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«Macbeth», de William Shakespeare

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Todo aquel que haya reseñado en alguna ocasión una historia importante para el mundo de la literatura habrá sentido la intimidación que estoy experimentando en estos momentos. Hoy es el día del dramaturgo inglés más conocido. Su fama le precede. Esto es la reseña de Macbeth de William Shakespeare.

Reseña de Macbeth de William Shakespeare

Siempre he pensado que los clásicos no nos son ajenos. La realidad es que nos separamos de ellos cuando nos fuerzan a consumirlos. Sin embargo, los que tenemos la suerte de sobrevivir a un sistema educativo que emplea la literatura como obligación y castigo, siempre acabamos por experimentar algún momento en el que sentimos la curiosidad de volver para conocerlos.

Hacía muchos años que no leía teatro. Las últimas obras que pasaron por mis manos fueron precisamente de William Shakespeare. Hasta ese momento mi experiencia con él no era demasiado amplia. Había leído obras como Romeo y Julieta, Julio César y Antonio y Cleopatra. Cada una de ellas me había hecho sentir como un niño pequeño que puede imaginar cualquier idea inverosímil que tenga en la cabeza. La fuerza de sus letras ilustra en tu imaginación un escenario y sus personajes. Eso no tiene precio.

El contexto de Macbeth

No se sabe a ciencia cierta cuándo surge Macbeth. Expertos creen que fue estrenada en el año 1606, diez años antes de que falleciera William Shakespeare.

Se llevó al papel en el año 1623. Es la obra más corta del escritor y esto ha desatado todo tipo de teorías conspiratorias. El hecho de que haya llegado a nuestras manos solo a través de un First Folio es muy representativo. Choca con muchas otras historias de William Shakespeare que llegaron en cuartos, ya fueran aprobados por el autor o por un público que recontaba la historia a partir de su memoria. Debido a esto se sostiene que es probable que lo que acogemos no sea más que un resumen simplificado de Macbeth.

La trama de la obra de teatro

A William Shakespeare le hacen falta muy pocas páginas para contarnos una historia en la que la ambición política desmedida corrompe el corazón de sus protagonistas. Ejemplificado a través de Macbeth, un miembro de la realeza, quien, tras escuchar las premoniciones de las hermanas fatídicas, tres brujas, y los consejos agudos llenos de maldad de su mujer, decide asesinar al rey e inculpar a otros para ocupar su puesto de soberano.

A cada movimiento le tiene que seguir otro para protegerse de las consecuencias del primero y la única forma de escapar de este torbellino es que nuestros remordimientos o actos acaben por delatarnos.

Para todo lector y amante de la política contemporánea resulta extremadamente interesante el hecho de que Shakespeare pudiera representar con tanta fuerza una idea que es de actualidad en toda democracia existente. Me estoy refiriendo al tema de la corrupción. El dramaturgo nos enseña cómo un acto corrupto nos envuelve en una espiral de la que es imposible escapar. Una vez dentro de la oscuridad ya no hay salida. A cada movimiento le tiene que seguir otro para protegerse de las consecuencias del primero y la única forma de escapar de este torbellino es que nuestros remordimientos o actos acaben por delatarnos.

«Un asesinato llevará a otro y los remordimientos se convertirán en su ropa predilecta». Reseña de «Macbeth», de William Shakespeare. Por @carbel1994 Clic para tuitear

Macbeth y su esposa, Lady Macbeth, cometen un crimen con la seguridad de que conseguirán incriminar a otra persona y que vivirán la vida que siempre han querido tener. Ni siquiera son personajes malvados, tan solo están cegados por la ambición. No tardarán en darse cuenta de la inocencia de sus pensamientos. Un asesinato llevará a otro y los remordimientos se convertirán en su ropa predilecta.

