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¿Nos hacemos unos griegos? Entrevista con José Juan Picos

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¿Nos hacemos unos griegos? Entrevista con José Juan Picos

¿Nos hacemos unos griegos? (LGTBI en el Olimpo y su vecindario) es la última obra de José Juan Picos, colaborador habitual de Capítulo 1. Si hay una constante en la mitología griega es el sexo. Por satisfacer su lujuria olímpica, dioses y héroes estaban dispuestos a pagar cualquier precio, pero siempre sobre las cabezas de otros. Tan intensas eran sus pasiones que saltaban continuamente de género a género, gozando sin cuento de los placeres del opuesto y del suyo propio. Por eso, ¿Nos hacemos unos griegos? presenta un catálogo mitológico de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, travestidos y asexuales que sorprenderá tanto a los iniciados como al público en general.

¿Cómo surgió la idea de este libro?

Pues, la verdad, debo agradecérsela a la curadora de la Art Gallery de Manchester, Clare Cannaway, que, a principios de 2018, descolgó una obra del prerrafaelita John William Waterhouse para contribuir al debate sobre la «cosificación» de la mujer en el arte.

¿Qué obra es esa?

Se trata de Hilas y las ninfas, una pintura de 1896 en la que aparecen siete náyades haciendo top less. Frente a ellas, un efebo está recogiendo agua en una hidria. Esos desnudos, completamente naturales en unos genios silvestres, fueron la diana de aquella iniciativa feminista.

¿Y de qué modo te inspiró eso?

Pues porque Cannaway podría haber elegido, con más tino, otro desnudo femenino del museo, como, por ejemplo, uno de Safo firmado por otro hombre, Charles Mengin. Y es que el cuadro de Waterhouse congela el instante previo al rapto y violación de un menor homosexual por parte de siete mujeres seguramente centenarias, aunque muy bien conservadas. Hilas era, en ese momento, amante de Hércules; las ninfas se encaprichan de él, lo hunden en la laguna y lo violan, a pesar de que el adolescente las rechaza tres veces y pide socorro. El caso es que amo la mitología desde niño y aquella acción erróneamente reivindicativa me indignó, me escandalizó y, finalmente, me dio alas para escribir ¿Nos hacemos unos griegos?

¿Por qué dices que te escandalizó?

Pues porque me parecía mentira que toda una conservadora de un museo ignorase, u obviase, el mito detrás de la escena en uno de sus cuadros señeros. Si quieres que te diga la verdad, no me extraña, creo que somos víctimas de una disolución del saber y de nuestras raíces culturales, grecorromanas y judeocristianas, en una masa líquida de adoctrinamiento ideológico etéreo y deletéreo. Si una especialista en arte parece perderle el respeto a las obras que debe conservar, ¿cómo no van a pintarrajear cuatro vándalos, o vándalas, la fachada de la catedral de Santiago? En fin, que ahí mismo me dije que era más necesario que nunca conocer el sexo no de los ángeles, sino de los dioses. Y me puse a ello con la humilde intención de que nadie volviera a descolgar un cuadro con tanta frivolidad.

En cierto modo, y aludiendo a los artículos que publicas en Capítulo 1, que, por lo menos, se documentase antes…

Ni más ni menos. Son muchas las veces en un solo día que me da la sensación de que estamos en manos de cuatro indocumentados que compensan su ignorancia con osadía y poca vergüenza. Y, como periodista que soy, la indocumentación que más me duele es la de mi propia profesión, que me parece galopante y que es el abono para tanta paparrucha como circula.

Pero el sexo en la mitología es un tema recurrente, ¿no?

Y tanto. De hecho, cuando se me ocurrió la idea de este ensayo, la deseché casi inmediatamente porque pensé que ya habría, por lo menos, media docena de libros semejantes. Así que antes de escribir ni una línea, me puse a buscar en Internet e, insospechadamente, no encontré nada parecido, salvo algunos blogs y artículos. Tras recuperarme de la sorpresa, creo que lo primero que hice fue repasar la Metamorfosis de Ovidio, una lectura que recomiendo vivamente. Y le siguieron Homero, Ovidio, Virgilio, Graves y Ruiz Elvira, entre otros mitógrafos, claro.

Has dicho que Hilas era amante de Hércules.

Para ser exactos, su erómenos, su «amado». Es decir, la mitad de una típica relación pederasta helena en la que Hércules toma el papel de erastés, «el que ama». Digo «típica» porque hablamos de un rito de paso, presente durante siglos en la sociedad griega, por el que un adolescente alcanzaba la madurez y la ciudadanía gracias a la tutela de un varón adulto.

Pero tenemos a Hércules por un héroe que es prototipo de virilidad…

Y podemos seguir teniéndolo como tal, porque lo pederasta no quita lo viril. Y, para muestra, el histórico Batallón Sagrado de Tebas, ciento cincuenta parejas hoplíticas de erómenos y erastés que mantuvieron a raya a las falanges espartanas durante años. Solo Filipo de Macedonia pudo derrotarlos. A ver, la imagen que hoy tenemos del héroe va desde un bombero que salva a un gato hasta un voluntario de Open Arms, pasando por Cristiano Ronaldo levantando la siguiente Champions. Fíjate que el portugués sería de lo más parecido a Aquiles, porque ambos, narcisistas perdidos, ponían su fama personal por encima de la victoria del equipo. ¿Recuerdas cuántas veces amenazó CR7 con irse del Madrid porque no lo mimaban bastante? ¿O cómo no celebró la última Copa de Europa merengue en Kiev? De lo más parecido a cómo el rubio Aquiles abandona a los suyos en la Ilíada. Para los griegos, un héroe era, esencialmente, un mortal nacido de una divinidad y un ser humano, un semidiós: Hércules y Aquiles, por ejemplo, pero también Helena.

¿Y qué personajes podemos encontrar tu ensayo?

Pues, en el apartado de bisexuales, a Hércules, claro, del que dice Plutarco que se pierde la cuenta de sus amantes varones. También aparece Aquiles, un travestido mítico. Sabremos qué diosa fue la culpable de que las atenienses perdieran sus derechos ciudadanos; quién fue el primer personaje mitológico que salió del armario, o qué varón mítico da nombre al lesbianismo. Y os contaré, entre otras historias prodigiosas, por qué las reinas de las amazonas, las hermanas de Wonder Woman, tenían a los eunucos por los mejores amantes del mundo, o qué tiene que ver el lujurioso Zeus con la escurridiza Mística de X-Men.

¿Nos hacemos unos griegos? es, además, el título que inaugura la colección Zambrano de ensayo feminista y de género de la editorial Cazador de Ratas.

Pues sí, tengo esa satisfacción. Carmen Moreno, que, más que la directora de la editorial, es el alma, la cabeza, las manos, las piernas y lo que haga falta, confió desde el principio en este ensayo, que aprovecho para decir que se puede encontrar en la web de Cazador de Ratas y en cualquier librería de España. También me gustaría aclarar que es, fundamentalmente, un libro sobre mitología, sin ningún afán militante que, en mi caso, me parecería oportunista.

Lee los artículos de José Juan Picos en Capítulo 1.

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