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Una mirada sobre «Cicatriz», de Juan Gómez-Jurado

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Carmelo Beltrán pone la mirada sobre Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado

Hay libros que eliges únicamente por quién los ha escrito. Es probable que no tengas la más remota idea de cuál es su trama, que jamás hayas leído una sola página de los escritos que han nacido de su pluma, pero, incluso en esta tesitura, tú eres consciente de que la conexión y admiración que sientes por todo su trabajo ajeno a la escritura es suficiente razón para arriesgarte a perderte en casi seiscientas páginas sin salvavidas. Únicamente con la convicción de que la marea jugará a tu favor. De que si hay que morir ahogado tiene que ser entre su tinta. Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado, ha sido uno de esos aciertos construidos sobre la intuición. Es una de esas obras que no había investigado y que me ha hecho sentir especial durante cuarenta y ocho horas. De esas malas compañías que te incitan a renunciar a una vida social por el mero hecho de leer.

... dejar la novela sobre la mesilla de noche se convertirá en misión imposible. @carbel1994 reseña Cicatriz, de @JuanGomezJurado en Capítulo 1 Clic para tuitear


Reseña de Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado

 

Una mirada sobre «Cicatriz», de Juan Gómez-JuradoCicatriz de Juan Gómez-Jurado presenta una trama que sobre el papel parece bastante simple. A partir de la retrotracción unos meses atrás en el prólogo de la novela y la presentación de un suceso que tardaremos mucho en descubrir cómo se desarrolla, retornamos al presente y hallamos a dos amigos que han desarrollado una aplicación que puede cambiarles la vida.

 

Se trata de un software que es capaz de reconocer cualquier objeto. Es cierto que todavía le falta mucho trabajo para funcionar de una manera óptima, pero ellos creen en su producto y están dispuestos a dejarse la piel por él. Al fin y al cabo, es la oportunidad de su vida. Un gran empresario está dispuesto a invertir diez millones de dólares en su trabajo, pero para ello tendrán que demostrar que la tasa de error es inferior al veinticinco por ciento y todavía están muy lejos de conseguir ese objetivo.

 

Simon es el protagonista de Cicatriz

 

Simon cometerá tres errores a lo largo de la novela. Serán la base sobre la que girará esta trama. Este hecho constituye un elemento interesante del desarrollo pues, pese a que la narración está dividida de esta manera, no seremos capaces de hilar los acontecimientos hasta que tengamos todas las cartas sobre la mesa. Menos mal que la obra nos querrá enseñar que cuando juegas con ellas no solo tienes que contar con tu mano, sino también con las que no han aparecido.

 

Personaje solitario, caracterizado por haber desarrollado una importante fobia social a partir de un trauma del pasado, y aderezado por una escasa confianza en sí mismo, Simon tendrá que evolucionar a lo largo de la trama para hacer frente a una vida que parecía monótona, aburrida y cómoda, pero que ahora se verá acechada por todas las inclemencias de la naturaleza. Obligado a mirar hacia delante, tendrá que olvidarse de que las sombras envuelven sus días y a todas las personas a las que quiere.

 

El resto de ingredientes los descubriremos con la calma que precede a la tempestad. Si esta trama ya es suficiente para convencer a cualquiera de leer esta obra, cuando la mafia rusa, las luchas de poder y los secretos salgan a la luz, dejar la novela sobre la mesilla de noche se convertirá en misión imposible.

«Cicatriz», de Juan Gómez-Jurado me ha durado menos de cuarenta y ocho horas. @carbel1994 reseña Cicatriz, de @JuanGomezJurado en Capítulo 1 Clic para tuitear

De lo sencillo a lo complejo

Es realmente interesante la forma en la que se va trazando cada arista que compone la trama de esta novela. Trama compleja, conformada por muchos elementos que el lector necesita entender para no perderse una vez que se entrecrucen. No obstante, este reto cae en manos de escritores con experiencia, responsables de decidir la velocidad, claridad y tranquilidad con la que se teje este manto de narraciones.

 

Juan Gómez-Jurado realiza esta acción con maestría en Cicatriz. Sin conocer nada de su narrativa y ser un profano en su trabajo literario, creo que en esta obra sale a relucir el amor que siempre le ha profesado a la escritura y a la narración de historias que cuenta que siente desde que era muy pequeño. Él ha comentado en distintas ocasiones que siempre había querido ser escritor y en un texto como este se demuestra el mimo, el detallismo y el cariño que hay en cada escena, movimiento y matiz que plasma sobre las páginas.

