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Puñetero fondo de armario (I)

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El vestuario masculino rococó

Ya sé por qué el subgénero romántico dentro del género de la novela histórica siente debilidad por los highlanders… ¡Son infinitamente más fáciles de despelotar!

Si nos fijamos en el siglo XVIII, no hay color entre un kilt sin calzones y un habit à la française. ¡Dónde va a parar! Le levantas la falda de cuadritos al galán y aquí te pillo, aquí te mato.

Aparte, vivimos tiempos de elogio rousseauniano al buen salvaje, por lo que, de entrada, un rústico montañés contará con muchas más simpatías que un caballero versallesco.

Por llevar la contraria, me voy a centrar en el complejo aparato estético rococó. Y por otra razón: el desdén documental de algunas novelas románticas con las que me he tropezado. No son pocas las que llaman «levita» al sobretodo indumentario masculino en el tiempo de las casacas y las puñetas, es decir, en el Antiguo Régimen. La levita es postrevolucionaria.

El habit à la française era un terno compuesto por casaca, chupa y calzón, también llamado culotte. Cuando lo empezaron a vestir los españoles a la moda, se decía que habían «escupido en Francia», es decir, que habían estado en París.

La chupa, el chaleco entre la casaca y la camisola, ya la usaban los musulmanes medievales. Con el tiempo la adoptaron los maestros cristianos, dómines, y quedó como un guardapolvo docente. De ahí viene «como chupa de dómine». @JjPicos Clic para tuitear

Chupa

La casaca tiene origen castrense y etimología oriental: viene de kazagand, una prenda de caza y guerra en la antigua Persia. La chupa, el chaleco entre la casaca y la camisola, ya la usaban los musulmanes medievales y le llamaban gubbah. Con el tiempo la adoptaron los maestros cristianos, dómines, y quedó como un guardapolvo docente. De ahí viene «como chupa de dómine». De las aulas pasó a los campamentos, quizá para conservar el blanco de las camisas sin tener que lavarlas.

Los calzones se abotonaban en la cintura y se sujetaban con jarreteras con hebillas por debajo de las corvas. En caso de necesidad, los caballeros abrían la portañuela, que, como la portañola de los navíos de línea, servía para asomar la artillería. Las turbas revolucionarias francesas se llamaron sans-culotte para mostrar con orgullo que no vestían calzones aristocráticos, sino bastos pantalones rayados.

Por debajo de la camisola iba la camisa, entonces prenda interior, y bajo los calzones, los calzoncillos, que eran de holanda si finos y de Coruña si bastos. Al cuello de la camisola iban prendidas las chorreras o guirindolas y a los puños, las puñetas. Estas escondían un pañizuelo, manchado de estornudos de tabaco en polvo.

Guirindola

La corbata se llevó, sobre todo, a principios de siglo. El nombre viene del francés cravate, «de Croacia»; los mercenarios balcánicos llevaban un largo pañuelo al cuello que se puso de moda en París, que era donde todo se ponía de moda.

El conde de Floridablanca, por Francisco de Goya, 1783

Aún nos quedan los cabos: corbata, medias, zapatos, peluca y sombrero. La corbata se llevó, sobre todo, a principios de siglo. El nombre viene del francés cravate, «de Croacia»; los mercenarios balcánicos llevaban un largo pañuelo al cuello que se puso de moda en París, que era donde todo se ponía de moda. Las medias eran de seda y los zapatos se cerraban con hebillas de plata. Dicen que en La Gaceta de Madrid aparecían anuncios diarios prometiendo gratificaciones por hebillas perdidas.

Las pelucas pasaron, de largas y rizadas, a recogidas, con bucles sobre las orejas y trenza o coleta en la nuca. Así, a las casacas se les pudo añadir un cuello, pues hasta entonces eran a la caja. Los piojos iban en la peluca, junto con el polvo de arroz para blanquearla y el «agua admirable de Colonia» para que no apestase.

El sombrero era el tricornio, el mismo que quiso imponer Esquilache. También se llamaba de tres picos, como en el ballet de Falla; o candilón, por parecerse a un candil de aceite.

Pero si el vestuario masculino rococó nos puede parecer complicado, esperemos a conocer el femenino en el próximo artículo.

Continuará…

 

Este artículo fue publicado en el n.º 3 de Capítulo 1.

 

 

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