semántica.

Es un modo heterodoxo de construir música.

 

De lo espontáneo a lo literario

«Transmutar la realidad, plana e indiferenciada, en sentimientos y significados y añadirle belleza es desafiante». Lo espontáneo en lo literario, por @marianRGK Clic para tuitear

Transmutar la realidad, plana e indiferenciada, en sentimientos y significados y añadirle belleza es desafiante.

Tú y yo vemos distinto porque ambos tenemos asociados sentimientos distintos a lo que (nos) pasa. Y veremos más distinto cuanto más tiempo haya pasado entre lo que nos pasa, lo que nos decimos que nos pasa y más hayamos reflexionado sobre ello. Es hacer valor del detalle: la hojita seca del ginkgo biloba, la luz oblicua del atardecer, la radial sonando como un cochino rabioso en las obras en la casa vecina.

Es decir la verdad: yo con mis kilos de más o de menos, yo con mis altibajos, yo con mi metro sesenta.

Cuando una criatura juega a que un trozo de madera es un camión o asigna a un champiñón la cualidad de paraguas mágico lo que hace es «extrañar»  el objeto de su evidencia.

Un pequeño desafío de espontaneidad trabajada

Espero que te animes:

  • Escribe tres o cuatro líneas que sean sosas, aburridas, nada extraordinario.
  • Distribúyelas aleatoriamente por la página en blanco. ‘Ya’, ‘desesperación’ y ‘vomitar’ tienen el mismo valor, bien se trate de un adverbio, un sustantivo o un verbo.
  • Secuencia ese párrafo loco uniendo las palabras en el nuevo ‘orden’ y léelo en alto.
  • Haz los movimientos sintácticos pertinentes para que el texto diga, en esa nueva forma, algo inteligible.
  • Desecha lo que sobre.
  • Intercambia palabras. Busca aquellas que expresan mejor lo que propone el texto.
  • Aún puedes decirlo de forma más sencilla y más bella.
  • Abre un libro de poemas. Te ayudará. Vuelve a sustituir ciertas palabras.
  • Vuelve a leer en alto tu texto.

¿Mejoró?

Estoy segura de que sí.

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