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Simbolismo hispano

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Simbolismo hispano

 

El simbolismo se sitúa entre 1857, con la publicación de «Las flores del mal» de Baudelaire, y 1914, el año en que comienza la primera guerra mundial. @isionperez Clic para tuitear

 

A finales del siglo XIX aparecen en la poesía y en el arte unas características que cristalizarán en tres movimientos diferentes a principios del siglo XX: parnasianismo, decadentismo y simbolismo. Hay un rechazo a los valores burgueses con artistas bohemios que se sitúan en la marginalidad. Los poetas buscan la armonía, el “arte por el arte”, incluso en la cotidianidad (los objetos son exquisitos y es la época en que aparece la figura del dandi, de modales refinados). Se apuesta por la originalidad y el sentimiento y se huye del racionalismo. Los estados de ánimo dominantes se encierran en el concepto del spleen (el hastío y la desesperación) y hasta la belleza y el amor se corrompen. Todo ello motiva el deseo de evasión, por el que los artistas buscan refugio evocando épocas y lugares remotos.

El simbolismo se sitúa entre 1857, con la publicación de Las flores del mal de Baudelaire, y 1914, el año en que comienza la primera guerra mundial. Entre esas fechas destaca el año 1886, con el manifiesto del poeta Jean Moréas.

Los principales autores dentro del movimiento son, además de Baudelaire, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmé.

En sus obras destacan diversos temas, como la reflexión sobre el sentido de la vida, la búsqueda del ideal y del absoluto, y la realidad como oráculo.

 

Gustavo Adolfo Bécquer representa el inicio de la poesía hispánica contemporánea e introdujo el simbolismo con la utilización, por ejemplo, de la niebla como espiritualidad y misterio.

 

Empleaban el verso libre y la perfección en la rima, por lo que uno de los recursos expresivos más importantes será la sinestesia. Influyeron poderosamente en el modernismo, cuyos autores apreciaban esta habilidad en sus creaciones. También los símbolos están muy presentes en diferentes poetas. Las realidades materiales (por ejemplo, las rosas) reflejan los ideales que deseamos alcanzar (como la belleza). Los símbolos permiten hacer presente lo ausente. En español los encontramos principalmente en las obras de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

El simbolismo literario hispano tiene algunos antecedentes como Gustavo Adolfo Bécquer y Salvador Rueda, que llevarían a ese movimiento más general conocido como modernismo, que empezó en Hispanoamérica. Rubén Darío lo introdujo en España. Encontramos simbolismo en el nicaragüense, pero también en los cubanos Julián del Casal y José Martí, los colombianos José Asunción Silva y Guillermo Valencia, los mexicanos Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón y Amado Nervo, el argentino Leopoldo Lugones, el uruguayo Julio Herrera y Reissig, y los peruanos Ricardo Jaimes Freyre y José María Eguren. Como hemos dicho, en España lo cultivaron los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa y Ramón Pérez de Ayala, entre otros.

 

Gustavo Adolfo Bécquer representa el inicio de la poesía hispánica contemporánea e introdujo el simbolismo con la utilización, por ejemplo, de la niebla como espiritualidad y misterio. Fue el estudioso Olivio Jiménez quien primero comentó que las ideaciones de Bécquer tenían «un fresco tinte simbolista», ya que, aunque con aire romántico, el simbolismo «ahonda, sutiliza y acendra las esencias más genuinas del verdadero romanticismo». Y Manuel García-Viñó señaló la relación entre el rechazo de la realidad cotidiana y palpable de Bécquer con el rechazo del mundo de los simbolistas franceses.

 

En 1896 aparecieron dos libros de Rubén Darío: uno de versos (Prosas Profanas) y otro de ensayos (Los raros). Estas obras son paradigmas de la estética y poética que estaban produciendo simbolistas y parnasianos.

 

Salvador Rueda, en diversas cartas, hacía mención a que él mismo había producido una renovación de la poesía española antes de que Rubén Darío llegara a España. En ese tiempo, muchos poetas tenían un talante rupturista respecto de la lírica del siglo XIX y destacaba en ellos el culto a la belleza, la predilección por lo exótico, el sensorialismo y un espíritu creador a partir de la libertad, como señalaba Juan Ramón Jiménez. El arte, vuelto hacia sí mismo, es una solución vital. La perfección de los poemas supone una vía de escape de la realidad cotidiana.

