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Narrativa histórica hispanoamericana

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Narrativa histórica hispanoamericana

 

A finales del siglo XX, la narrativa histórica en América vivió una profunda renovación, con el rechazo de visiones del pasado que fueran demasiado simples. Así, dio entrada a múltiples voces, utilizando materiales diversos, desde tradiciones orales hasta estadísticas o recortes de prensa, e imponiendo una visión irónica y desapasionada de los acontecimientos.

En este terreno destacan algunas obras como Los conspiradores (1981), de Jorge Ibargüengoitia. Con un enfoque humorístico, presenta el descontento de algunos personajes que conspiran contra la metrópoli, y que es la historia que comenzó la independencia de México. La acción se sitúa en 1810, pero dista de presentarse como épica. Los héroes de la independencia son ficticios. El protagonista es un oficial de artillería, Matías Chandón, que se une a esta conspiración sin gran pasión. El padre Domingo Periñón se muestra preocupado por dar el Grito el primero de todos. El resto de los personajes componen un cuadro de la burguesía de la época. Ibargüengoitia señaló que esta novela era una novela contra la historia, “porque la historia vuelve tiesas las cosas”.

Arturo Uslar Pietri escribió una biografía novelesca sobre el liberal Simón Rodríguez titulada La isla de Róbinson (1981). Ha sido calificada como una novela de viaje (el que lleva a lo largo de la independencia al personaje hasta su muerte) y de aprendizaje, ya que Simón Rodríguez es el maestro y consejero de Simón Bolívar. Pietri experimenta en esta obra rompiendo el hilo cronológico, cambiando el punto de vista y utilizando diferentes documentos, como cartas y periódicos.

 

Romero reconocía que el personaje de Miranda era esencial en toda su obra. Quería sacarlo del panteón de los héroes para convertirlo en un arquetipo propio y para ello presentó a Miranda escribiendo su novela.

 

Eduardo Galeano presenta su visión del pasado tanto en Las venas abiertas de América Latina (1971) como en la trilogía Memoria del fuego (1982-86), compuesta por Los nacimientos, Las caras y las máscaras y El siglo del viento. Recrea la historia de América Latina desde la creación del mundo y desde la perspectiva del pueblo. Las clases dominantes se presentan como un amplio mosaico en que las piezas sirven para desgranar la memoria de América Latina, «tierra despreciada y entrañable». El texto se compone de pequeños relatos en prosa y contiene citas de libros históricos, mezclando así leyenda y realidad. Un ejemplo lo encontramos en la referencia a Maní, el lugar donde fueron quemados los libros mayas, y la imagen de sus autores muertos «en paz, porque han muerto sabiendo que la memoria no se incendia».

El venezolano Denzil Romero se ocupó de la figura de Francisco de Miranda en una trilogía, compuesta por La tragedia del Generalísimo (1983), Grand Tour (1987) y Para seguir el vagavagar, de 1998. Romero reconocía que el personaje de Miranda era esencial en toda su obra. Quería sacarlo del panteón de los héroes para convertirlo en un arquetipo propio y para ello presentó a Miranda escribiendo su novela.

 

A finales del siglo XX, la narrativa histórica en América vivió una profunda renovación, con el rechazo de visiones del pasado que fueran demasiado simples. @isionperez Clic para tuitear

 

Edgardo Rodríguez Juliá escribió una trilogía sobre el siglo XVIII: Crónica de Nueva Venecia, compuesta por La noche oscura del Niño Avilés (1984), El camino de Yyaloide (1994) y Pandemónium. El escritor presenta en esta trilogía la cultura popular africana presente en Puerto Rico. El niño Avilés es rescatado de un naufragio y queda así como un «huérfano universal». El personaje se convierte en el eje de las crónicas sobre la Nueva Venecia, ciudad fundada por él. Crece junto al Obispo Trespalacios, que se preocupa por su educación. La novela, según San José Vázquez, está pensada como un diálogo entre padre e hijo, con un tutor tan preocupado “en educarlo como temeroso de que a través de esa formación consiga su independencia”. En la obra, el autor utiliza el tópico del manuscrito encontrado.