Así, el lector encuentra una trama de argumento simple, pero con un trasfondo muy potente. Como toda obra de teatro, pide ser leída con calma y serenidad. Es necesario entender a los personajes, sus líneas e intenciones y tener el sosiego para ir más allá entre las líneas de Shakespeare y todo lo que encierran sus metáforas. Azorada de misticismo, será este componente sobrenatural el que le aporte el matiz que la convierta en una historia única.

La capacidad de ver un escenario

Hacía tanto tiempo que no leía a William Shakespeare que me he vuelto a maravillar ante la capacidad que tiene, en Macbeth, de mostrar un escenario en la mente de los lectores. Ni siquiera contemplas la historia en sí, sino que visualizas a los actores interpretando las líneas del escritor inglés. El autor tiene un dominio del lenguaje que te transporta. La escena es tuya, lector.

Para lograrlo solo se necesita una lectura tranquila y pausada de los hechos. Los personajes aparecen a tu juicio en tu mente. No tienes referencias sobre sus características físicas, pero es que es indiferente. Cualquier matiz que utilices para evocarlos servirá para comprenderlos. Macbeth no es una historia de aspectos, sino de personalidades. Con ellas no te puedes equivocar. Shakespeare describe todas y cada una de ellas con la maestría de un brujo. Nos dejará en todo momento exaltados queriendo saber un poco más.

Personalmente, se trata de una historia que he digerido con mucha calma. Es tan corta que podría haberla terminado en un solo día. No obstante, elegí ampliar su duración en el tiempo. La forma en la que está escrita te invita a deleitarte con cada estrofa. Dibujas en tu mente absolutamente cada escena.

Por ello es tan importante reconocer también el trabajo del traductor. Ángel Luis Pujante realiza una traducción magistral. Quiero brindar mis respetos a aquellos que desempeñan odiseas del tamaño de trasladar la obra de autores como William Shakespeare a otro idioma y que siga sonando con una melodía que alegra los oídos y los ojos de cualquiera.

Los presagios de otro mundo

A partir de la figura de las hermanas fatídicas, Shakespeare realiza una crítica a la fe sin fundamento y a aquellos que se dejan guiar por quienes se llaman a sí mismos mensajeros de otros mundos.

Uno de los principales temas que se tratan en la obra de teatro es la confianza ciega que los personajes sienten hacia las artes oscuras. A partir de la figura de las hermanas fatídicas, Shakespeare realiza una crítica a la fe sin fundamento y a aquellos que se dejan guiar por quienes se llaman a sí mismos mensajeros de otros mundos. El dramaturgo pugna por advertir de que sus palabras no tienen por qué contener la verdad absoluta. Que su trasfondo puede contener oscuras intenciones que no somos capaces de ver.

Precisamente, esto es lo que le sucede a Macbeth. Su vida iba a estar colmada de honores y poder. Sin embargo, ciega su pensamiento racional ante las palabras de estas tres brujas. Ellas predicen que será rey. Lo han visto y su palabra siempre se cumple.

Esta idea infectará los pensamientos del protagonista hasta no dejarle más forma de actuación que la de luchar por cumplir la premonición.

Ante esta realidad el lector se hace preguntas. ¿Se habrían desatado los acontecimientos sin la mediación de la bruja? ¿Predijeron el futuro o lo alteraron a conveniencia? ¿Son meras espectadoras o están moviendo los hilos?

El hombre es el único ser vivo que tropieza dos veces contra la misma piedra. Macbeth recurrirá a sus palabras hasta en dos ocasiones. Premoniciones que siempre se volverán en su contra. Sus frases están llenas de matices que un ser humano no es capaz de atisbar. La confianza ciega en sus poderes será la que ponga fin a la existencia del protagonista.

Resulta muy curioso saber que J. R. R. Tolkien utilizaría estas escenas tres siglos después. Con ellas realizaría una crítica feroz a la coherencia y consistencia de la obra de Shakespeare. De esta manera, se valdrá de lo que él consideraba errores para construir algunos de los pasajes más interesantes de El señor de los anillos.