En 1896 aparecieron dos libros de Rubén Darío: uno de versos (Prosas Profanas) y otro de ensayos (Los raros). Estas obras son paradigmas de la estética y poética que estaban produciendo simbolistas y parnasianos (Verlaine, Rimbaud, Mallarmé, etc.). Julio Valle Castillo señaló la influencia de esos autores y definió Prosas profanas como un concierto de música de cámara. La obra es una fiesta de amor, de sentimientos y de erotismo sin amada, como afirmaba Pedro Salinas. El crítico Erwin Kempton Mapes estudió la influencia francesa en Rubén Darío y se centró en el Coloquio de los Centauros. En principio es parnasiano, con figuras mitológicas descritas como un grupo escultórico, aunque los personajes tengan movimiento. Pero los centauros hablan de la misteriosa naturaleza de las cosas, del alma que anida en cada átomo de la materia y de lo que simbolizan los propios centauros. Habría por tanto rasgos simbolistas en un escenario parnasiano.

 

En sus conferencias El trabajo gustoso, Juan Ramón decía que la poesía moderna buscaba su identificación con otras artes: “en el parnasianismo, escultura; en el simbolismo, color”.

 

Pero si hay un símbolo utilizado por Rubén Darío a lo largo de su obra, ese es el cisne. A partir de 1891 este aparece en diferentes ocasiones y con diferentes significados. De la anatomía del cisne le atrae el cuello que se asemeja a la «S», aunque también lo utilizará como elemento ornamental, como referencia a la blancura, asociado a la muerte por su canto último y asociado también a un renacer, hasta finalmente identificarlo con la primavera.

Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez se declararán discípulos de Rubén Darío. De hecho, Juan Ramón fue el primer lector de los manuscritos de Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas, fue quien se ocupó de la edición de los Cantos y lo llamaba «mi maestro».

En sus conferencias El trabajo gustoso, Juan Ramón decía que la poesía moderna buscaba su identificación con otras artes: “en el parnasianismo, escultura; en el simbolismo, color”. Quizá la poesía debía convertirse en el testimonio de todas las actividades artísticas de una época, porque ella es la expresión de la belleza por medio de palabras. Para Juan Ramón Jiménez, el simbolismo nace como desvío del parnasianismo y era el mundo que le convenía, según Manuel Alvar. El poeta adolescente lee a Mallarmé, a Rimbaud y Verlaine, y reniega de su Ninfeas. Ve en Bécquer un anticipo del simbolismo, con la emoción íntima, la brevedad de sus poemas y la sencillez. Juan Ramón dirá de sí mismo: “yo no soy realmente un poeta modernista, sino simbolista”.

 

Domingo Ynduráin estudió algunos de los símbolos de Antonio Machado, precisando que con este término no se refería a «imagen», sino a algo que se le contraponía.

 

Domingo Ynduráin estudió algunos de los símbolos de Antonio Machado, precisando que con este término no se refería a «imagen», sino a algo que se le contraponía. Mientras la imagen presenta una realidad abarcable, el símbolo quiere expresar un sentido complejo y profundo. Y entre todos los posibles que aparecían en la poesía de Machado, destacó tres: el río, la fuente y el mar. El primero enlaza con la poesía de Jorge Manrique, es anterior al mar y simboliza la vida. La fuente es otra de las formas del agua en la poesía de Machado, es algo cercano al hombre y en ella se mezcla el fluir del agua y su inmovilidad. El mar es una realidad abierta y es símbolo de lo absoluto y lo ilimitado.

Entre los demás poetas mencionados podríamos destacar al colombiano Guillermo Valencia, que entabló amistad con Rubén Darío cuando se conocieron en Europa. Tras la publicación de su obra Ritos, de 1899, fue considerado junto al nicaragüense el más notable poeta parnasiano y simbolista de la lengua española.


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