Noticias del Imperio (1988), de Fernando del Paso, está basada en la intervención francesa en México y el gobierno del emperador Maximiliano I y la emperatriz Carlota. La obra se organiza en dos series alternativas de capítulos: en los doce capítulos impares Carlota explica en un monólogo su historia de amor con Maximiliano sesenta años después de su fusilamiento; en los once capítulos pares el autor mezcla las voces de los que participaron en el conflicto (con personajes como Benito Juárez o Napoleón III). Los primeros están encabezados por la expresión «Castillo de Bouchout, 1927», el lugar donde está recluida la emperatriz Carlota y enmarcan esos capítulos impares que presentan los hechos históricos en orden cronológico. Los títulos en este caso utilizan la ironía para glosar cada uno de esos hechos (por ejemplo: «Nos salió bonito el archiduque» o «Lo llamaremos el austriaco», para referirse a Maximiliano).

 

Augusto Roa Bastos recupera el espíritu de las crónicas para su Cristóbal Colón en Vigilia del Almirante (1992). El autor decía que esta obra no era una novela histórica, sino “historia fingida”.

 

Gabriel García Márquez con El general en su laberinto (1989) presenta la figura de Simón Bolívar enfermo y en sus últimos días, consciente de su derrota. El relato se sitúa en 1830 y se centra en el viaje que Bolívar hizo a Colombia para intentar exiliarse en Europa. A través de un personaje cansado y enfermo y de la narración de sus recuerdos, se muestran algunos pasajes de la vida del libertador. Bolívar se encuentra en una encrucijada, ya que resulta imprescindible para conseguir aquello por lo que han luchado, como le recuerdan otros personajes: «Los bolivaristas cartageneros estaban resueltos a no jurar una constitución de compromiso […] Y no les falta razón, si su Excelencia, el más liberal de todos, nos deja a merced de los que se han apropiado el título de liberales». El sueño del General de una Gran Colombia es también el sueño nacional.

Augusto Roa Bastos recupera el espíritu de las crónicas (por ejemplo, Historia de Las Indias, de Bartolomé de las Casas) para su Cristóbal Colón en Vigilia del Almirante (1992). El autor decía que esta obra no era una novela histórica, sino «historia fingida». Narra el primer viaje del Almirante a las Indias y mezcla datos discordantes, en la idea de que en la ficción no hay textos preestablecidos. Roa Bastos explica que en esta novela pretende presentar al personaje como hombre común, y para ello muestra sus miedos y su ambición.

 

Santa Evita (1995), de Tomás Eloy Martínez, presenta al mito argentino de Eva Perón, la enorme fascinación que provocaba, en una historia donde se mezcla realidad y ficción.

 

El largo atardecer del caminante (1992), del argentino Abel Posse presenta a Álvar Núñez Cabeza de Vaca cuando vivía en Sevilla, en 1557. Un día en que visita la biblioteca, conoce a una joven conversa a la que él llama Lucinda. Ella admira al conquistador, al que ha leído. Como él confiesa que lo escrito en las crónicas no siempre es verdad, Lucinda le regala papel para que pueda escribir su historia. Cabeza de Vaca se reencontrará con su hijo, que ha sido esclavizado y morirá. También perderá a Lucinda, que no puede corresponder a su amor. En un intento de no ser olvidado, esconderá su manuscrito en la biblioteca, con la esperanza de que alguien lo encuentre («será como un mensaje que alguien encontrará tal vez dentro de muchos años»).

Abel Posse ya había realizado incursiones en la novela histórica con obras como Los perros del paraíso en 1983. La obra trata sobre el Descubrimiento y tiene como una de sus características principales el fragmentarismo. El autor presenta el interior de personajes como los Reyes Católicos o Cristóbal Colón y utiliza la ironía a lo largo de la obra.

Santa Evita (1995), de Tomás Eloy Martínez, presenta al mito argentino de Eva Perón, la enorme fascinación que provocaba, en una historia donde se mezcla realidad y ficción. En esta obra el autor recoge materiales diversos, con notas bibliográficas y de conversaciones. El protagonista es el cuerpo embalsamado de Eva Perón.

El argentino Mario Szichman presentó una biografía picaresca del precursor de la independencia hispanoamericana, Francisco de Miranda, en Los papeles de Miranda (2000). El personaje se presenta interiormente, en su lado más humano. Esta novela forma parte de una trilogía (Trilogía de la Patria Boba), en la que se indaga en los orígenes de las guerras de independencia del continente americano.

Imagen: Simón Bolívar. Óleo de Ricardo Acevedo Bernal (1867 – 1930), Public domain, via Wikimedia Commons.

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