 

No tiene que ser nada fácil contar esta historia de una forma que parezca que cualquiera podría hacerlo. Hilará la narración de un muchacho ansioso y fóbico ante la oportunidad de su madre y una serie de tribulaciones con las que no tiene nada que ver, pero en las que se verá inmiscuido por ser buena persona y enamorarse de la persona que más le necesita.

 

En este panorama, hay que destacar la sorpresa que me ha provocado encontrarme ante personajes tan distintos, con pasados tan trabajados y haber sido capaz de identificar a todos ellos sin atisbo de dudas. Se agradece mucho.

Una mirada sobre Cicatriz de Juan Gómez-Jurado

 

La paridad entre presente y pasado

 

En esta línea de trabajo tengo que decir que siempre he sido un seguidor y defensor de esta estructura narrativa, pero hay que admitir que hacía mucho que no disfrutaba de una obra que lo escogiera como vía para contar sus hechos.

 

El ejemplo más cercano que tengo en la mente es It, la novela de Stephen King. Sin embargo, no creo que sea justo tratarlo en la misma categoría que esta obra. Su estructura, aunque similar, escoge otro planteamiento que se puede considerar distinto.

 

Creo que la primera novela que leí con estas características fue El ocho de Katherine Neville. Me acompañó en un viaje del que han pasado ya ocho años. Nunca me había enfrentado ante un planteamiento de tales características y me enamoró solo con atisbarlo.

 

La humanidad de los personajes

 

Hay detalles que consiguen que las novelas sean especiales. En Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado el secreto se encuentra en la humanidad de la que ha impregnado a sus personajes.

 

Son reales. Los ha cuidado hasta el más mínimo detalles. Patenta en ellos elementos de lo que podía haber carecido la historia y se habría desarrollado sin ningún problema, pero cuyo impacto es una humanización y confianza en ellos. No se podía haber encontrado de una forma tan sencilla si no se hubiera arriesgado a dotarlos de vida.

 

Hay ejemplos a patadas, pero hay algunos que destacan por encima de otros. Por ejemplo, está Arthur, el hermano mayor de Simon que nació con una discapacidad mental y es totalmente dependiente del protagonista. Su presencia conlleva la humanización del personaje principal, la valentía que él dice haber olvidado. Su vida está circunscrita a la suya, para él su seguridad y su felicidad es lo primero. Sacrifica todo por el hecho de que sea feliz, de pasar una noche más con él. El mundo puede estar derrumbándose, pero no es excusa para no sonreír mientras se toman una pizza.

 

Irina es la novia del protagonista. Desde un primer momento, sospecharemos que su pasado esconde más sombras que luces. Sin embargo, pese a que la trama irá desvelando todos estos detalles repletos de niebla, no olvidaremos esas escenas en las que muestra su cara más buena. Seguramente, la real, aquella que la vida le ha arrebatado y que solo ha sido capaz de recuperar junto a una familia. Cuida a Arthur, ayudará a Simon y se lo pasará genial jugando al UNO.

 

Todos ellos son momentos e instantes que no tenían por qué aparecer. La historia habría funcionado sin ellos. No obstante, la experiencia y clase de Juan Gómez-Jurado le anima a incluirlos. Ello les dota de ese punto que necesitan para enamorar a sus lectores, para empatizar con ellos como si fueran reales.

 

Cuarenta y ocho horas intensas con Cicatriz

 

Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado me ha durado menos de cuarenta y ocho horas. Tiempo que se habría visto reducido de no haber habido un fin de semana en medio. Mi parte social y lectora tuvieron que pugnar por salir un poco de casa, mientras que mi corazón abogaba por quedarme bajo las sábanas hasta que hubiera leído la última de las comas.

 

Puede que parezca una tontería, que incluso suene como tal, pero para mí ha sido importante. En el momento en el que comencé a disfrutar de esta obra no me encontraba en mi mejor momento. Me estaba costando horrores engancharme de verdad a una historia.

 

Juan Gómez-Jurado y Cicatriz han logrado que durante cuarenta y ocho horas no hubiera nada más importante en mi realidad que aquello evocado por mi imaginación. Me ha convencido de que leer es lo más divertido del mundo. Te sientes en consonancia constante con su mensaje.

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