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Una de romanos (y II)

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Roma en la novela histórica (cont.)

Al grano, que venimos con mucha ilustración. La conclusión del artículo que precedió a este, publicado en el primer número de Capítulo 1, fue la siguiente: bastantes portadas de novelas históricas de romanos están muy mal documentadas. Son anacrónicas.

Prueba número 1. La fotografía de cubierta de Aníbal. Nubes de guerra, de Ben Kane, es la de un legionario imperial con un casco de la segunda mitad del siglo I d. C. Pero el héroe cartaginés, que vivió entre el 247 y el 183 a. C., no peleó contra el Imperio, sino contra la República. Los legionarios a los que masacró en Italia llevaban cascos de influencia helenística e itálica, como se ve en la ilustración de Seán Ó’Brógáin. Es decir, hay cuatro siglos de distancia entre la época de la novela y la portada que la vende. Y bien vendida que la deja.

 

Prueba 2. Tres cuartos de lo mismo le pasa a Francisco Narla con la cubierta de su novela Donde aúllan las colinas. El casco retratado es también del siglo I d. C., pero la acción es de un siglo antes. Una cubierta bien documentada nos mostraría la galea de un legionario de Julio César, asesinado en el 44 a. C., reconstruida aquí por un grupo gallego de recreación histórica. Pero no se inspiraría en las legiones de Nerón, que se suicidó en el 68 d. C.

 

El resultado es un salto temporal de siete siglos, como si ilustrásemos un libro sobre la actual guerra de Siria con la toma de Bagdad por Tamerlán.

Hablando de César, la novela Los idus de marzo, de Thorton Wilder, trata sobre los últimos meses del dictador republicano. Pero tiene en la portada una pintura de Jacques-Louis David: El juramento de los Horacios, un hecho más o menos histórico que se remonta a los tiempos del tercer rey de Roma, Tulio Hostilio, allá por el siglo VII a. C. Aquí no es que falle la documentación, es que alguien le dijo al diseñador: «Pon lo primero que encuentres con espadas y las pantorrillas al aire que esto es para ayer y la peña no se entera».

El resultado es un salto temporal de siete siglos, como si ilustrásemos un libro sobre la actual guerra de Siria con la toma de Bagdad por Tamerlán. Ni siquiera David estaba bien asesorado, pero a un pintor del siglo XVIII se le puede perdonar. El caso es que los soldados de aquella Roma monárquica eran, más bien, como nos los pinta el ilustrador militar Richard Hook.

«¡Oye!, que eran espartanos y de cinco siglos antes», se atrevió a decir un becario de la editorial. «¡Ssshhh! Tú calladico y a buscar los cafés». @JjPicos Clic para tuitear

Y, para terminar, ¡la repanocha! El superventas (lleva el marchamo, no lo digo yo) Puertas de fuego, de Steven Pressfield. La novela revive la heroica defensa de las Termópilas por Leónidas y sus Trescientos en el año 480 a. C. Pues en la portada vemos cargar, con el águila de su legión en la mano, a un jinete auxiliar romano. «¡Oye!, que eran espartanos y de cinco siglos antes», se atrevió a decir un becario de la editorial. «¡Ssshhh! Tú calladico y a buscar los cafés», fue la enseñanza que sacó aquel día. El auxiliar que nos presenta el ilustrador Chris Collingwood mira y remira la portada y no da crédito.

 

En fin, que Roma no se hizo en un día y, como se ve, la panoplia de sus legiones tampoco.

 

Este artículo fue publicado en el n.º 2 de Capítulo 1.

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