La primera revista para escritores

«Primer amor», de Iván Turguénev (1860)

La literatura que conmueve

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Primer amor, de Iván Turguénev (1860): la literatura que conmueve 

 

No me gusta la literatura romántica, es una cuestión de gustos que nada tiene que ver con su calidad, tantas veces cuestionadaTodo lo contrarioopino que es un género muy complicado, por lo fácil que es caer en lo folletinesco. De ahí que sea excepcional que recomiende un libro romántico como el que ahora os presento. 

 

Esta es una de esas historias que, de haber caído en otras manos distintas a las de Turguénev, habría naufragado en el melodrama. Beatriz Cortel Clic para tuitear

 

Leí esta obra cuando tenía 16 años (curiosamente, la misma edad del narrador) y entonces me conmovió. Estuve tentada en varias ocasiones de escribir una reseña, pero mi poca predisposición hacia el género me contenía y, además, temía que si volvía a leerla me decepcionase. Por fortuna, este verano me di de bruces con ella mientras ordenaba el trastero y… no me pude resistir. Es una obrita corta (una nouvelle) que se lee rápido, pero solo necesité la primera página para sucumbir a la historia y a la maestría de Turguénev. Por eso quiero compartirla con vosotros… ¡Ojalá a alguno le provoque la misma emoción! 

Todo lector tiene ciertos libros que le han marcado, y para mí este es uno de ellos (los grandes escritores rusos del siglo XIX me acompañaron en mi transición de la literatura juvenil a la adulta). Así que no busquéis esta vez una reseña objetiva, porque me resulta imposible abordar este libro de forma racional.  

 

Lo que hace deslumbrante a Primer amor no es lo que les ocurre a sus personajes, sino sus sentimientos y evolución ante los acontecimientos.

 

Esta es una de esas historias que, de haber caído en otras manos distintas a las de Turguénev, habría naufragado en el melodrama (por eso no voy a revelaros el argumento: es muy posible que ahuyente a más de uno…). Porque lo que hace deslumbrante a Primer amor no es lo que les ocurre a sus personajes, sino sus sentimientos y evolución ante los acontecimientos. Creedme: sus protagonistas están vivos y traspasan no solo las barreras de la ficción, si no las del tiempo.

La gran literatura es universal y atemporal: te arrastra, aunque esté ambientada en una época que nada tiene que ver con la tuya, incluso cuando la historia no tuviera ningún sentido si hubiera ocurrido en la actualidad, donde sus reglas morales se consideran caducas.

Te emociona, aunque tú no seas un adolescente, como su protagonista, porque te conecta con aquel otro yo que creías haber enterrado hace años. Pero, sobre todo, te hace recordar por qué caíste rendido hace años ante la literatura y lo que te animó a convertirte en escritor. 

 

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