Los consejeros y sus propios intereses

Otra figura rescatada de la obra de Shakespeare en innumerables historias sería la del consejero fiel que únicamente actúa por sus propios intereses.

No hay que pensar demasiado para encontrar ejemplos de estas situaciones. Se cuentan en abundancia las obras que presentan a un rey ingenuo y confiado que se convierte a la maldad debido a la manipulación de su consejero.

Sin embargo, en Macbeth se muestra de una forma peculiar. No hay consejero como tal que mueva los hilos. La verdadera mente pensante de todo lo que sucede es Lady Macbeth, su mujer. Las palabras de la bruja encienden sus instintos y desde ese momento desea más. No se puede conformar con su posición. Así, manipulará al protagonista todo lo necesario para convencerle de que luche por el futuro que, según ella, les pertenece.

Mientras que Macbeth se nos presenta como una persona débil, sin decisión; Lady Macbeth está representada como una mujer ambiciosa, con deseos de grandeza y convencida de que el fin justifica los medios. Es la verdadera artífice de todo lo que sucede.

La traición

Toda la historia sobre ambición política encuentra su máximo esplendor al relacionarse con los matices de la traición.

En la obra de Shakespeare, Macbeth no pone en el punto de mira a sus rivales para lograr sus ambiciones. No. Sus actos están rodeados de deslealtad, de traición. Engaña a todas las personas que han sido sus compañeros, con los que ha luchado codo con codo y a los que ha prometido futuros a su lado.

Hasta el rey confiaba en él como en un hijo antes de asesinarlo… Pero el poder nos ciega.

La manifestación de los remordimientos

Shakespeare tiene muy claro qué quiere contar con Macbeth. Uno de ellos es recalcar que hasta el acto más oscuro y ambicioso aflora remordimientos en sus artífices. No hay alma lo suficientemente ténebre para no experimentarlas. Menos aún tras haber asesinado a un rey, amigo, y haber traicionado todo lo que eras.

El dramaturgo las representa en forma de metáfora. Macbeth y Lady Macbeth experimentarán visiones que les guiarán hasta sus remordimientos.

Además, será precisamente este hecho el que acabe por delatarlos. Tanta es la importancia que Shakespeare quiere darle al obrar bien, que en su texto deja patente que quienes actúan en contra de la bondad acaban siendo descubiertos por sí mismos, porque no se puede vivir con pecados de tanta magnitud.

¿Macbeth fue escrito por William Shakespeare?

Una de las principales polémicas y misterios que acompaña a la historia es la duda sobre la verdadera autoría del dramaturgo inglés. Si bien no sobre la obra completa, sí sobre determinadas escenas en las que no se halla coherencia con la forma de escribir y de construir los actos de William Shakespeare.

En particular se señala una escena en la que aparecen las hermanas fatídicas. Expertos afirman que podría haber sido escrita por dramaturgos posteriores al inglés. Por ejemplo, se hace referencia a Thomas Middleton cuya obra Las brujas tiene muchas similitudes con Macbeth.

Conclusión sobre Macbeth de William Shakespeare

Poco más puedo decir sobre el trabajo de William Shakespeare. A pesar de no ser un experto en su obra, la parte que he tenido el placer de disfrutar me ha enamorado siempre. Acabo perdido en sus letras y me imagino a actores de otro tiempo representando historias que todavía son de actualidad.

A base de obligarnos a leer clásicos nos alejaron de grandes historias. Muchos desarrollamos una reticencia injustificada por culpa de un sistema ineficiente en generar pasión por la literatura. No obstante, siempre tiene que haber segundas oportunidades. Con Shakespeare también. De esta forma, no puedo hacer más que recomendaros encarecidamente una de las obras de teatro clásico más importantes de todos los tiempos.

Seguiremos hablando próximamente sobre Shakespeare en el canal. De eso no hay ninguna duda.

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